07/05/2008

La Ruta del Destino

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Los tesoreros municipales, el año anterior, habían estado desde el horizonte alquitranando La Ruta del Destino [ la que cruza el pueblo y se pierde entre los riachos del valle y las labores de los labriegos ] hasta que se les acabó la negrura. Muchos de ellos morían en el transcurso del cansancio producido por el color desolado, y como no era una muerte honda, con un poco de café turco bien caliente se animaban a continuar embadurnando la ruta incuestionable, codo a codo con los tesoreros vivos. Había a veces cierta fiebre que los empujaba a bajar a los socavones donde moran las colonias ancianas y los héroes desconsolables, analfabetos y fanáticos. Ahí no había sillas ni cama, únicamente caballos encabritados. Se alimentaban de sus inmerecidas famas, unas carnes anoréxicas cuyo pellejo arrancaban con los dientes cariados. Una vez arriba, los contables se enfundaban los brazos y seguían embadurnando el destino del pueblo. Unas garzas chamuscadas [ al pasar por el arrebol del atardecer ] aleteaban en los potreros iberos. No está de más decir que se saltaron el radio urbano porque no hubo acuerdo en el Concejo [ Hubo golpe de estado, calentura y milagros ] Indignados, salpicaron con brea los escaños y los faroles de neón. Continuaron después por la ruta hasta los viñedos, los turbiones, las ambigüedades y los castillos de madera acarreada desde el huerto del Edén. Cuando acababa noviembre [ en plena amaurosis ] se metieron con sus brochas por el ojo del Observatorium que un rico aburrido encaramó en un cerro, y se les acabó la negrura, entonces los contadores, sin mediar palabra, se atacaron a cuchillo unos a otros, o sea, se hizo la suma y la resta con el ábaco de sus vértebras. No sé quiénes vendimiaron las viñas del valle [ bisiesto nos tocó este año ] Se dice que vinieron gentiles cuya vestimenta era lívida como la espuma de los lagares. Como haya sido, y en esto nadie tiene la más mínima duda [ incluso se romancea ] que la negrura de las uvas y el eclipse se debió a la mala labor de los tesoreros municipales. Sin embargo, pese a las evidencias, nadie del Concejo ha dicho nada. Como ya es costumbre.

5 de mayo En el autobús camino a casa entre Rancagua y San Fernando, Chile

07/05/2008 19:21. Autor: Taller de Harold Durand. #. Tema: Energía Oscura. No hay comentarios. Comentar.

06/05/2008

La Caravana

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Los vi venir desde el linde de las tierras, al atardecer, precisamente en el rato [ regresaban las garzas a los reposos del Edén ] que me congrutalaba con el día por acabar su ciclo sin sufrir el pueblo aun una fatalidad más, como venía aconteciendo durante las últimas temporadas de aquel año seco, ondulante y emblanquecido por la blanca luz del cielo roto [ Desde el horizonte, el año anterior, tesoreros municipales habían estado alquitranando La Ruta del Destino, que cruzaba el pueblo y se perdía entre los riachos del valle y las labores de los labriegos, hasta que se les acabó la negrura] El primero en aparecer fue el hombre, cuya sombra era remarcada por la luz cortada a cuchillo de la hora. Del hombro izquierdo le colgaba el largo morral de su historia. Tras él venían dos mujeres y un adolescente, las que portaban escarcelas embarazosas, en tanto el muchacho, mochila anciana. Había alrededor del grupo un nimbo de polvo que lo doraba. Al primer hombre, a medida que se acercaba, se le iban distinguiendo los rasgos de la andadura y las vendas de la ropa [ de ésa de los escapados de la guerra ] Incluso pude oír su rastro y el susurro que lo unía a los otros. Al último apareció el grupo grande, disparejo, arrítmicamente moviéndose, avanzando. En ese instante advertí que me hallaba en la esquina sin haber tenido la precaución de fijarme si había gente en el entorno; no quise ni pensar en la palabra desamparo, la fui sintiendo de a poco con la aproximación de los afuereños, como si el taco de sus gastados zapatos me la fuese deletreando. El hombre ya se hallaba a media cuadra, claramente oía su huella [ por lo menos en mi oído sentía las pisadas ] Levanté con disimulo la punta de la manga para ver la hora en el reloj y sólo hallé la esfera de una brújula donde se me indicaba una dirección más allá de los puntos cardinales. La Luna estaba sobre el campanario de las malaventuras, borrosa por la luz que se apagaba, y teñida por el color violeta del horizonte. Ensombrecía, aun peor, rápidamente anocheció, así los ojos del grupo resplandecieron mientras los pies, como el polvo que levantaban, enmudecían, mientras el hombre de la esquina nos pareció en un momento que intentaba desentumecer las piernas para alejarse, sin dejar de vigilarnos por debajo de su sombrero ambiguo; al fin [ y no otro era su destino ] nuestra sucia ausencia paso a paso lo fue oscureciendo, ni siquiera lo vimos cuando bordeamos la esquina, a pesar de que la Luna alumbraba el centro del pueblo con su iris de piedra.

3 de mayo de 2008 Santa Cruz, Chile

06/05/2008 08:12. Autor: Taller de Harold Durand. #. Tema: Energía Oscura. No hay comentarios. Comentar.

02/05/2008

Gamla Stan *

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Aunque ya no era el siglo [ habían borrado los urbanistas de la Muerte y del Tiempo, las huellas delatoras ] ni el ambiente, ni las personas ni los pájaros [ mensajeros del Futuro, Preteritum, en lengua aviaria ] de algún modo a mi oído llegaba [ al imaginar la ciudad de entonces ] el rumor de la remota vida civil, soterrada, intraducible en el día; mas no en la noche, cuando, dormido, me interné en las tinieblas íntimas en las que las puertas siempre están abiertas [ inundadas estaban las piezas de una realidad aún en estado líquido ] Luego crucé el umbral de una de ellas, después dí en un sitio en el que la Evidencia del burgo era una feria donde venían las gentes sin prejuicios de épocas ni de lenguas, pues conversaban, ofrecían secretos, sueños, acertijos o aprensiones. Se me dijo [ en cuanto leyeron en mi mente el comentario ] que era ciego mi parecer. «Notad [ me dijo uno, poniendo su mano en mi hombro ] Nadie mueve los labios ni se ve el aire adquirir forma de palabra, ni de sílaba. En cambio, fijá bien en los ojos». Eran túneles de los cuales salían constelaciones inéditas, en hatos, o si no calaveras, en racimos, o si no arena de relojes, en flujo, o pálidos códices que sangraban de las heridas góticas o dogmas. «¿O es que me he extraviado?», me dije en el año de un mil dos cientos o de un mil novecientos ochenta y solitario. Tintinearon los cascabeles de las puntas de su gorro de locos al agitar la cabeza, enseguida se fue con su cítara, gracioso, recitando mi historia desde el momento en que entro en La Ciudad Vieja de Estocolmo con la indigencia de mi exilio y sin más lengua que mi románica bastardía: Aunque ya no era el siglo / ni la ciudad de entonces..., decía, mirándome de vez en cuando, mientras a los techos llegaban bandadas de pájaros pletóricos de sombríos augurios.

