Aló, Galaxia
Es lamentable que este blog, el cual ha cumplido más de 3 años en la red, no lo podamos abrir cuando lo deseamos. No sé cuál es el problema. Por eso he buscado otro sitio, a la espera que lo compongan, si es que va por ahí la falla. Si ocurriera, sería una bendición retomarlo.
Ahora mi nueva dirección es:
http://alo-galaxia.blogspot.com/
Gracias, Blogia y lectores por la comprensión.
Escritos del Huerto [ El ojo de Dios* ]

Proverbios 15:3: Los ojos de Jehová están en todo lugar, Mirando a los malos y a los buenos.
A esta hora cuando la vieja Luna no se muestra, cierta gente dice que un ojo vigila la noche y que si no está allá arriba entre las galaxias, está aquí en el suelo del Huerto, en la calle, por debajo del cemento o de las piedras, entre las raicillas, pisoteado y ofendido de salivazos, sucio de polvo y basura de los que se libra con un par de parpadeos falaces, gracias a su pupila fuerte, fija y giratoria, de tal forma que cuando duerme, no duerme, aunque despierto parece despierto, pupila de animal de estepa que contempla en el añil profundo las migraciones de las almas encaminadas a un lejano hemisferio astronómico, mirabel de agua que se turba de luz umbrosa en noche de luna menguante, sin ponerse triste ni melancólico, sencillamente una mirada que en pleamar se nos cuela en los sueños y nos levanta los párpados para espiar en el dormitorio, ojo siempre atento al paso de los relojes [ esos inútiles artefactos que no marcan más que el paso de los punteros ] sólo para no ser sorprendido por la campanilla que despierta a los dormidos que flotan en el agua de las sábanas, así que a una hora prudente se deja arrastrar por la resaca hacia su madriguera, cuenca compuesta de todas las cuencas, causa de que nadie lo ha visto, salvo el sonámbulo que ha vuelto murmurando la voz de la sombra y nos lo narra cuando al fin repliega los párpados, mirándonos abiertamente como si fuera un pálido calamar caído del oscuro cielo.
23 de abril de 2009. Santa Cruz
* Acababa de escribir el texto y de titularlo, cuando buscaba en Internet averiguar si algún otro escrito o cosa tuviera ese nombre, hallando muchos, di con esta noticia que, según se cuenta, ha dado la vuelta al mundo en pocos días. Dice así: «Hace poco descubrieron un calamar gigante con una longitud de 8 metros y que pesaba unos 500 kilos. Los expertos dicen que dicha especie de calamares (Mesonychoteuthis hamiltoni) puede llegar a los 14 metros de largo. Lo sorprendente de este caso es que cuando midieron el ojo de esta criatura, resultó de unas proporciones gigantescas: 11 pulgadas (28 centímetros) de diámetro».
Se podrán imaginar el impacto emocional que me causó. Fue asombroso, estremecedor.
Escritos del Huerto [ Vero Icono ]

Signor mio Gèsu Cristo Dio verace
Or fu sì fatta la sembianza vostra?
Canto XXXI, Paradiso, La Divina Commedia
Este mes no he visto la Luna en su plenitud. Cuando la hallé el Viernes Santo entre las ramas de los olmos, ya era tarde, comenzaba a perder su ánima.
Nosotros veníamos por Diego Portales, desde el puente «San José de la Montaña» del estero Guirivilo.
Tal vez fue ella la que puso luz otoñal en el rostro de Francesco [ ¿o era el reflejo del nimbo de las velas de la sexta estación del Vía Crucis instalada en la esquina de Portales con Barros Grez? ]
Sin embargo nos atrajo la atención las faces de las devotas alrededor del retablo, retocadas por una sombra ineludible.
[ En ese momento pasó una pareja de inspectores municipales con antifaces de mármol silbando una melodía parecida a las flores de los difuntos ]
Fue cuando la Luna se encumbró sobrecogida sobre los olmos como el paño de Verónica.
20 de abril de 2009. Santa Cruz
Señor mío Jesucristo, Dios veraz,
¿Así era entonces tu semblanza?
Canto XXXI del «Paraíso» de la «Divina Comedia».
Escritos del Huerto [ Croissant de Lune ]

