Aproximaciones al Quijote

No he andado en jamelgo sino en bicicleta escuálida
Ni he lucido yermo sino gorro de lana o boina vasca
Ni adarga pues preferí lápiz en punta como hoy la máquina
Ni he tenido amigos Sanchos ni menos santos
Aunque Dulcineas aunque más bellas y agrias
Que por amarlas me odiaron y me burlaron
Y salvo la idea de confundir gigantes por molinos
Maleantes por otros o ínsulas por exilios
Del Quijote tengo en común
La lucidez pre morten
Marisolfa
Mariposa de sueño no te pareces a mi alma
(Como si fueras mosca de la carne te espanto)
¿Será posible que yo muera sin haberte soñado?
(Si por lo menos te posaras en mí cuando duermo)
¿Me moriré sin ver la obra de arte de mis átomos?
( Alborozada revolotearías en mi sueño)
Pero no. Eres Marisolfa de la Nada
Segismundo
Abandona el libro por la huella en el polvo Por la desnudez
A orilla del estero Por los racimos que sombrean
En los ojos de las campesinas Por la espesa luz del sol
Que se bebe en el abajadero Por las piedras el trigo y el sudor
De los canastos Por los pájaros que capean la garúa solar en las ramas
Del aire Por una vista del cielo desde el suelo Por todo lo que da
Sombra en el mundo pues cansado está de oscuras y maniáticas
Arañas que tejen el mundo con la saliva negra de los académicos
Es mejor seguir el paso de su carne Aunque tarde Pues no ha sabido
Distinguir cuerpo de forma Herida y rendija Sangre en tierra y su sombra
¡Ay mísero! ¡Ay infelice!
Como geranio de alta y fatua torre
Ha acabado en el camino este Segismundo
Ella va por Odín
1993, Estocolmo, Ediciones Cruz del Sur Literaria.