 *La Ciudad Vieja           Estocolmo, 26 de abril de 2008.

02/05/2008 02:46. Autor: Taller de Harold Durand. #. Tema: Energía Oscura. No hay comentarios. Comentar.

19/04/2008

El malecón

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La brisa roza la hoja, se inquieta el árbol, se inquieta el pájaro en la rama, vibra el trino en el aire, sacudiendo las cortinas. ¿Qué es lo que siente la hoja que no sienta la muchacha asomada a la ventana de su dormitorio? La llave gotea sobre la tina donde se ha bañado. Se estaba bien en la playa, las olas le llegaban hasta sus pies desnudos, la cogían de los tobillos con manos de espuma. En su memoria, la sombra que está detrás de ella, la abraza, la besa. Esa noche bebieron en el bar de la costanera. En el camino, la sombra, aprovechada de la ceguera de los besos, se la fue llevando por la oscuridad más densa del malecón, y ahí la apretó contra la fría piedra. La sal se comía el hierro del muelle, la madera y el cuerpo muerto de una gaviota. ¿Vio ella la Luna que desaparecía tras una nube? Nadie ha de haber oído su espasmo que se confundió con los gritos de las cormoranes. Muchas fueron las noches hasta que se les fue el estío. La constelación siguió el vuelo de las aves que buscan el azul de otros planetas; ellos, los cafés y los bares de la ciudad, el alcohol, el humo de los cigarrillos. Siempre se les veía bajo la lluvia intensa camino a lecturas de poesía o salas de jazz, y a menudo andaban con las manos frías pues les era imposible recordar aquella noche, como si el vaho de la lluvia o el humo de los cigarrillos se la tornase difusa. A esta hora, las olas del mar vienen y se estrellan contra el malecón, lo oxidan; inútilmente la sal y el frío buscan los cuerpos, el amor que se escurrió en la arena. Ella [ ya una sombra ] cierra la ventana, corre las cortinas mientras la hoja se consume en la hojarasca y espantado vuela el pájaro en el vacío de la noche.

Estocolmo, 11 de abril de 2008

19/04/2008 03:10. Autor: Taller de Harold Durand. #. Tema: Energía Oscura. No hay comentarios. Comentar.

09/04/2008

Donde reposan los restos de Lacan y Freud

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Cansado estaba de los visitantes de los sueños, al fin de cuentas no eran sino individuos invertebrados que se colaban por los resquicios de las moradas. Una noche [ en su día de penumbras, deshuesado como ellos ] vinieron con la apariencia de los míos o de gente que habré visto al pasar en el camino de la vida, para sacarme de mi casa y llevarme [ vaya uno a resistirse, nomás los sigue ] hasta la entrada de un subterráneo cuya escalera se perdía [ estaba húmeda ] en la oscuridad descrita en una de mis lecturas [ estuve a punto de recordar el libro pero diligentes ellos me distrajeron con gestos de invite ] Pese a su insistencia, les dije [ apartando el codo de sus manos ] que los años me habían enseñado a ver en ellos meros saltimbanquis de una oscura y mañosa psicología y que por nada del mundo del sol descendería por esos inciertos peldaños. De inmediato di media vuelta dispuesto a ponerme en camino de regreso a casa a esperar la claridad inicial de la vigilia. Sin embargo descendí sumisamente por la escalera que se hundía en la espesura de la sombra. Desde entonces, apenas llega el sueño, me cuelo por uno de los resquicios de lo que fue mi morada, fingiendo ser ése que besa a mi mujer y saluda a la gente en las calles, para llevarle con engaños [ mientras está dormido ] a descender por la escalera tortuosa por la cual se llega al último sueño, en el que están tirados los restos de la sibilina de Delfos y los de Lacan y Freud.

Estocolmo,9 de abril de 2008

09/04/2008 03:27. Autor: Taller de Harold Durand. #. Tema: Energía Oscura. No hay comentarios. Comentar.

06/04/2008

¿Qué era aquello reflejado en el agua?

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El instante se disuelve. No en un día ni en un año, sino en la infinitud del tiempo. Es que esa pausa brevísima nunca ha existido. El Absoluto no se permite detenciones. Los relojes son nuestros Nos hemos detenido a contemplar un ave que flotaba en el lago  Si adivinasteis el ave por su gracia, os pido dejad de lado ese detalle  El instante se disuelve, siempre nos deja incrédulos ante nuestras creencias Nos miramos expectantes a los ojos... eso luego se transformó en recuerdo No es un espejo la memoria [ pero sí las palabras] Nuestra presencia se veía en el agua de las pupilas, en el agua del lago, en la serena mirada del ave reflejada en el agua Desde entonces no se vuelve a ver la escena en el tiempo Nos quedan los recuerdos: los muertos del tiempo que nos sueñan.

Estocolmo, 4 de abril 2008

06/04/2008 11:27. Autor: Taller de Harold Durand. #. Tema: Energía Oscura. Hay 1 comentario.