Versión definitiva.
Mientras niños y parvularias de la Comuna se juntaban esta mañana bajo las copas de los árboles de la plaza, sobre el césped, a celebrar el Día del Libro Infantil [ mientras príncipes y dragones de trapo dialogaban con ánimas del lugar, que los mayores filmaban con sus cámaras parecidas a sextantes ] la Tierra inclinaba su eje soltando en el cielo nubes leves, brisas suaves y un rocío estelar que humedecía las hojas de las arbustos, las de los libros y las naricillas de los pequeños. Después [ Florencia, Francesco, su nana Carla y yo ] nos íbamos a un restaurante de la calle Cancino a comer merluza de aguas matinales con ensalada de pepinos bañados en aceite de oliva de los oliveros de Lolol, que acompañamos con vasos de vino blanco. Francesco, vestido de arlequín, durante el almuerzo se ocupó de ensayar la onomatopeya inspirada en la figura del caballo negro que vio en el techo que sobresalía al lado izquierdo del escenario de los personajes del guiñol. Al caballo lo escoltaban gruesas letras puestas en desorden, también negras. Cuando anochecía, en el comedor [ mientras esperaban a que yo terminara de hojaldrar y hornear los croissants ] Francesco dio entonces en engarzar sílabas guturales que nos llegaban a los oídos con reminiscencias de antiguas lenguas de Ur. Por vaga curiosidad me asomé a la ventana de la cocina a mirar la noche. Por detrás de los cerros, donde imaginamos las sombras húmedas de la corriente de Humboldt, se alzaba la cuarta creciente de la Luna de otoño. Apenas lo oyó, Florencia comenzó a decir un versículo de la Biblia: «Y vi un caballo negro; y el que iba sentado sobre él tenía en su mano una balanza. Y oí una voz decir: Un litro de trigo por un denario, y tres litros de cebada por un denario; y no dañes el aceite de oliva ni el vino». Viene ahora desde la cocina el aroma horneado de los croisants mientras Francesco le pone pasitos a su caballo imaginario, chasqueando la lengua, en su original comedia de títeres.
02 de abril de 2009. Santa Cruz
Escritos del Huerto [ La Higuera ]

Con la Luna nueva volvía a sentirse en el aire de la noche la presencia de aves, a verse extraños visos, y la dificultad de distinguir las ondas frescas que serpentean anunciando otoño, de las estelas del averío azaroso, si bien se oían [ al menos dentro del pecho ] los golpes de ala de la hora de aojadoras y brujos, por lo que nos guardamos temprano con nuestro Francesco. En lo alto, antes de cerrar la puerta, vimos pasar las constelaciones como bandadas de ángeles que llevan por el cosmos noticias del Huerto.
Cenamos con las cortinas corridas, silenciosos a la luz de una vela.
En los vidrios de las ventanas se estrellaban pequeños blandos cuerpos.
En el comedor el tic tac del reloj de péndulo que perdió uno de sus punteros, se oía como el tranco del viejo de cachava que pasa a medianoche por el pasaje hacia las casas de campo.
Cuando me disponía a levantar la mesa, llamaron desde el cercado.
Era Nuestro Señor que venía por higos.
«La próstata», dijo. «La próstata».
«Sí, claro», y lo invité a entrar a la casa.
Florencia fue al Árbol en cuyas ramas ahora se hallaban los avechuchos.
Nosotros que los vimos desde la puerta de la cocina, alzamos los brazos para espantarlos.
Volaron llevándose los higos.
Nuestro Señor, pálido, cansado, quejumbroso se sentó en el sillón de mimbre de la pérgola. Florencia, solícita, le abrigó la venerable cabeza con un chullo y las piernas con un paño de alpaca.
Arriba, debajo del cielo, el alboroto disputaba los frutos del Vicio y la Concupiscencia.
29 de marzo de 2009. Santa Cruz
Escritos del Huerto [ Palabra contra la Muerte ]