El mago que no sabía otra cosa que leer
Al amanecer, el Mago abre su libro húmedo y lee
un cuento. Tras la lectura, lo cierra y lo guarda
entre las raíces de los árboles y se duerme. Nosotros,
despiertos nos quedamos, confundidos
con los otros personajes de sus lecturas matinales.
Al amanecer siguiente, el Mago
abre de nuevo su libro húmedo y lee otro cuento,
aunque él sabe que no sólo sus ojos
leen estas páginas de rocío,
que hay otras lecturas.
Estocolmo, 1993.
Leyenda del poema que se escribió a sí mismo
Era en el fondo de la vertiente, un manuscrito
de luna de temblorosas palabras el poema que soñé
y olvidé esta mañana. Lo olvidé
porque los poemas que se escriben a sí mismos
en un sueño, imposibles son en el otro,
como el texto que ahora escribo y olvidaré
cuando despierte árbol o pájaro.
Estocolmo, 1993.
Bicicletas en la nieve
Débil, ha nevado durante la noche.
Soñé que la muerta, en mi ausencia,
leía mi diario.
En el patio, yacen cubiertas de nieve,
las bicicletas del verano.
Y en las ramas de un serbo, una urraca se despereza
y le desprende cuajos blancos.
En la pared, detenida, la hora, aunque los punteros
caminan al mismo paso de los relojes del mundo.
Y la muerta, que continúa leyendo mi diario.
Estocolmo, 1993.
Una certidumbre nos aqueja
¿Cómo el espíritu descubrió el goce de la carne?
Es el misterio que los ojos insinúan y que los labios
musitan cuando soñamos.
No obstante una certidumbre nos aqueja:
Un día cualquiera, lento o repentino, se repliega
en el silencio y nos abandona por una mosca
o un molusco.
Estocolmo, 1993.
El bosque
Aun enfermas de otoño las encinas y tú ausente,
nada ha cambiado en Högdalen, porque el bosque
—la vez que huíamos del sopor del verano—
como en un espejo halló en mí su morada, donde
es tu alborozo la ardilla que trepa
por las encinas eternamente verdes,
y es tu risa la manzana
que aroma el aire.
1991
Acuarela marina
«Ya no sé si las gaviotas revolotean sobre el mar
o en el azul de tus ojos»
—leo en mi diario que ha resistido la humedad del tiempo—,
mientras el cuarto oscurece en soledad.
Dentro de poco, aparecerá la luna,
esa palabra mojada.
1991
Cuando eras el alegre tiempo de la poesía
Las piedras me miran con ojos de arena; las verdes
cúpulas de las catedrales con ojos córvidos; el tren
subterráneo con ojos veloces y el verbo aguardar
con ojos llenos de agua muerta,
como muertos los pájaros que nos traían noticias
desde los confines y como muerta la ciudad
que estuvo poblada de formas clásicas, antiguas.
Era el tiempo
de la alegre Epifanía.
1991.8.30
Recostada en el sofá
Recostada en el sofá, comías
higos en almíbar y dejabas que mis manos acariciaran
tus piernas enfundadas en medias negras. Entonces
no sabía —pues tu olvido me lo ha enseñado—,
que no eran más que piernas y manos en un sofá
que había sido árbol. Después,
abandonaríamos el Paraíso por nuestra propia cuenta.
1991
Mirando pasar las gaviotas desde el lecho
El amor ya no era el mismo, sólo espuma, más que nuestra,
del tiempo que anduvo, como siempre, con su salmuera
en la piel, en el lecho y en el aire y en las gaviotas
que sobrevolaban el trozo de mar de la ventana.
No volverían, por ejemplo, las caricias de la primera noche por más
que frotásemos las manos por los cuerpos. Lo único que permanecía
era nuestro ayer, esa playa relavada por las olas.
Hoy, sin embargo, en este sueño estás radiante como en víspera
del primer beso, y estamos alegres porque a estas costas no llegan
las olas del tiempo ni su espuma. Sólo gaviotas,
nuestras palabras.
1991
Alta noche
¿Cómo hacen los sueños para no estrellarse ni fundirse?
Si allego a la sutil pared mi oído, ¿por qué no oigo las voces?
¿Por qué le susurras Harold a ése del sueño?
O quizá eres tú —cansada de ése que nunca ha sido tuyo—
la que se ha dado vuelta y sueña con estos versos.
1991
Ella va por Odengatan
Caminas por calle Odín de Estocolmo a una hora
que siempre será la misma hora, a pesar de los relojes
de la tierra que apuran los entierros.
La tarde cae y no cesa de caer, inacabable.
Caminas —los pliegues de tu falda se despliegan
y repliegan—, y recorres, aunque en la memoria que no olvida,
estás en una esquina media calle la otra esquina y en cada
baldosa que tus pies pisan.
La brisa — incansable— teje y desteje las hebras
de tu pelo rojo y no te das vuelta a mirar al que corre
gritando tu nombre, éste que aguarda
en un banco del Parque Vasa a que vuelvas
a soñarlo,
tú,
su añorada.
1991, Suecia
Teología
El amor y el dolor me pusieron los ojos de forma
que pude ver el mundo desde la grada de Dios.
Vi la armonía de la naturaleza y vi el caos
de la inteligencia humana.
Intenté revertir su filosofía:
Fui árbol.
Estocolmo, 1993.
Epílogo
Escribo sobre estos viajes como un Homero, que dicen que era ciego, o que no ha existido, o que soy aquel interminable.
1992.
Aromos