28/01/2008

Una rosa en lo hondo de mi corazón *

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He caminado esta noche por la orilla del lago, el Mälar. Mi casa queda en la isla Lilla Essigen, a orillas de la ciudad de Estocolmo. La isla es pequeña, por eso se llama «lilla». En sus aguas, en verano, se juntan cisnes y patos silvestres en un grupo grande. En invierno no sé adónde se van los cisnes, veo sólo los patos que retozan cerca del puente. A veces aletean, corren por el agua antes que se congele. A todo el mundo le da escalofrío verlos, quizá con envidia. En cambio yo los celebro, me hacen sonreír. Pero pronto la sonrisa se disipa como el vaho de la boca porque pienso que no se puede estar enamorado en este mundo después de ver en el noticiero de la televisión bombas que no paran de caer sobre barrios con mujeres y niños, y todo «por el bien de ellos». Es algo acongojante y vergonzoso. No sé qué explicación dar a mis hijos. Por eso a nadie le digo que escribo poesía tarde en la noche, cuando la ciudad duerme. «Después de Auschwitz, nada de poesía», escribió Theodor Adorno tras el fin de la II Guerra. Sin embargo se escribe, a unque no sé a dónde uno puede ir a decir sus versos en medio de estas noticias. Tampoco quisiera hablar de aquella chica. Su imagen se empaña. No quisiera recordarla, no quiero este amor. Ya es privilegio caminar por la orilla del lago sin sobresaltos, disfrutando de los reflejos de las aguas que se aquietan, de las luces de los edificios del otro lado, de la quietud de la sombra de los árboles entre las rocas, de la brisa que me trae recuerdos de días de la ciudad natal. Era invierno cuando llegué a Chillán. Arropado con sobretodo negro y bufanda al cuello, me encaminé hacia el centro. Ya era noche. Crucé la Plaza de Armas, entré en el pub a encontrarme con los poetas. Tan alegre me estuve de verlos y compartir las cervezas y la bondad de sus corazones. Después, días después nos veríamos con ella, y hablamos de poesía y de nosotros. Tan insensible me puse, tan desconsiderado pues olvidé que estaban matando a niños en Iraq y Afganistán. Y ahora me pregunto, una y otra vez, ¿qué razones tuve para enamorarme? Sin embargo me consuelo diciéndome que así es como se va a salvar al mundo, con estas pequeñas y banales acciones de resistencia.

* Este texto fue escrito el 12.02.2005. El título corresponde a A rose in the deeps of my heart ( Una rosa en lo hondo de mi corazón ) un verso del poema de W. B. Yeats The lover tells of the rose in his heart

28/01/2008 21:47. Autor: Taller de Harold Durand. #. Tema: Invierno nórdico. No hay comentarios. Comentar.

26/01/2008

El misterio de Hermes

20080126033144-janus.jpgSe me ha ocurrido pensar que la mente puede llegar a parecer muy extraña, debido a la memoria, pues ésta es como una cría cargada sobre las espaldas, que todo el tiempo mira al lado contrario. Así, mientras se ve lo que viene, la cría ve lo que ha sido.

Lo curioso es que este «ha sido», es futuro visto en el espejo [ Si alguna vez habéis viajado sentado en el chasis de un automóvil, comprenderéis lo quiero decir ]

De este modo, la mirada hacia delante del portador y la mirada hacia atrás del portado forman una sola visión [ en un presente, o si queréis, en un ahora ] O sea, la mente mira hacia ambos sentidos de la línea del tiempo, además hacia lo terrestre y lo celestial.

Siendo así, bien se entiende lo que se dice en El Kybalión: que el todo es mente y el universo, mental.

O sea, la mente puede llegar a parecerse (extraña)mente a Dios.

Del libro Ulises tiene los ojos tristes por la niebla, 2007.

26/01/2008 03:31. Autor: Taller de Harold Durand. #. Tema: Invierno nórdico. No hay comentarios. Comentar.

27/11/2007

La rosa remota, secretísima inviolada

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Dónde andará el Sol a esta altura de la noche? Un labrador sale de su cabaña [ se alumbra la campiña con la húmeda luz del alba ] lo siguen sus perros, humea la chimenea [ un ave salta de un árbol, se eleva y se aleja, sobrevuela las casas de la ciudad: por una de las calles una muchacha se dirige al paradero del autobús, mientras un hombre, en alguna barriada, intenta introducir la llave en la cerradura de la puerta de su casa triste ] Mientras el labrador se aleja de la cabaña, una rosa, remota, secretísima3 [ inviolada ] florece entre los árboles de la montaña [ Tayikistán o Kangchenjunga o Aconcagua o las sierras de Tlaltizapan o Yautepec, donde esté el Sol a esta hora ] Pero perfecta es la rosa, y por perfecta y plena tiene sentido la jornada [ oh si ellos lo supieran ] Pronto los rayos fatídicos que se filtran por las perforaciones de la capa de ozono la amustian [ muere otro brote del Edén ] ¡Oh en qué abismal ignorancia nos deja la diminuta rosa!, ni siquiera advertimos esta carencia [ ni el labrador, ni la muchacha ni el hombre triste ] pues seguimos mandando naves al espacio en busca de verdades y repartiendo premios Nobel a nuestros genios mientras en aquel lugar montañés plantas, arbustos, insectos, fierecillas, prosiguen la vida más conscientes que nosotros los pedantes, los fatuos, los violentos, los convencidos que haremos florecer la Vida y la Paz en el mundo con política y muerte. ¿Dónde andará el Sol a esta hora? Donde sea. No importa. Baste con que aquella rosa florezca en el corazón de quien lea este texto.

 

3 Far off, most secret, and inviolate Rose ( Remota, secretísima inviolada rosa ) palabras tomadas del poema de W. B. Yeats To the Secret Rose.

27/11/2007 04:58. Autor: Taller de Harold Durand. #. Tema: En el mundo. Hay 2 comentarios.

22/11/2007

Gunnar Ekelöf

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Por qué cantas, avecilla mía, si aún hace tanto frío?» (1) preguntaba Gunnar Ekelöf a la Poesía desde su libro Strountes, en mil novecientos cincuenta y cinco, a diez años de la Segunda Guerra, pues aún en el aire se sentía la acritud de la pólvora ardida, la de la tierra arrasada, la de los cuerpos calcinados. Como fangoso, pesaroso, fatigoso en el espíritu de la gente el camino de retorno a la ilusión. Comprensible es entonces que el poeta sueco no se hallara nada de cómodo [ como incómodo escribo estas líneas pues no logro dejar de preguntarme −con el libro del poeta sobre la mesa− por el sentido del oficio de la poesía después de ver en la pantalla del televisor el rostro del cinismo confesar ante el mundo que la invasión a Iraq [ su saqueo y destrucción ] no se hizo en conformidad a lo justo ] Porque si de esta manera se nos enajena la palabra −y de esta manera se nos habitúa a la brutalidad− ¿qué justifica el oficio de la poesía? Es cuando se me hace evidente el sentido de los versos de Ekelöf: «El mañana es hoy y lo reciente es ahora y todo lo que existe se halla aquí:/ ¡Hogar en la orfandad, responsabilidad en la irresponsabilidad! ¡Ave de paso!» (2) O: «La subversión está en el nido, en lo íntimo del huevo, es congénita / Por eso cantas, mi avecilla...» (3) Mientras en las líneas siguientes: «Protestas, protestas, oh hambre que se puede satisfacer sólo / cuando en el pico tu has cazado el insecto de la nada / que a cada instante desaparece en la nada del aire» (4) , como aspirando a que el sentido debía de ser la subversión en sí, si no, el oficio. Finalmente: «En ti vive mi pasado» (5) , o sea, sólo la palabra [ la poesía ] es la única que atesora la memoria, la identidad y la libertad, no importa si el humo de la demencia bélica corrompe el aire, ya que la Poesía está para redimir a quien la escriba y a quien la lea.

