Helena de Troya, Yeats, Borges y mi tristeza
Dos pares de versos aguardan, buscan ser tema. El primero está relacionado con lo escrito ayer [ mi tristeza por culpa de mi Helena de Troya ], y el segundo, con el tiempo. Y son éstos:
Mas siendo lo que es, ¿qué podría haber hecho? / ¿Había acaso otra Troya para que ella incendiara? [ W.B.Yeats ]
El presente está solo. La memoria / erige el tiempo. [ J.L.Borges ]
La cuestión es elegir entre dos únicas oportunidades, pues no son temas intelectuales sino hechos que se nos presentan en la existencia, así cuando se ve pasar algo sin alcanzar a percibirlo completamente, sin embargo deja el alma vibrando, y hay que saberlo in situ, en el momento, no después ni mañana.
Siempre yo tan confiado, no elijo, hago lo acostumbrado: escribo.
Anoche estaba triste, dicho sea sin pudor. Esta mañana he venido al blog a leer lo escrito, a avergonzarme de la medida de lo desmedido. Sí y no, es mi juicio. Al principio quizás un poco, pero el final, con eso de la historia de Troya, creo salvarme del bochorno. Creo.
La pregunta entonces es inevitable: ¿Cómo es que viene la historia de Helena de Troya a ese instante banal? Sacando cuentas, es lectura vieja, "si ya es una lectura que tiene sus plazos", diría el joven poeta Rowson de Chillán, imitando a don Gonzalo Rojas. Por tanto la relación entre una y otra, es subterránea. Además, la historia griega es una tragedia; la de ayer, aunque al principio se ve triste, resulta, gracias a Troya, un comic, lo que me rescata.
¿Había acaso otra Troya para que ella incendiara?
Es entonces cuando entiendo mejor la función de nuestras lecturas. No son para reproducir la ficción sino para evitarla, para aterrizarnos en el mundo real, aunque no para ir de vientre por el suelo.
Y es aquí donde engarzan, en esta ecología de las ideas, los versos de Borges.
Al principio me parece una invitación a uno de mis temas recurrentes: el tiempo, especificamente a su levedad, a su dudosa condición. Pero luego [ este luego está referido a este momento de escritura, no antes ni después, sino durante esta escritura ] comienzo a comprender que la Guerra de Troya, cuya causa es el inconstante amor de la bella Helena, ocurre en este presente, pues el pasado siendo sólo erigido por la memoria, no existe, en consecuencia la Guerra de Troya es de ahora. Lo que ocurre es que tú, lector, y yo, escribidor de blog, somos testigos de una versión de esta guerra, porque toda guerra es según la cuenta el testigo y según la lee el lector. Por tanto, mañana [ o sea, en cualquier circunstancia ], o en cualquier momento [ pues todo va en círculo en este constante presente], volvemos a saber de ella, en una versión más, una de tantas según la persona que la vive o la presencie.