¡Dios, ya florecen los aromos! Pronto vendrán los soles que nos marchitan la piel, nos descoloran el cabello y nos hacen andar con la mirada por el pavimento, recelosos de los jóvenes que alocados pasan riendo hacia los prados del parque y las arenas de la playa.
03.08.2011 Camino a San Fernando, en microbús
Vicente San Bruno
Un intenso ruido de cascos de caballos seguido de ladridos de perros nos apegó a la pared de la casa cuyos arapos apenas cubrían los adobes. Prontamente los talaveras desaparecieron con sables y tercerolas en la oscuridad de una esquina. Estuve a punto de gritarles: «¡Asesinos!», sin embargo un beso me cerró la boca. Un vagabundo nos dijo que andaban cazando propagandadistas que llamaban a no votar las candidaturas a concejales. Jamás me habría podido imaginar un atardecer más confuso. Tarde esa noche, con los ojos abiertos, escuchando el trisar de los satálites, recordé la vez que estuve a punto de caer en manos del cruel San Bruno [ Capitán del Ayuntamiento, un hombre grueso, de piernas cortas, tanto así que la punta del sable envainado deja a su paso un herida en el suelo ] Se me acusaba de ser autor de los textos contestatarios en los muros de las redes sociales de comunicación. Bien sé yo que la razón era porque Ella no es de las que se revuelca en los moteles del Chulo, alcalde del municipio, como ocurre con sus pobres queridas, que ven amor donde sólo hay miedo.
8/07/20011 Santa Cruz
Guerra de primavera
Esta mañana he venido a la puerta de calle a curiosear inquieto por el alboroto que había frente a mi casa, en el campo silvestre que ayer lo reverdecían herbazales, árboles y arbustos y lo animaban aves y otras criaturas indianas, extinguidas en otros lugares. Ruidosas máquinas excavadoras iban y venían de un linde a otro con la grosería de asesinos enardecidos, rodeadas por un centenar de garzas que subían y bajaban en vano afán de rescatar lo que en mi ánimo se ensombrecerá cuando vea erguidos frente a mi casa los enormes edificios del rico del pueblo.
De vuelta
Cerré este blog en septiembre del año pasado. Al retomarlo no sé aún si se me ocurrirá algo.
En cuanto a los textos escritos, ya han sido corregidos y reunidos en un libro.
Ha muerto José Saramago

Fotografía del El mundo.es
Nos ha impactado hondamente la noticia de la muerte de José Saramago, un escritor imprescindible, admirado y querido.
Lo conocimos personalmente en la Universidad de Estocolmo un año antes de recibir el Nobel de Literatura.
Más que una conferencia, fue una conversación que nos mantuvo −incluso cuando se le preguntaba por algo de una de sus novelas− en concentrado silencio durante cerca de dos horas, porque las palabras se sentían como han de haberse sentido en el principio del lenguaje: mágicas.
Además, nos revelaba verdades aun cuando ya las hubiésemos leído en otro autor. Es que en él la palabra era precisa, fuerte y sincera.
Como cuando dijo que el Infierno, esa aberración moral de la Iglesia, "era una condena a muerte permanente".
Lo inconcebible para los presentes, fue cuando vino un académico sueco a pedirnos el aula porque él la había reservado antes.
Nos tuvimos que ir a una sala, más chica y modesta.
Es que el mundo que le tocó vivir a Saramago es el administrado por los necios, los que han reducido la Cultura a los valores del Mercado.
Sin embargo su inteligencia y su integridad moral supieron abrir un claro para quienes no nos resignamos a aceptar este orden de cosas.
No olvidaremos la reacción de la Iglesia al enterarse del Nobel para Saramago. Si hubiera sido el tiempo de Giordano Bruno, habría pedido la hoguera para el escritor ateo.
Querido José Saramago, ¡cuánto nos harás falta!
Materia Obscura
A Jame Joyce, por supuesto*
En la barra mientras me hundo en la somnolencia
Lento escribo: también aparezco en otras entradas
Porque en verdad no me diferencio de la mosca
Ni de la araña de la mosca ni del hongo de la mosca
Ni de la muerte del hongo ni de la piedra del cosmos
Ni de los quarks de piedra cósmica ni de Finnegan
Sediento de espuma de cebada de vidrio de tonel
Lugar común soy como el aire o la suela de zapato
O como el agua con päces o los biojos de las gaviotas
O su vianda su kallhambre su carencia de escrepúsculos
O como los guisanos de la muerte y sus terrores húmedos
[ Los húmeros sudan a toda marcha de no poder morirse ]
Así yo fuera rey de tierra inglesa o española u holandesa
No me diferenciaría de mosca muerta ni de seta oronja
Cocinada x el ribereño del Ródano en su quarkcerola
Rota por la angostia ante la Oscura sintiéndonos solos
Aunque nunca hemos estado en ese status quo inviable
Ya que quiéraseonó llevamos oscuramente la Cognación
Tan confusios de pro verbios por el ficus sycamorus...
«Quarks quarks quarks!» graznan The Angels track
En la taberna navegada del puerto de Untalparaíso
Husmeados x la Muerte kent fuma pipa de hueso
Mientras se ignora quien apunta estas líneas
Y mientras menos soy cada mes y más común ¡y ya!
26 de abril de 2009. Santa Cruz
*Un texto del que debo tomar distancia. Lo pongo por si alguien me da su opinión.
Escritos del Huerto [ El ojo de Dios* ]