1 Varför sjunger du min fågel när det ännu är så kallt?
2 Morgondagen är i dag och nyss är nu och allt som finns är här:/ Hem i
hemlöshet, ansvar i ansvarslöshet! Flyyfågel!

3 Uppbrott är i boet, är det innersta av ägget, föds med oss / Därför
sjunger du, min fågel...
4  Locktoner, locktoner, o hunger som kan tillfredsställas blott / när i
näbben du har fångat insekten av ingenting / som i varje ögonblick
försvinner i den tomma luft
5 I dig lever mitt förflutna

22/11/2007 06:02. Autor: Taller de Harold Durand. #. Tema: Invierno nórdico. No hay comentarios. Comentar.

18/11/2007

Ejercicio de escritura
( Esbozo para una Naturaleza Muerta )

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-Hypocrite lecteur, -mon senblable,- mon frère! CH. BAUDELAIRE

Una frutera en el aparador, en un aparador con espejo; también el espejo tiene una frutera, además, se ve alguien ahí dentro del cristal [ no sé qué hace ]

La frutera.

La frutera es de porcelana blanca. En ella hay un racimo de uva moscatel, un caqui y tres naranjas. Y en la del espejo, que también es de porcelana blanca, hay tres naranjas, un caqui, un racimo de uva moscatel.

Él.

Él es un tipo común que se da aires de suficiencia.

Simula estar ocupado observando la frutera siendo que únicamente quiere adivinar mis pensamientos.

Siento que ahora se está mofando de mí, porque cuando miro hacia la derecha, él mira hacia la izquierda, y cuando me paso los dedos por una mejilla, él se los pasa por la otra.

Esboza una sonrisa.

Finalmente ha logrado inquietarme. Su mirada denota estar enterado de la historia de mi vida.

Lo odio.

No obstante hay algo que me consuela: creo [ gracias al fastidio de llevarme la contraria ] que puedo controlar sus movimientos, ya que si quiero que dirija la vista hacia ese lado, me basta con hacerlo hacia este otro, y si quiero que levante la mano, él hará exactamente lo que espero.

¿Exactamente?

Exactamente no, porque como ya he dicho, si yo levanto la mano derecha, él levanta la izquierda...

¿O no será él quien primero levanta la mano?

Me ha confundido.

Abandonar quiero este escrito.

Es que se me acaba el aire, incluso no siento frío ni nada, es como si yo fuera de azogue.

18/11/2007 07:17. Autor: Taller de Harold Durand. #. Tema: Al otro lado del mundo. No hay comentarios. Comentar.

22/09/2007

Prosas nórdicas

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Saga de un astrónomo azteca y un poeta

Era cuando la Luna cruzó por primera vez el cielo, pálida luciente por detrás del campanario de la Iglesia Katarina, espantando las palomas que volaron como monjas gustosas de reírse en el aire del monseñor que suele estar sentado en un banco del cementerio, comiendo palomitas de maíz.

Un astrónomo azteca que apuntó el hecho estelar en su pasaporte extendido en tiempos de exilio por la Organización Mundial de Naciones, noticioso llamó a su amigo poeta que pensaba en una rotura en el cielo o en un globo de la propaganda dadaísta.

Parada en la puerta de la Casa del Pueblo, la hija del peluquero comunista, emblanquecida deliraba no sé qué palabras, cubriéndose los senos con sus manos delgadas de cuyas uñas manaba su leche de muchacha virgen y casta.

A las tres de la madrugada, vino la ambulancia o el coche de la firma que repara antenas de televisión a buscar al poeta que eufórico se había encaramado en el alero de la iglesia a escupir al monseñor que se guarecía con un paraguas hecho con alas de murciélago.

Todos recuerdan la primera vez que la Luna cruzó el cielo, no por los extraños sucesos que acontecieron a causa del fenómeno, sino más por las palabras escritas en los muros con leche fresca que decían:

«Hoy es el primer día de nuestra Era».

96.1.22

Saga con locos, poetas y ermitaños

Más vale echarse a la orilla del camino trazado por el loco que creía ver a un ermitaño modelar un árbol con la nieve cayente de la mirada de una muchacha cuyo nombre era... ¿cómo es que se llamaba? Se dice que se podía saber si uno iba a la playa de la roca que arrojaba trozos de pan a los patos silvestres y suspiros al transatlántico  [ el que transporta la esfera de los astrólogos, conocida antiguamente con el nombre de Luna, aunque de luna no queda sino una pupila profunda llena de vuelos ].

O más vale echarse a la orilla del camino transitado por las palabras con formas de hojas masticadas por el ermitaño o por el loco que aseguraba oír labios decir besos en el pecho del poeta que en la playa modelaba con trozos de pan un recuerdo. El recuerdo modelado tenía el cabello largo hasta la cintura de la Luna que el transatlántico se llevaba a través del ojo del Báltico.

O mejor sería echarse a la orilla del abismo y resignarse, pues aunque brillante sea nuestra obra —como toda obra del amor o del delirio—, es efímera, ya que rodando vendrá siempre una ola y la derribará como a un castillo de peces.

95.diciembre.

Saga del poeta que tocaba en su ocarina una hermosa melodía provenzal

El salió a la mañana no con los brazos abiertos sino con su corazón como brazos de crucifijo porque el paisaje de nieve maravillosamente sin sol estaba en calma de tal forma que una actitud metafísica tenían los árboles cuyas copas chispeaban enjambres de pájaros que en la noche anterior habían venido de otras épocas.

Reconoció asimismo en aquella mañana una claridad celestial en algún rincón del cielo emplumado de ángeles polares.

Por eso dijo con los brazos abiertos en su corazón:

—¡Dios mío, tú existes!

Después fue y se sentó donde una vez sentada estuvo la muchacha que se perdió en la memoria del invierno.

Naturalmente pensó en ella y como siempre que pensaba en ella se acordaba de la música, comenzó a tocar la ocarina que un dios artesano le vendió por un puñado de palabras en español para escribir un poema amoroso.

Y tocando estaba así la ocarina cuando pasó por el camino la vez aquella en que iban de la mano, y triste se puso, tan triste que la ocarina comenzó a sonar por su cuenta, por su cuenta o brisa era sólo en la memoria de los abedules en esa mañana de nieve y de cielo emplumado de ángeles polares en que los árboles tenían una actitud metafísica y había un asiento solitario a orilla del camino.