A..esta hora de la noche [ cuando la oscuridad nos torna al punto de partida ] no se me ocurre otra cosa que escribir que al fin de cuentas se está solo, diluido, con la muerte al frente, al lado y dentro, en lo íntimo y en el sueño.
Que sencillamente se vive porque no se tiene más argumento que la estrella que se ve sobre el horizonte cuando se voltea la vista antes de cerrar la puerta de calle y la que se alcanza a divisar sobre el cerro a través del resquicio de la cortina en la ventana, al alba.
Una estrella que posiblemente esté sólo en la retina de los ojos, mojada a veces, o a veces roja o sucia de polvo del camino por el que nos lleva la muerte.
Un camino andado en mi juventud que al comienzo lo vi futuro y con los años ha resultado pasado borroso, hasta el punto en que se me confunde el paso al no saber si vengo o voy y si esta gente ya está muerta o todavía fresca.
La gente no siempre tiene que heder o andar en los huesos ni tiene que ser incorpórea como la brisa helada, para estar muerta.
El hielo que a ratos me estremece me ha puesto suspicaz con mi tiempo, con mi agenda y mi buen día, vecina y mi buen día, vecino.
Mis vecinos al mediodía gentilmente han colgado un cesto con racimos de uva tinta moscatel en el cercado de agudo hierro negro.
El cercado es el linde del Huerto donde Florencia me ve con sus ojos verdes y Francesco estrena sus primeras palabras.
En fin [ para no hablar más de la muerte ] me despido de este escrito con una de su novísimo vocabulario:
Diente.
27 se marzo de 2009. Santa Cruz
El secreto

Aquí estoy de vuelta de vacaciones. Gracias por su comprensión.
Sé que debo guardarlo. Por lo demás, ¿de qué valdría ahora decirlo? A lo mejor, mirándolo bien, ha de haber sido alucinación o imaginación viva de aquel lejano invierno. De cualquier manera, de buena gana me habría desembarazado de su mala compañía ya qué tiempo. Digo «mala compañía» porque me ha hecho medroso en el habla, escurridizo en la amistad y avispado en el sueño, pues es muy capaz de hablar por mi boca cuando duermo.
Como ocurrió una noche de verano [ estación del año en que la gente suele desvelarse ] en que me despertó la sensación en la garganta de un cuerpo que forcejeaba para salir, el que me contrajo el estómago y me dilató la garganta, hasta que finalmente lo arrojé por la boca.
Destemplada sonó aquella voz intrusa en la casa hundida en el silencio de la calurosa noche. Sin embargo nadie la atendió, como no atendieron el resoplido de una lechuza venido desde los lindes. Los durmientes siguieron siendo la oscura cuerda del violonchelo de la nocturnidad.
Mas, ¿cuál es el secreto?
Antes debo decir que el secreto es mi primera experiencia del secreto, el haber oído lo que no debía oír, haber visto lo que no debía ver y haber estado en un lugar a una hora que no correspondía.
Muchas veces he pensado [ como nada está claro acerca de nuestras existencias después de esta vida ] que los secretos se quedan rondando alrededor del cuerpo frío hasta que la brisa que entra por una ventana, los avienta, y se van buscando nueva residencia, porque un secreto ante todo es un ente vivo por antonomasia, a pesar de su carácter agazapado.
Por tanto es importante saber que son bichos malditos hechos para aislarnos.
Es lo que éste ha hecho conmigo.
Lo otro a saber es que son cosas de Dios ya que Dios mismo es un absoluto secreto. Con esto no quiero sugerir que Nuestro Señor es un bicho maldito, pues tal irreverencia jamás saldría de mi boca. Por eso inmediatamente aclaro que los secretos nuestros no tienen nada que ver con la purísima naturaleza de nuestro Creador. Lo mismo ocurre con nuestros espíritus y el Gran Espíritu. Cuando Moisés escribió que Dios nos hizo a su semejanza, quiso decir que nuestro espíritu puede llegar a ser semejante al de Él según nos comportemos, como un gran secreto que se nos va revelando.
Es decir, la tercera cosa importante a saber es que el secreto contiene luz y la luz, que es hija de la oscuridad, sólo se desvela en la oscuridad.
Y lo cuarto y último que se ha de tener muy en cuenta es su naturaleza sui generis, por lo que jamás se evidencian si se llega a revelarlos.
Por ejemplo, si digo que aquella noche de invierno en que despuntaba mi adolescencia, me enteré de que tres de mis tías eran brujas, que las oí mentar conjuros mientras se sahumaban debajo de sus largos faldones negros, y que horas después llegaron sus maridos borrachos, llorando desconsoladamente, buscando el regazo hediondo a humo picante, no me lo creerá nadie, como ocurrió entonces, cuando se los conté a todos los miembros de la familia reunida en la fiesta de San Juan, los que se rieron de la ocurrencia, con los cuellos hinchados, incluso las brujas que venían entrando [ que predijeron mi carrera de escritor ] me abrazaron y me regalaron sus secretos caramelos de los que me hice adicto, especialmente deliciosos cuando participaba de sus domésticos aquelarres.
Pero todo esto [ como se ha de suponer ] se me ha confundido con la literatura.
20 marzo 2009 Santa Cruz
Cifrada solución al enigma del Valle de Nazca

