Una nariz en exilio

Cuando llegué a Suecia en 1983, los revolucionarios chilenos que huyeron inmediatamente después del golpe de estado, habían renegado de su política y jerarquizado el exilio según los apellidos.

Si era Pérez o Huenchuñir, el exiliado tenía que resignarse a continuar su militancia comunista o a integrarse en algún comité de solidaridad con los llamados pueblos originarios. En cambio, si tenía un apellido parecido a Maccherone, o parecido a Vanadic o Asnar o Verdugo o Churreta, tenía la chance de aspirar a pasar al nivel de los tránsfugas, si damos a las cosas su nombre.

No diré que todos estos Maccherone o Vanadic o Asnar o Verdugo o Churreta, estaban de acuerdo con este orden, pero una parte de ellos, la dominate, la enquistada en la sociedad sueca, había logrado imponerlo, a tal punto que impedían a los Pérez y Huenchuñir acceder a beneficios de la sociedad, mal recomendándolos ante los funcionarios de la burocracia estatal.

La mayor parte de estos ilustres, había sido de la extrema izquierda, dedicada durante los tres años del Gobierno Popular, a aportillar los programas de Salvador Allende, con acciones hoy consideradas terroristas, lo que, junto al sabotaje de la derecha, agregó justificaciones a EEUU para maniobrar la cúpula militar y dar el golpe de estado.

Pero de aquel pasado, estos lejanos descendientes de europeos, nada querían saber, únicamente de los apellidos.

Hubo uno que viajó a España a rastrear su árbol geneológico. Gastó mucho dinero para saber que su descendencia era conocida dentro del bandolerismo y que algunos de ellos habían sido echados a las galeras reales encaminadas a América.

Dado el traspié, este señor prefirió aceptar de buen grado su chilenidad, teniéndola por gran honor.

Había otro que aseguraba ser descendiente del fundador de una república española.

Era el que enriscaba la nariz para decir: «A estos rotos los huelo a distancia».

Hasta que no resbaló en el hielo, desplomándose, tan torcidamente que prensó la nariz en la fría y dura realidad del suelo.

Le tuvieron que modelar una a lo Michel Jackson.

Hoy la situación es muy diferente, porque la descendencia de inmigrantes es muy variada; mezclas de amerindios con suecos, árabes, polacos, rusos, finlandeses, etc, lo que deja convertida la piramide social basada en los apellidos, en un ruma de basura, o mejor dicho, en lo que siempre fue, y porque se tiene clara consciencia de que la mentalidad colonizada o colonialista es otra versión del racismo, que tanto daño ha causado. Por tanto ya ni siquiera es tema oportuno a conversar en una sombremesa, y si hubiera alguien que lo hiciera, se burlarían de la nariz entremetida y tonta.

14/02/2006 16:00.

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