96.4.19

22/09/2007 04:45. Autor: Taller de Harold Durand. #. Tema: Invierno nórdico. No hay comentarios. Comentar.

05/09/2007

El bonete negro ( El códice perdido del poeta )

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Dedicado a Claude Garamond

Se cuenta que el poeta, cubierto con un bonete negro, cruzó a mediodía la diagonal de la Plaza de Armas de Chillán con su libro bajo el brazo. Seguramente sentía en el codo las palpitaciones de las imágenes impresas en hojas de estameña descolorida, diseñadas por el ánima de Claude Garamond. Las tapas eran de cartón piedra humedecido en el manantial donde el canastero analfabeto suele remojar la urdimbre de su desamparo. Amistoso o atraído por la luz de su mirada de más allá de los lindes, el artesano le ayudó a secarlas en los tenderos a los visos del atardecer, hasta dejarlas como papiro de los sagrarios, además le ayudó a encuadernarlo, alumbrados con la candelilla de los álamos blancos. Una vez acabada la labor, el poeta leyó para él algunas páginas, mientras el canastero tejía una cesta para guardar viñetas abaciales y diseños de canastos imposibles según los cuales han de ser tan profundos que contengan las preguntas esenciales de la existencia de un individuo y que sus varitas no dejen por nada del mundo de cimbrarse si sienten la brisa del valle de Colchagua, como gustan de hacer en el mimbreral junto a la fuente. El canastero, llegada la hora de marcharse el poeta, le extendió la mano con un bonete negro. «De un aguatero colonial», le dijo sonriente. Todavía estaba oscuro. Aquella noche no había habido luna, lo único era el rodete que de pasárselo viendo el cielo en el agua del saetín, se había puesto a agitar sus álabes de lucero en las brisas solares nocturnas que bajan de las colinas, como las imágenes del poeta que un mediodía de invierno caminaba cruzando diagonalmente la Plaza de Armas con sus libro bajo el brazo, hasta que se detuvo a esperar la luz verde de los semáforos nigromantes. Detrás, oculto en el poste, el jenízaro de la Sociedad Literaria [ morado los labios por el oficio ] lo aguardaba en compañía de otros escribidores para arrebatarle el manuscrito. Hubo humo de palabras quemadas y hubo músculos torcidos en la cara y en la mirada alrededor del poeta. Después carreras. Silencio. Es todo lo que se dice. Los testigos huyeron tras el trirreme de los atacantes. Ni la prensa local lo registró en sus crónicas. Se cree que el anciano Redactor del diario ocultó los caracteres de estaño aplomado y roció con la raspadura de su medalla de metal innoble los clisés testimoniales [ algo parecido había hecho en la Edad Media, cuando se vio mucho ángel por las calles y los mataban como si fueran cisnes infestados de fiebre; por lo que le dieron la medalla ] Tampoco la universidad dijo algo. Sus profesores, repantigándose, ebriosos, oliscaron y pasaron al habitual acto consistente en desollar libros frescos. En tanto el Alcalde optó por resignarse a mirar a través de la ventana de su municipio. Silencioso ha de estar haciéndolo cada mañana, como un almuecín cesante, porque el bonete negro permanece. Y quizá cuánto tiempo lleva entre las hojas secas de la esquina puesto que desde entonces nadie distingue la calle de la Realidad ni la de la Memoria [ por una fluyen los sueños del día y por la otra, los de la noche ] No muy diferente es la suerte del jenízaro, que sombrío, mordido por dentro, en vano espera hallar con sus colegas de la Sociedad Literaria, la forma de deshacerse de la imagen del sombrero cónico que se mueve con la brisa huraña de aquel mediodía y con el aliento de sus temores. Eso en cuanto al bonete. Del códice poco o nada se sabe. Se dice que fue arrojado al estero Las Toscas, que las aguas lo arrastraron hasta un gran río, después el mar, una red, un bote, una playa, una carreta por los montes santacruzanos, una sombra, un zaceo, una brusca desavenencia entre los bueyes, el libro salta a la hierba, despacio palidecido por el silencio de la Luna, luego un ave o bien una mano del aire, y alguien que ha de haberlo visto ir deslizándose por la ribera de un arroyo al mimbreral del canastero [ por Dios, no olvidéis al noble artesano amigo ] quien al cabo pudo tejer [ con las líneas nocturnales ] sus cestas imposibles. Un buen fin para esta lectura, ciertamente. Sin embargo la historia sigue, la trama de suyo es inacabable. Y como sea [ ilusión, suceso, letras o fantasía ] hemos de aceptarla como verdadera ya que siempre se dice; y siendo así, ¿qué palabra puede ser más que ella misma?


La muerte del amor

Al compositor Ernest Chausson 

Después del amor uno asciende por la escalinata espiral hacia la luz hojeando [ terrible y risueño ] sus manuscritos a ver si en una de las palabras hay visos del fuego, dejos de la ilusión o algo de la humedad de los labios o de los ojos y no sólo el eco que es la voz de la Nada. En vano buscamos hacia adelante o hacia atrás en el ansia de entrar en el sueño o de reanimar el amor muerto. Las palabras ahora son mera lectura. Oraciones, sintaxis, sujeto y predicado. Corpus nominal de una de las tantas circunstancias de la vida de un individuo, las que bien pueden ser reales o inventadas, es lo que nunca se sabe, en todo caso, sobra, pues, ¿a quién podría importarle? Las palabras [ las personas ] son bichos que se alimentan de palabras. El resto [ con desgano os lo recuerdo ] es carne de la vieja Zoología.

24 de agosto de 2007

05/09/2007 03:51. Autor: Taller de Harold Durand. #. Tema: Al otro lado del mundo. No hay comentarios. Comentar.

