La gripe aviar de los ángeles
Hoy he bajado al lago, porque me hallo en estado de depresión. En esta región se contagia uno de ella como de la influenza; es la gripe aviar de los ángeles.
El lago se ha congelado nuevamente, y está enteramente blanco por la nieve caída esta mañana.
Todo es blanco.
Cisnes y cornejas, enteramente, de igual a igual.
Blancos también los ocres techos, la estoica hierba, las ramas de árboles y arbustos, las que simulan ser coral de la albura.
Y el suelo, el camino, la huella, el vaho del aire, todo blanco.
Blanco como la amnesia.
Inevitablemente vino la pregunta:
Si el ambiente condiciona, ¿cómo se ve el alma, nuestro corpus subliminal?
Es cuando vuelvo al estado original: la depresión.
¿Qué es lo que nos arrastra al fondo? ¿Es acaso por escondernos de la goma que borra todo?
Recuerdo haber escrito hace mucho tiempo este poema:
Tormenta
La tormenta de nieve cambia el paisaje
Casi no se distingue una catedral de un museo
Un banco de una pizzería
Un árbol de un hombre
Pronto la ciudad es pura blancura
Cantos fundidos con los cantos del mundo
La realidad con la nada
Como si todo lo que se hubiera escrito
Lo borraran
Salvo quien subsiste como una i
De una palabra mal borrada
98.10.4
En el poema Madrigal, de José Lezama Lima, leo:
el niño que se ha quedado detenido frente a los encantamientos
de un caballo blanco
se apresura en su dulce memoria de lunares
a evocar sus regalos para ingresar en la nieve...
Es decir, en la hora de la homogeneidad, se ha de tener presente lo que se nos ha dado, pues es nuestra identidad.
En las notas, se nos recuerda que el lunar es signo de identidad entre la nieve.
En Paradiso, el autor cubano escribe:
El lunar del conejo es su vida en la nieve, si no lo homogéneo lo destruiría [...]
Y de Fina García Marruz, en su Por Dudor de José Lezama Lima, según la nota, se lee:
El lunar negro lo recobra de la nieve, pero también lo señala para la muerte.
En fin, el replegarnos sería, según el modelo y la imagen, o sea, la vida y la poesía, la respuesta al medio por remarcar la individualidad, encerrando el alma, el corpus subliminal, aunque esta acción nos duela, incluso expongamos la vida.
Es lo que he pensado cuando venía de vuelta del lago, abrigado con sobretodo, pantalones, botas, gorro, bufanda y guantes negros.