«Quinientos pesos», dijo un rostro de mujer en la penumbra.
Por la vereda di unos pasos antes de abrirlo en las páginas centrales.
En la de la izquierda se hallaba la foto con el artículo y en la de la derecha unas instrucciones dirigidas nada menos a mi nombre, las que yo debía cumplir al pie de la letra.
Inmediatamente junté las hojas para ver la portada, la fecha, el número de edición, que eran el 1 del año I, luego volví a leer las instrucciones.
Era inevitable que yo quisiera saber si había más ejemplares en los otros quioscos. Pero los suplementeros ni idea tenían de su existencia. Una torpeza de mi parte habría sido si los hubiera mostrado el ejemplar que iba perdiendo la tinta.
«Un fantasioso», habrían dicho, seguro.
Volví al quiosco pero confundí la esquina con otras.
Y todo se puso peligroso.
Ahora se trataba de no perder la calma, de plegar el diario y llegar a casa a pedir ayuda.
Mientras el contenido de las hojas desaparecía.
Temeroso de recibir un castigo de una Justicia Inmanente, me senté en un escaño de la vereda a rescatar las palabras del artículo.
La foto ya se había esfumado.
Con dificultad copié las palabras que pude ya que en pocos segundos el diario quedaba convertido en un fajo de cuartillas vírgenes.
Entre las palabras se hallaban algunos nombres de tótem de las Trece Lunas, uno que otro del Olimpo, unos de los animales dibujados en el Valle de Nazca, de las estaciones del año, de fenómenos de la naturaleza y de planetas.
En cuanto a la foto, a decir verdad, no tenía gran relevancia, ni las instrucciones me parecieron muchas, aunque muy extrañas.
De la primera ya se han enterado. En las otras se me pedía que recortara cada una de las palabras con tijera y que echara las tiritas de papel en una calabaza seca [ previamente vaciada de su pulpa y semillas ] luego que las sacara una por una, componiendo oraciones de cinco sustantivos en la mesa, y que no hiciera más comentarios. Que dejara a los espíritus que nos acompañan a que ellos alumbraran la búsqueda de la solución del enigma del Valle de Nazca.
17 de febrero de 2009. Santa Cruz. un Cóndor de [ el planeta* ] Urano perseguía un Colibrí un mientras Halcón de [ la cetrería de ] Artemisa observaba los una Tortuga que venía el con Invierno a cuestas dijo le un a Caracol que en Creciente es cuando oficia [ su ritual ] la Iguana su con alabado seas y venid su venid un entonces Conejo le dijo a la Araña se que cuidara de Saturno el en Arcoiris de Yacumama mientras una sobre extensa Quemadura dibujaban [ sencillas gentes ] Incógnitas Líricas Líneas de Arena estas
Y éste fue el resultado:
una Tortuga que venía con el Invierno a cuestas le dijo a un Caracol que en Creciente es cuando oficia [ su ritual ] la Iguana con su alabado seas y su venid venid
entonces un Conejo le dijo a la Araña que se cuidara de Saturno en el Arcoiris de Yacumama
Originalmente el resultado fue éste:
La araña [ Sacrum fiere ]