30/06/2007

Noche de San Juan en Santa Cruz ( Cerro Apalta )

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Aquella noche de junio, alumbrados por la Luna, bajaban por la colina llevando al hombro sus hoces argentadas [ especie de anclas fundidas en agua de pozo bebedizo ] y sus escobones, azulados por el hollín de la soledad de la cima. Su labor era armar los almiares con las plumas segadas para los edredones de los sueños y abalear los resplandores de la cumbre. Traían los ojos oscuros, los labios apretados por cuyas estrechas comisuras echaban el humillo de sus cigarros de hojas de dulcamara selênitês, arbusto que crece en las grietas encaramadas y que desgranan sus frutos parecidos a las luciérnagas cuando es Luna nueva. Una de las siluetas dicen murmuró entre los espinos el dulce nombre de la muchacha. Los que iban cerca aseguran que en ningún momento desentumeció los labios, que lo único que se oyó fue el graznido de una lechuza y un aleteo imaginado. Ni siquiera cuando el puñal que vino del lado oscuro a hundirse en su espalda, se le oyó emitir quejido. Incluso, tirado ya de bruces en una grada de la falda del cerro, sólo se veía salir debajo de la cabeza, el tufillo de la última chupada de su cigarro. Ninguno se detuvo más de lo indispensable, precisamente lo que ha de haber durado el asombro [ nadie, por hombría, quiso pensar para sí la palabra espanto ] Todavía sintieron algo; fue el desasosiego de los cóndores encaramados en los filos de las rocas mudas y severas. Mucho faltaba para el alba, así que la Muerte tuvo toda la santa noche para velarlo. Bajaron brincando por el faldeo, corriendo, buscando la umbrosa morbidez de los callejones de la población, sin embargo en la memoria de esa nocturnidad, la huida nunca ha dejado de ser lenta, espesa, morosa. Es como si una mirada sin pestañear la retuviera, una mirada que buscara distinguir entre aquellas sombras huidizas, la que lleva de la muerte, el nimbo delator.

30/06/2007 03:09. Autor: Taller de Harold Durand. #. Tema: Al otro lado del mundo. Hay 2 comentarios.

12/06/2007

La muchacha de la ventana

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Wer, wenn ich schriee, hörte mich denn aus der Engel
Ordnungen?  RAINER MARIA RILKE *
 

Parada junto a la ventana, al caer la tarde, la muchacha [ dicen que era hija de un inmigrante hispano, de la España morisca, por su aire de astrologías. Su abuelo [ un bruto alto de ojos oscuros, como han sido siempre los colonizadores ] desapareció desbarrancado en la cordillera cuando iba a buscar ganado a la Argentina [ tenía campos en la región agrícola, pues en estos valles prefirió asentarse aquella gente ] Dejó doce hijas y un hijo, el padre de la niña. De la ascendencia de la madre se sabía mucho menos. Sólo que era baja, morena, ojos grises [ debido a estos rasgos la suponían vástago de la población de la antigua Araucanía, de la zona de Gorbea, sarmentera de mapuches costeros, holandeses valones y españoles andaluces ] Andaba siempre por los pueblos rurales vendiendo biblias de una iglesia evangélica. Su vida [ según los vecinos ] acabó en el incendio de un templo aldeano en Frontera. Se pensaba en el padre al contemplar sus ojos amplios y su boca como tajada de fruta, y en la madre, por su piel mate. Es cuanto se podría comentar acerca de sus orígenes, ya que el resto [ una abandonada de gitanos ] como todo de lo que se contaba de ella, era únicamente chisme. Ni siquiera la anciana [ a la que la niña le decía tía ] atinó a dar nunca razones de su procedencia, debido a la infidelidad de su memoria. La muchacha había crecido en el barrio acompañada más de los seres del otro lado de los lindes de lo natural que de las niñas de las rondas d’éste, por eso había en su mirada verde transparencia donde alguien creyó ver ángeles cultivar la hierbabuena de las silenciosas palabras en la hortaliza que ellos guardan y de la cual vienen las luciérnagas. No siempre la gente se fijaba con atención en sus ojos. Sólo una lo hizo, la mujer que después de maravillarse, llorar y quedar ciega, se instaló en la feria con una carpa [ ahumada de incienso ] a leer el Tarot egipcio. Los gritos de los vendedores de pescados y de ediciones piratas de sortilegios para los mal~de~amores, acabaron por obligarla a emigrar a la zona de las camanchacas en cuyos pueblitos mineros se dice adquirió tanta fama como el famoso Oráculo. La pitonisa nunca dejó de recordarla, pues había algo más en la niña: un zumbido de colmena en las sienes que le oyó cuando besó su mejilla [ ignoró siempre que en noches serenas, el alma de la adolescente soplaba a través de las pupilas las hojas de los árboles espantando a los vecinos rezagados. Por lo demás, ¿cómo iba a saberlo si la pobre protectriz, después de verla ahí parada junto a la ventana, quieta, ingrávida, no hacía otra cosa que persignarse, poner la mano debajo de la almohada y dormirse, y al desayuno, con las imágenes desarregladas en la cabeza, lo recordaba como un sueño repitente? Es lo único que se sabe. Se dice que la muchachita sólo murmuraba algunas palabras mientras hundía con la cucharilla los grumos de la taza de chocolate ] Su voz debía de haber sido como la voz de cualquier niña, sin embargo ocultaba un secreto: su lengua era muda. Mas nadie lo advertía pues poseía el arte de llevar el compás de las palabras vacías acorde con el de las imágenes que enviaba desde la mente. Observada, marginada crecía y maduraba al tiempo que desaparecían sus dones. Al llegar a los veintiuno, abandonada [ muerta la pobre vieja ] se encerró en casa, ocupada en la lectura de leyendas orientales y en escrituras ininteligibles que ilustraba con dibujos del lado oculto de la cordura, era su labor vespertina, hasta que se encrespusculaba la tarde, entonces se le veía junto a la ventana, con el codo apoyado en la mano, cada vez más grises los ojos que fueron tan hondamente verdes ] espera a que vengan a buscarla.

* ¿Quién, si yo gritara, me escucharía entre las órdenes
angélicas?

Acerca del postigo: Puerta chica abierta en otra menor. || Según el autor, más que una frase, un texto que se inserta en otro formando sentido por sí solo. || Signo que indica dicha intercalación.
12/06/2007 01:18. Autor: Taller de Harold Durand. #. Tema: Al otro lado del mundo. No hay comentarios. Comentar.

04/06/2007

Jorge Luis Borges

20070604032602-borges.jpgHe soñado con un poema cuyas palabras no reconocí al releerlo después en la biblioteca, pese a atreverme con el nombre, el que se me apareció en la mente en cuanto abrí los ojos [ acaso un truco de la consciencia para rescatar lo soñado ] Su nombre, cualquiera que haya sido, no estaba hecho de las palabras del uso sino de aquellas del acertijo, cuando en el mundo se hablaba para venerar al Silencio. Al observarlo, las letras del título [ abiertas a lectores de diversas lenguas ] giraban sobre el corpus verbal invitándome a ver su luz íntima. Seducido, parado en su atrio, entraba yo por una puerta y me iba por un largo sueño que acababa en el mismo atrio, ahora ante un postigo*, de suerte que en este sorpresivo laberinto salía yo de un sueño y luego entraba en otro, como en una constante Epifanía. Al fin, extraviado, la luz implacable del nuevo día me salpicó los párpados, abrí los ojos. Seres, cosas y ambientes se recogieron apresurados a través de mis pupilas a la secretísima residencia, dejándome solo en la hoja blanca de la mañana, solo y afligido ante la irreparable pérdida: ¿Era ésa la rosa profunda, ilimitada, íntima, la que el Señor nunca mostrará a mis ojos abiertos?