Proverbios 15:3: Los ojos de Jehová están en todo lugar, Mirando a los malos y a los buenos.
A esta hora cuando la vieja Luna no se muestra, cierta gente dice que un ojo vigila la noche, y yo aseguro que si no está allá arriba entre las galaxias, está aquí en el suelo del Huerto, en la calle, por debajo del cemento o de las piedras, entre las raicillas, pisoteado y ofendido de salivazos, sucio de polvo y basura de los que se libra con un par de parpadeos falaces, gracias a su pupila fuerte, fija y giratoria, de tal forma que cuando duerme, no duerme, aunque despierto parece despierto, pupila de animal de estepa que contempla en el añil profundo las migraciones de las almas encaminadas a un lejano hemisferio astronómico, un mirabel de agua que se turba de luz umbrosa en noche de luna menguante, sin ponerse triste ni melancólico, sencillamente una mirada que en pleamar se nos cuela en los sueños y nos levanta los párpados para espiar en el dormitorio, ojo siempre atento al paso de los relojes [ esos inútiles artefactos que no marcan más que el paso de los punteros ] sólo para no ser sorprendido por la campanilla que despierta a los dormidos que flotan en el agua de las sábanas, así que a una hora prudente se deja arrastrar por la resaca hacia su madriguera, cuenca compuesta de todas las cuencas, causa de que nadie lo ha visto, salvo el sonámbulo que ha vuelto murmurando la voz de la sombra y nos lo narra cuando al fin repliega los párpados, mirándonos abiertamente como si fuera un pálido calamar caído del oscuro cielo.
23 de abril de 2009. Santa Cruz
* Acababa de escribir el texto y de titularlo, cuando buscaba en Internet averiguar si algún otro escrito o cosa tuviera ese nombre, hallando muchos, di con esta noticia que, según se cuenta, ha dado la vuelta al mundo en pocos días. Dice así: «Hace poco descubrieron un calamar gigante con una longitud de 8 metros y que pesaba unos 500 kilos. Los expertos dicen que dicha especie de calamares (Mesonychoteuthis hamiltoni) puede llegar a los 14 metros de largo. Lo sorprendente de este caso es que cuando midieron el ojo de esta criatura, resultó de unas proporciones gigantescas: 11 pulgadas (28 centímetros) de diámetro».
Escritos del Huerto [ Vero Icono ]

Signor mio Gèsu Cristo Dio verace
Or fu sì fatta la sembianza vostra?
Canto XXXI, Paradiso, La Divina Commedia
Este mes no he visto la Luna en su plenitud. Cuando la hallé el Viernes Santo entre las ramas de los olmos, ya era tarde, comenzaba a perder su ánima.
Nosotros veníamos por Diego Portales, desde el puente «San José de la Montaña» del estero Guirivilo.
Tal vez fue ella la que puso luz otoñal en el rostro de Francesco [ ¿o era el reflejo del nimbo de las velas de la sexta estación del Vía Crucis instalada en la esquina de Portales con Barros Grez? ]
Sin embargo nos atrajo la atención las faces de las devotas alrededor del retablo, retocadas por una sombra ineludible.
[ En ese momento pasó una pareja de inspectores municipales con antifaces de mármol silbando una melodía parecida a las flores de los difuntos ]
Fue cuando la Luna se encumbró sobrecogida sobre los olmos como el paño de Verónica.
20 de abril de 2009. Santa Cruz
Señor mío Jesucristo, Dios veraz,
¿Así era entonces tu semblanza?
Canto XXXI del «Paraíso» de la «Divina Comedia».
Escritos del Huerto [ Croissant de Lune ]

