La verdad en el amor

[...] es atroz pensar
que no se corresponden en nosotros los cuerpos con las almas...
FRANCISCO BRINES
Nada sé del amor porque nada sé de mi alma [ y de las almas con las cuales he dormido o he andado de la mano por plazas y calles agitadas de gente y automóviles ] De ella sólo he sentido su vaga presencia, su escurridiza facha, un soplo tembloroso moverse en mi cuerpo. El resto es pura imaginación, ensueño, mirada, olvido. Sin embargo he dicho amor con estas palabras, con las mismas que se oyen en las calles o en los bares o en las reuniones. ¿Acaso hay otras que no sean éstas las humanas? Vosotros que leéis este escrito, estaréis de acuerdo conmigo: Pareciera triste, triste no saber nada del amor, aun más cuando se ama o se cree que se ama. Porque el cuerpo se apega al otro, busca, lo fricciona, dolido de saber que es el impediente del amor, la causa de la ignorancia. Al fin, apagado el encendimiento, os miráis a los ojos, detenidos, brillantes, profundos como el cielo que calla. Entonces con la mano la rozáis en la mejilla, como si quisierais cercioraros que la imagen luminosa alucinada pudiera ser [ por un instante de gracia ] real, a sabiendas de lo que hallaréis en el rostro reposado en la almohada: suave piel, dulces pupilas, rojos labios apagándose. Tal es mi estado, sin embargo amo, amo, aunque nada sé del amor, una humildad que alienta mis besos, mis manos y la ternura de mi cuerpo. Es lo que sonriente me digo cuando voy de la mano de ella por las calles, contento del silencio que elegimos para decírnoslo.
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Autor: Gabriela
Fecha: 29/08/2006 12:48.
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