* Postigo: Puerta chica abierta en otra menor.
|| Según el autor, más que una frase, un texto que se inserta en otro formando sentido por sí solo. || Signo que indica dicha intercalación.
04/06/2007 03:26. Autor: Taller de Harold Durand. #. Tema: Al otro lado del mundo. No hay comentarios. Comentar.

28/05/2007

Como si estuviera detrás del nombre

20070528014142-prometida.jpgDe un único modo ha de haber sido la fascinación del europeo al llegar a este sitio [ por aquel entonces valle innominado ] al que todavía lo rodean colinas y montañas, lo enverdecen bosques, lo mojan ríos y riachos, lo alumbra este cielo, lo refrescan estas nubes y lo alegran estos pájaros, elementos a los que se les fue dando nombres aun cuando no han extraviado la mismidad [ lo reconoce la intimidad atávica de cualquiera ] Asimismo el Sol de los días y la Luna de las noches. Y de ningún modo ha de haber sido otro el asombro de los primeros erradizos que venían desde el Norte, por el borde del continente, y desde el Oeste, por los flujos del océano buscando la estancia deliciosa. ¿Es que podría ser distinta la impresión de la andadura al hacer alto en medio de las espesas hojas, las vertiginosas aguas, las tupidas cumbres y los extraños gritos? Porque si l’alma se arrebuja dentro del pecho cuando los ojos del trashumante contemplan la feracidad y la hermosura del paraje, se reconoce seguir siendo lo de siempre. Como me lo contaba el cabalista de un sueño: «Es que se enmalece a causa de la saliva del nombre. La Tierra Prometida es un lugar callado, sin geografía, sin época». Agregando, mientras se apagaba su voz [ por el alba sería ] que el anhelado lugar sale al paso en cualquier recodo [ como el Mago en las vueltas del camino ] y se mete en la médula, en el olfato, en el paladar, en la retina y en el ánima para hacer del colono a su imagen según la manera de Dios, como se hacen los adobes, los cántaros y las escudillas. Y lo hace con tal arte que pronto, una vez instalado, el colono anda hablando la lengua herbosa habituada al aliento salvaje, al zumbido y chirrido de dípteros y coleópteros, a la lluvia y la sangre, al viento y las babas de la muerte viva, que es un amasijo de colmillo, cuchillo, semilla y sombras, y asombro y espíritus, eclipses y luces y bayas amargas de árboles estériles, los del llamado Desamparo. Pues no de otro modo ha sido la vida por estas tierras. ¿O es que la imagen silvestre en la retina, el pálpito de la sangre excitada, la emoción dilatada en las narices y el zumo verde y rojo en el paladar pudieran ser distintos siendo el eje de la Tierra y la médula de la especie humana los mismísimos? ¿O es que el tiempo, las romerías y los castigos podrían devastar la gracia del Verbo, su don divino? ¡Que ni se piense! «El solar prometido es el lugar innominado que lo halla a uno», me pareció oírle decir al cabalista antes de disiparse en la blancura del alba. Después [ después que ingenio y músculos han levantado los palos, los cueros y los ladrillos ] se toma tinta y se le registra en la crónica, y así sea una mano la que escribe las primeras páginas, es la misma mano del Génesis, porque tampoco de otro modo se asiste humanamente a la virginidad del sitio. Es como si faltara poblar de palabras la nueva morada para que la tierra prometida sea real.
28/05/2007 01:41. Autor: Taller de Harold Durand. #. Tema: Al otro lado del mundo. Hay 1 comentario.

18/05/2007

La episteme de los ángeles

20070518201251-episteme.jpgDejo esta casa de Chillán por una de Santa Cruz justo cuando los árboles se desprenden de las hojas porque el otoño reduce el lenguaje de las estaciones apasionadas a un aire sereno, quieto, que se percibe entre las ramas desnudas o alrededor del tronco o sobre los tejados o bajo las alas de pájaros oscuros o en la frente donde se refleja la Luna de la tarde, pálida, borrosa, húmeda, fuera de hora, como la vida mía cuando mudo de casa y ciudad siguiendo las aves migratorias que van hacia el Norte [ se sabe que yendo al Cielo no hay Norte fijo pues a la rosa de los vientos se le confunden los sentidos por culpa de los aleteos de los ángeles que ayudan a desprendernos de amigos, calles y casas con patios, además nos dejan un oído en los párpados para que reduzcamos la percepción a la leve lengua de la brisa ~así Dios tiene el habla~ libres de la ignorancia llamada Episteme, impresionante en los grandes vuelos, aunque fatua e innecesaria ] Y si queréis enteraros de las plumas que llevo, mis alas son el dolor y el candor. Dolor por la ingratitud de mi ciudad y candor por seguir siendo bueno. Mas no me quejo, que en buen momento ahueco alas [ me lo dice la maduración de los frutos ] pues a la luz de la Luna vespertina l’alma mía da vuelta las hojas de otoño de un libro que hace un tiempo he estado escribiendo en secreto, no a vuelo de pájaro, sino de intuiciones que son otra clase de ángeles. Dios, y sobre todo los brujos voladores que me antecedieron, lo han querido [ vibra llena de gracia, mi mano] Mas tened cuidado al leer sus palabras, fijad bien que su tinta no es la originaria ni ellas las manuscritas, ni siquiera su rastro, las auténticas son invisibles a vuestros ojos profanos, salvo si venís conmigo en la bandada.
18/05/2007 20:16. Autor: Taller de Harold Durand. #. Tema: Al otro lado del mundo. No hay comentarios. Comentar.