Versión definitiva.
Mientras niños y parvularias de la Comuna se juntaban esta mañana bajo las copas de los árboles de la plaza, sobre el césped, a celebrar el Día del Libro Infantil [ mientras príncipes y dragones de trapo dialogaban con ánimas del lugar, que los mayores filmaban con sus cámaras parecidas a sextantes ] la Tierra inclinaba su eje soltando en el cielo nubes leves, brisas suaves y un rocío estelar que humedecía las hojas de las arbustos, las de los libros y las naricillas de los pequeños. Después [ Florencia, Francesco, su nana Carla y yo ] nos íbamos a un restaurante de la calle Cancino a comer merluza de aguas matinales con ensalada de pepinos bañados en aceite de oliva de los oliveros de Lolol, que acompañamos con vasos de vino blanco. Francesco, vestido de arlequín, durante el almuerzo se ocupó de ensayar la onomatopeya inspirada en la figura del caballo negro que vio en el techo que sobresalía al lado izquierdo del escenario de los personajes del guiñol. Al caballo lo escoltaban gruesas letras puestas en desorden, también negras. Cuando anochecía, en el comedor [ mientras esperaban a que yo terminara de hojaldrar y hornear los croissants ] Francesco dio entonces en engarzar sílabas guturales que nos llegaban a los oídos con reminiscencias de antiguas lenguas de Ur. Por vaga curiosidad me asomé a la ventana de la cocina a mirar la noche. Por detrás de los cerros, donde imaginamos las sombras húmedas de la corriente de Humboldt, se alzaba la cuarta creciente de la Luna de otoño. Apenas lo oyó, Florencia comenzó a decir un versículo de la Biblia: «Y vi un caballo negro; y el que iba sentado sobre él tenía en su mano una balanza. Y oí una voz decir: Un litro de trigo por un denario, y tres litros de cebada por un denario; y no dañes el aceite de oliva ni el vino». Ahora desde la cocina viene el aroma horneado de los croisants mientras Francesco le pone pasitos a su caballo imaginario, chasqueando la lengua, en su original comedia de títeres.
02 de abril de 2009. Santa Cruz
Escritos del Huerto [ La Higuera ]

Con la Luna nueva volvía a sentirse en el aire de la noche la presencia de aves, a verse extraños visos, y la dificultad de distinguir las ondas frescas que serpentean anunciando otoño, de las estelas del averío azaroso, si bien se oían [ al menos dentro del pecho ] los golpes de ala de la hora de aojadoras y brujos, por lo que nos guardamos temprano con nuestro Francesco. En lo alto, antes de cerrar la puerta, vimos pasar las constelaciones como bandadas de ángeles que llevan por el cosmos noticias del Huerto.
Cenamos con las cortinas corridas, silenciosos a la luz de una vela.
En los vidrios de las ventanas se estrellaban pequeños blandos cuerpos.
En el comedor el tic tac del reloj de péndulo que perdió uno de sus punteros, se oía como el tranco del viejo de cachava que pasa a medianoche por el pasaje hacia las casas de campo.
Cuando me disponía a levantar la mesa, llamaron desde el cercado.
Era Nuestro Señor que venía por higos.
«La próstata», dijo. «La próstata».
«Sí, claro», y lo invité a entrar a la casa.
Florencia fue al Árbol en cuyas ramas ahora se hallaban los avechuchos.
Nosotros que los vimos desde la puerta de la cocina, alzamos los brazos para espantarlos.
Volaron llevándose los higos.
Nuestro Señor, pálido, cansado, quejumbroso se sentó en el sillón de mimbre de la pérgola. Florencia, solícita, le abrigó la venerable cabeza con un chullo y las piernas con un paño de alpaca.
Arriba, debajo del cielo, el alboroto disputaba los frutos del Vicio y la Concupiscencia.
29 de marzo de 2009. Santa Cruz
Escritos del Huerto [ Palabra contra la Muerte ]

A..esta hora de la noche [ cuando la oscuridad nos torna al punto de partida ] no se me ocurre otra cosa que escribir que al fin de cuentas se está solo, diluido, con la muerte al frente, al lado y dentro, en lo íntimo y en el sueño.
Que sencillamente se vive porque no se tiene más argumento que la estrella que se ve sobre el horizonte cuando se voltea la vista antes de cerrar la puerta de calle y la que se alcanza a divisar sobre el cerro a través del resquicio de la cortina en la ventana, al alba.
Una estrella que posiblemente esté sólo en la retina de los ojos, mojada a veces, o a veces roja o sucia de polvo del camino por el que nos lleva la muerte.
Un camino andado en mi juventud que al comienzo lo vi futuro y con los años ha resultado pasado borroso, hasta el punto en que se me confunde el paso al no saber si vengo o voy y si esta gente ya está muerta o todavía fresca.
La gente no siempre tiene que heder o andar en los huesos ni tiene que ser incorpórea como la brisa helada, para estar muerta.
El hielo que a ratos me estremece me ha puesto suspicaz con mi tiempo, con mi agenda y mi buen día, vecina y mi buen día, vecino.
Mis vecinos al mediodía gentilmente han colgado un cesto con racimos de uva tinta moscatel en el cercado de agudo hierro negro.
El cercado es el linde del Huerto donde Florencia me ve con sus ojos verdes y Francesco estrena sus primeras palabras.
En fin [ para no hablar más de la muerte ] me despido de este escrito con una de su novísimo vocabulario:
Diente.
27 se marzo de 2009. Santa Cruz
El secreto