Hoy me la he visto en el espejo, he visto su corona de ojos que miraba mi ridículo par de ojos, demasiado cerca y demasiado lejos, me la he visto en mi cabeza en el espejo, peluda, con mis pelos confundida, con mis ojos, con mi cabeza su cabeza, sin atreverse a decirme nada, ni yo tampoco.
Pero poco a poco hemos venido acostumbrándonos uno al otro, congeniando, poniéndonos de acuerdo en una y otra materia, a tal punto que ya somos una sola araña que cada noche urde un velo con hilos tan sutiles como los del vellón de la ilusión.
¿Hasta cuándo?
Hasta que llegue el momento en que sea la única labor que yo conciba en el mundo y lo único que vean mis numerosos ojos y lo que recorra con mis ocho peludas patas.
Es decir, cuando sea Dios
07 de febrero de 2009. Santa Cruz.
Oceanus Borealis

Havet *
Jag står framför havet.
Där är det.
Där är havet.
Jag tittar på det.
Havet. Jaha.
Det är som på Louvren.
Göran Palm, de Världen ser dig (1964).
1 de febrero 2009 Playa de Bucalemu.
* Yo estoy frente al mar./ Allí está él./ Allí está el mar./ Yo lo miro./ El mar. Pues, sí./ Es como en el Louvre.
Lamentación de Adán

Traslación del escrito hecho con signos cuneiformes en una tablilla de arcilla que se encuentra en el Museo de Santa Cruz [ en un lugar secreto del museo ] Al pie de la traslación, hecha en 1857, sólo hay un par de iniciales: J.O.
Erzsébet Báthory, a la luz de la séptima luna

El tributo que se paga, sólo corrobora su culpa.
SLAVOJ ZIZEK
15 de octubre de 2008. Santa Cruz
La barca

En carta al diario hemos objetado la premisa por la contradicción que contiene, pues si toda barca es un vehículo flotante que se utiliza para transportar personas, animales o cosas, navega aunque las tablas sean de madera del bosquedal de la imaginación, las velas hayan sido confeccionadas en los telares del viento y los remeros sean los pétalos de la rosa de los sueños.
Como se esperaba, la carta ha causado revuelo. Los fundamentalistas, o sea, los tesoreros municipales, amenazan con quemar el Gran Diccionario del Astillero si no renunciamos al Tractatus de Petrus Hispanus.
Por de pronto, lo peor es el efecto mariposa que su ira ha causado al otro lado del planeta:
Toneladas de fuego bíblico caen sobre Biblos.
Noctis Labyrinthus