24/04/2007

Las calles vagas

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Bajo por Drottninggatan hacia el centro, a la placita Sergel, funcionarios suben, vienen o es impresión mía pues de ilusiones estamos hechos, la dudosa certidumbre se me presentó al alba [ justo sería preguntar por quién es el que lava el cuerpo, lo viste y lo desayuna ] entonces he de advertiros que las líneas de hoy han de considerarse parte de la ilusión, ni siquiera un monosílabo de lo escrito contiene pizca de realidad, partiendo de la oración de inicio, porque si los suecos suben por Drottinggatan a los restaurantes a la colación del mediodía, a esta hora [ suponiendo que en el papel donde registro la crónica existe la convención llamada tiempo ] leed en todo sólo palabras, y las palabras, si no lo habéis olvidado, sueños son, y es lo que me desarraiga y extranjeriza, porque a ellas se reduce la vez que bajaba por Avenida Collín de Chillán mientras subían los chillanejos a comer la colación de las doce, orillando el estero Las Toscas, junto a mí pasaban [ presumo que lo hacían ] con sus palabras chilenas como en este momento los suecos con las suyas innecesarias ya de traducir por cuanto en mente los objetos nombrados son siempre los mismos, irreales, y si ocurre con ellos, ocurre igualmente con las vivencias y las circunstancias, lo que me torna imaginado, aunque esta verdad incierta no me consuela ni sosiega pues soy el consciente, el testigo de la ilusión, el aquejado de angustia, angustia que se ha alojado dentro del pecho, corcovada como imbunche de brujos de Ñuble o quimera de Notre Dame del París donde un día [ creo] bajé orillando el Sena por la rue du Cloître junto a los parisienses que iban a comer la colación del mediodía con sus palabras francesas, tal como han de estar sonando las palabras chilenas junto a mí por Avenida Collín de Chillán [ un ahora de ayer, se entiende ] aunque yo no termine nunca de bajar por Drottninggatan, si es que es la calle que digo y si importara en qué lugar del planeta ande y baje y si llegaré algún día al centro o a algún lugar, ¡y cuándo!

24/04/2007


Avispero

A tientas, taciturno, bien podría hallarme en un sueño, muerto no estoy [ nadie asegura la sobrevivencia del alma, tal vez se pudre con el cuerpo ] la realidad está detrás y debajo de las palabras, los poetas la alcanzamos friccionándolas una contra otra en sorprendente magia, torbellino son en estado silvestre, inútil es pensarse perennes formas por más que la Academia de la Lengua las almacene en grueso volumen semejante a insectario, en su mundo todas las puertas están abiertas, el aire, la luz, y el día entran y soplan, levantan los papeles, los desparraman, el caos es su carácter, y la relatividad y la ambivalencia, y tan proteicas que podéis estar observando una de ellas y de pronto la veis transformase ante vuestros propios ojos, necesariamente se tiene que andar a tientas; mas no se olvide: cada uno de nosotros es un nombre, la consciencia es un avispero de vocablos, como en el amor donde los cuerpos se buscan, se besan, se abrazan, se revuelcan, dejándonos fuera porque del verdadero goce hemos de conformarnos con las apariencias, es decir, susurros, arrullos, murmullos, al fin de cuentas, palabras, palabras, palabras.

28/04/2007


El otro

Son las 6 de la tarde en los relojes de los andenes del metro de Estocolmo, en la plataforma comienza a apretujarse la gente que viene descendiendo por las escalas mecánicas de las diversas entradas, es el momento en que se pierden los encantos individuales porque el grupo social en masa es feo. Se oyen altas voces y en las paredes, grandes afiches lucen su propaganda, y no cesa de afluir gente, aunque el trajín de los trenes reduce poco a poco el hervidero de termitas humanas a sólo aire, al aire sucio de los olores. En un banco, un alcohólico, en sueño biforme, de sí mismo se olvida. Oscuro se ha puesto el mundo. Afuera, o arriba, en el exterior, las calles se ensanchan, un vehículo pasa rodando, despide el día. Es más de medianoche, desierta se ha quedado la ciudad, abandonada en el linde de lo imaginario y lo real, forzoso es preguntarse por el sentido de las luces, la razón de las veredas y los semáforos. Es la hora en que a ella arriban los otros, los que durante el día aguardan en el aire en estado molecular así como la latente vida que reposa esperando la propicia humedad o temperatura. Estas moléculas necesitan cierta dosis de morboso silencio y sórdido abandono para cristalizarse, entonces el éter se encoge como película de polipropileno caldeada dando forma a cuerpos que se le desprenden, y no es posible verlos sin lentes apropiados. Ellos se van por las calles, entran a los restaurantes donde son atendidos por bármanes de su misma intangible materia, taciturnos fuman, empinan las copas, beben el licor de la quinta esencia, otros bajan por las escalas mecánicas del metro donde se aglomeran en centenares en los andenes. Un tren viene rodando silencioso de ausencia. Se siente ahora el alba venir por la humedad en el ambiente. El tiempo se retuerce, los secretos seres comienzan a descomponerse, a desgranarse, a reducirse, desaparecen en el aire. La estación se ha quedado desolada, sólo el alcohólico dormido en el banco que en su delirio cree haber soñado con el País de la Nostalgia. Al alba la ciudad está como si hubieran pasado un paño húmedo por el asfalto, las hojas y los troncos de los árboles, por las paredes y las techumbres. Pronto reaparece la gente del día aglomerándose, sube por las escaleras mecánicas y bajan por las paralelas. La ciudad huele a metales, a golosinas, a cuerpos humanos y a metafísica, con todo, siempre se tiene la sensación de tener alguien al lado, respirando, y al no ver a nadie, se abre de nuevo el diario pero sin dejar de espiar oculto detrás de las hojas, al presentido, al otro.

30/04/2007

24/04/2007 00:59. Autor: Taller de Harold Durand. #. Tema: Primavera nórdica. No hay comentarios. Comentar.

12/12/2006

La morada del Mago

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Cuando abandono un sitio, de inmediato siento venir con premura partículas dispersas; siéntolas agruparse, cohesionarse, llenar enteramente el espacio vacío, no vaya a ser cosa que me arrepienta y vuelva. Son fantasmas o espíritus arrollados por automóviles que se reintegran.

Y es un oscuro sentimiento, porque no sólo se ocupa mi sitio, sino, además, se sacramenta una muerte mía.

Es que el alma de un mago no tiene morada, es errante. Es alma que se encarna en cuerpos inútiles y apócrifos.

Desposeído, solo, desnudo, huyendo de las hogueras de los pobres burgos que temen mi mirada, mi modo y mi palabra, voy.

Lo doloroso de todo esto, sin embargo, no es el fuego de las gentes, sino la pasión con la cual a veces yo mismo me quemo, cuando la magia se vuelve en contra, entonces arde mi íntima morada, dejándome abandonado en el abandono.

No otra es mi vida, y en los siglos que llevo, nunca, esta muerte periódica, ha sido otra.

12/12/2006 19:18. Autor: Taller de Harold Durand. #. Tema: Invierno nórdico. Hay 3 comentarios.


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