Aquí estoy de vuelta de vacaciones. Gracias por su comprensión.
Sé que debo guardarlo. Por lo demás, ¿de qué valdría ahora decirlo? A lo mejor, mirándolo bien, ha de haber sido alucinación o imaginación viva de aquel lejano invierno. De cualquier manera, de buena gana me habría desembarazado de su mala compañía ya qué tiempo. Digo «mala compañía» porque me ha hecho medroso en el habla, escurridizo en la amistad y avispado en el sueño, pues es muy capaz de hablar por mi boca cuando duermo.
Como ocurrió una noche de verano [ estación del año en que la gente suele desvelarse ] en que me despertó la sensación en la garganta de un cuerpo que forcejeaba para salir, el que me contrajo el estómago y me dilató la garganta, hasta que finalmente lo arrojé por la boca.
Destemplada sonó aquella voz intrusa en la casa hundida en el silencio de la calurosa noche. Sin embargo nadie la atendió, como no atendieron el resoplido de una lechuza venido desde los lindes. Los durmientes siguieron siendo la oscura cuerda del violonchelo de la nocturnidad.
Mas, ¿cuál es el secreto?
Antes debo decir que el secreto es mi primera experiencia del secreto, el haber oído lo que no debía oír, haber visto lo que no debía ver y haber estado en un lugar a una hora que no correspondía.
Muchas veces he pensado [ como nada está claro acerca de nuestras existencias después de esta vida ] que los secretos se quedan rondando alrededor del cuerpo frío hasta que la brisa que entra por una ventana, los avienta, y se van buscando nueva residencia, porque un secreto ante todo es un ente vivo por antonomasia, a pesar de su carácter agazapado.
Por tanto es importante saber que son bichos malditos hechos para aislarnos.
Es lo que éste ha hecho conmigo.
Lo otro a saber es que son cosas de Dios ya que Dios mismo es un absoluto secreto. Con esto no quiero sugerir que Nuestro Señor es un bicho maldito, pues tal irreverencia jamás saldría de mi boca. Por eso inmediatamente aclaro que los secretos nuestros no tienen nada que ver con la purísima naturaleza de nuestro Creador. Lo mismo ocurre con nuestros espíritus y el Gran Espíritu. Cuando Moisés escribió que Dios nos hizo a su semejanza, quiso decir que nuestro espíritu puede llegar a ser semejante al de Él según nos comportemos, como un gran secreto que se nos va revelando.
Es decir, la tercera cosa importante a saber es que el secreto contiene luz y la luz, que es hija de la oscuridad, sólo se desvela en la oscuridad.
Y lo cuarto y último que se ha de tener muy en cuenta es su naturaleza sui generis, por lo que jamás se evidencian si se llega a revelarlos.
Por ejemplo, si digo que aquella noche de invierno en que despuntaba mi adolescencia, me enteré de que tres de mis tías eran brujas, que las oí mentar conjuros mientras se sahumaban debajo de sus largos faldones negros, y que horas después llegaron sus maridos borrachos, llorando desconsoladamente, buscando el regazo hediondo a humo picante, no me lo creerá nadie, como ocurrió entonces, cuando se los conté a todos los miembros de la familia reunida en la fiesta de San Juan, los que se rieron de la ocurrencia, con los cuellos hinchados, incluso las brujas que venían entrando [ que predijeron mi carrera de escritor ] me abrazaron y me regalaron sus secretos caramelos de los que me hice adicto, especialmente deliciosos cuando participaba de sus domésticos aquelarres.
Pero todo esto [ como se ha de suponer ] se me ha confundido con la literatura.
20 marzo 2009 Santa Cruz
Cifrada solución al enigma del Valle de Nazca