y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,
¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!...,
Lo Fatal, Rubén Darío
Afuera, mientras descendíamos con nuestra barca en el suelo pedregoso de Utopia Planitia, una bruma calurosa espesaba la atmósfera y empañaba la luz de las ventanas circulares de las cabañas pirenaicas de los colonizadores de Marte.
Una amiga, la señora Ylla, vino a saludarnos en cuanto sintió posar nuestros pies en la fina arena de la pista de navegación. Ella vivía refugiada en aquellos peñascales desde que decidió abandonar a su marido, el señor Yll. Su única compañía era el sueño en el que conoció a Nathaniel York, asesinado con una de esas armas siniestras que disparan enjambres de abejas doradas la noche que, tras apearse de su nave terrestre en un mar seco, iba camino a la orilla donde tenían su vivienda la Sra. Ylla y el Sr. Yll [ según la historia que conocimos en otro sueño y de la cual no voy hacer más cuento ]
Su nueva casa era ahora una cabaña pequeña, rodeada de árboles floridos y hálitos de colores que ascendían a los aleros. En su interior, había un estrecho comedor, donde se hallaba el hornillo de ondas, un tocador en un corto pasillo, y un dormitorio, que era la pieza mayor de la casa. En un pedestal reposaba el acuario esférico sonoluminiscente que aclaraba la habitación y que seguía a su dueña a todas partes. No había jaulas de plantas como es común en las viviendas de la colonia. Sólo barras y láminas de cristal que pendían del techo donde se almacena, en unas, las ondas benignas de las visitas y, en las otras, los sueños [ en una de éstas guardaba el sueño con Nathaniel ]
Sencilla y gentil como siempre, nos agasajó con café de sicómoro y buñuelos egocéntricos que ella misma amasa en su batea de madera de manzano y hornea en el hornillo de ondas.
Anochecía cuando nos despedimos en la puerta, juntando verticalmente las manos, apenas rozando las palmas, mientras desde lo alto éramos observados por el par de lunas. Después la vimos a través de la ventanilla allá abajo antes de enfilarnos hacia occidente, en busca de la tierra prometida, en la región de Noctis Labyrinthus [ En realidad ignorábamos con qué nos enfrentaríamos una vez alcanzada la consumación como asimismo quién nos había empujado a este viaje ] Florencia apoyó su cabeza en mi hombro celebrando el candor de la señora Ylla, después se puso a tararear una canción desconocida.
Hicimos escala en Arabia Terra para pertrecharnos de raciones de trigonometría cultivada en el descampado [ Siempre hemos dicho que no hay como los astrolabios de ciego de esta zona ] porque al entrar en los Valles Marineris las turbulencias podrían extraviarnos y llevarnos a otro planeta. Pero la región de Arabia Terra pasaba por un mal momento, tormentas de ánimo insondable la encendían, de modo que no nos detuvimos más de lo necesario.
El cosmos esa noche estaba limpio, despejado de dudas y certidumbres. Se veía cerca la Tierra, tal como yo recordaba a la Luna en nuestra ciudad, sobre el cerro Apalta. Podía asegurar que sentía su humedad, el murmullo de los árboles, el rumor de la gente.
Deliras, dijo Florencia, porque a ella no le gusta la nostalgia. Bien sabes, cariño, que esa bruja es transgénica, por lo tanto, genera vesania, me advirtió.
Mi risa aleteó en el cristal de la barca.
Lejos, allá, alboreaba la Astronomía, y en la limpidez del espacio sideral, relucía la materia oscura y la voluptuosidad de las bandadas angélicas [ que suelen verse como sombras en la superficie de los océanos de la Tierra ]
Al mediodía una corriente nos cogió avisándonos que entrábamos en los cañones del Valle. Tuve que disminuir la gravedad del momento para ir sólo a unos cuantos pies del suelo.
Era sorprendente ver los deslumbrantes rojos de las paredes, los azules de los bordes de las rocas, los verdes de los embasamientos y la rigidez de hielo de la atmósfera.
De vez en cuando entrábamos en brumas frías, cargadas de voces y relámpagos que venían de las oquedades.
Debido a la niebla matutina, tuvimos que guiarnos con el astrolabio en el descenso.