«Quinientos pesos», dijo un rostro de mujer en la penumbra.
Por la vereda di unos pasos antes de abrirlo en las páginas centrales.
En la de la izquierda se hallaba la foto con el artículo y en la de la derecha unas instrucciones dirigidas nada menos a mi nombre, las que yo debía cumplir al pie de la letra.
Inmediatamente junté las hojas para ver la portada, la fecha, el número de edición, que eran el 1 del año I, luego volví a leer las instrucciones.
Era inevitable que yo quisiera saber si había más ejemplares en los otros quioscos. Pero los suplementeros ni idea tenían de su existencia. Una torpeza de mi parte habría sido si los hubiera mostrado el ejemplar que iba perdiendo la tinta.
«Un fantasioso», habrían dicho, seguro.
Volví al quiosco pero confundí la esquina con otras.
Y todo se puso peligroso.
Ahora se trataba de no perder la calma, de plegar el diario y llegar a casa a pedir ayuda.
Mientras el contenido de las hojas desaparecía.
Temeroso de recibir un castigo de una Justicia Inmanente, me senté en un escaño de la vereda a rescatar las palabras del artículo.
La foto ya se había esfumado.
Con dificultad copié las palabras que pude ya que en pocos segundos el diario quedaba convertido en un fajo de cuartillas vírgenes.
Entre las palabras se hallaban algunos nombres de tótem de las Trece Lunas, uno que otro del Olimpo, unos de los animales dibujados en el Valle de Nazca, de las estaciones del año, de fenómenos de la naturaleza y de planetas.
En cuanto a la foto, a decir verdad, no tenía gran relevancia, ni las instrucciones me parecieron muchas, aunque muy extrañas.
De la primera ya se han enterado. En las otras se me pedía que recortara cada una de las palabras con tijera y que echara las tiritas de papel en una calabaza seca [ previamente vaciada de su pulpa y semillas ] luego que las sacara una por una, componiendo oraciones de cinco sustantivos en la mesa, y que no hiciera más comentarios. Que dejara a los espíritus que nos acompañan a que ellos alumbraran la búsqueda de la solución del enigma del Valle de Nazca.
17 de febrero de 2009. Santa Cruz. un Cóndor de [ el planeta* ] Urano perseguía un Colibrí un mientras Halcón de [ la cetrería de ] Artemisa observaba los una Tortuga que venía el con Invierno a cuestas dijo le un a Caracol que en Creciente es cuando oficia [ su ritual ] la Iguana su con alabado seas y venid su venid un entonces Conejo le dijo a la Araña se que cuidara de Saturno el en Arcoiris de Yacumama mientras una sobre extensa Quemadura dibujaban [ sencillas gentes ] Incógnitas Líricas Líneas de Arena estas
Y éste fue el resultado:
una Tortuga que venía con el Invierno a cuestas le dijo a un Caracol que en Creciente es cuando oficia [ su ritual ] la Iguana con su alabado seas y su venid venid
entonces un Conejo le dijo a la Araña que se cuidara de Saturno en el Arcoiris de Yacumama
Originalmente el resultado fue éste:
Oceanus Borealis

Havet *
Jag står framför havet.
Där är det.
Där är havet.
Jag tittar på det.
Havet. Jaha.
Det är som på Louvren.
Göran Palm, de Världen ser dig (1964).
1 de febrero 2009 Playa de Bucalemu.
* Yo estoy frente al mar./ Allí está él./ Allí está el mar./ Yo lo miro./ El mar. Pues, sí./ Es como en el Louvre.
Lamentación de Adán

Traslación del escrito hecho con signos cuneiformes en una tablilla de arcilla que se encuentra en el Museo de Santa Cruz [ en un lugar secreto del museo ] Al pie de la traslación, hecha en 1857, sólo hay un par de iniciales: J.O.
Erzsébet Báthory, a la luz de la séptima luna

El tributo que se paga, sólo corrobora su culpa.
SLAVOJ ZIZEK
15 de octubre de 2008. Santa Cruz