En Ganges Chasma nos abandonó la barca. Nos tuvimos que resignar a pasar una noche insomnes, caminando.
Amanecía cuando llegamos a Ophir Chasma.
En los depósitos aluviales, junto al muro de un cañón, nos topamos con un campamento de beduinos cuyos camellos tenían tres jorobas. El menos arisco nos invitó a subir a una de sus cabalgaduras a cambio de mis relatos peregrinos. Alcancé a contarle quince, y nunca dijo una palabra ni levantó la cabeza. En Tithonium Chasma, antes de despedirnos, le comentamos nuestro destino, tampoco dijo nada, se limitó a tomar las riendas de su camello y se despidió alzando la mano. La manada amiga continuó su tranco hacia otros sueños errantes y nosotros decidimos cruzar la meseta que se nos apareció en el camino, lo que nos tomó la noche entera, y esto vieron nuestros ojos al alba:
Enormes montañas cuarteadas como por sable sideral se apilaban junto a mesetas y muros, por cuyas estrías se insinuaban pasajes y túneles.
Aquello era sin duda Noctis Labyrinthus, la Encrucijada del Mundo.
Gritamos de furor, y nuestros gritos planearon sobre los socavones y se perdieron tras los cráteres y las filosas cumbres.
Después, cuando nos hallábamos echados sobre una roca lisa, descansando, de ver aquel entrevero, se me ocurrió pensar que en alguna remotísima era, profundos ríos se vinieron en crecida con sus olas desde todas las cumbres nevadas del planeta y cuartearon las montañas más alta del Universo, pero luego, por el calor que se había desatado, antes de llegar al mar, se evaporaron dejando aquellas heterogéneas formas, aquellas extrañas fisuras. O simplemente fueron raudales de volcanes enloquecidos cuya lava se enfrío con la noche muerta, por orden de los Espíritus de los Confines del Universo para impedir que el Infierno inundara el espacio sidéreo. O si me apego a la versión de Florencia, fue ahí donde el recelo de Caín vertió la sangre de Abel.
Reemprendimos la caminata.
Tres noches y dos días caminamos por esos desfiladeros y umbrías. Al anochecer del sexto de nuestro viaje, acampamos cerca de uno de los volcanes de Tharsis. Se podía divisar la claridad de las ciudades del interior de Noctis Labyrinthus debido a que la atmósfera estaba limpia de bruma de polvo de hielo. Sólo entonces, para reponer las fuerzas, dormimos.
En la mañana desayunamos tortillas que nos vendió un monje del Edén que iba a Tell al-Muqayyar, en el Lejano Oriente, en el extremo sur de Arabia Terra.
Desayunados, nos encaminamos por la Ruta del Destino que iba por entre extensos viñedos y plantaciones de árboles frutales. Una bandada de tórtolas se refugió en el follaje de un castaño. Al fondo, golondrinas volaban y chillaban alrededor de la casona de una hacienda.
Era la hora de la siesta. El calor arreciaba. Hasta que llegamos a una encrucijada donde se leía: hacia el Oeste, el Ayer, hacia el Este, el Mañana, hacia Norte, el Ahora, hacia el Sur, lo Incierto.
Tomamos la dirección de la Santa Cruz, la ciudad señalada.
El calor era insoportable pero sus habitantes eran cordiales, se paraban a ofrecernos frutas de sus huertos, aunque advertíamos la autocensura.
Cuando pasamos por la vereda donde está ubicada la biblioteca municipal, inesperadamente Florencia entró a pedir prestado un códice que reúne crónicas de Marte. No dio razones ni quise pedírselas.
La noche se nos vino cuando aún nos hallábamos tirados sobre la cama.
Florencia dejó abierto el códice sobre su pecho, cerró los ojos, pero el sueño no atendió la señal de los párpados, seguíamos oyendo el rumor de la calle, que en algún momento se extinguió para dar paso al de los astros.
Texto pasado por taller
Dios, aquel sol blanco

Texto pasado por taller
13 de diciembre de 2008. Santa Cruz. Chile.
Bahía del Arco Iris

8 de octubre de 2008. Santa Cruz
Pesca de Paniahue

30 de septiembre de 2008. Santa Cruz
* Una región de la Luna, en homenaje al famoso astrónomo árabe.
Taxi a medianoche

26 de septiembre. Santa Cruz
Albergue de la Luna

Poeta Carlos Geywitz ha muerto

23 de agosto de 2008. Santa Cruz.

