La Nada sueña conmigo

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¿Cómo puedo decir he soñado sin que mi voz se pierda en el infinito repicar de sueños que deja la duda de quién es el que sueña? Ecos entumecidos de alba serían las voces de lo narrado a través de las innumerables esferas de la Nada.

Es que he soñado con un río que subía a la montaña contra la costumbre de este lado del planeta

«Por esta majada del mundo», me dije en un murmullo despabilado, «los ríos bajan de la montaña confundiéndose con otros ríos como el viento puelche que se confunde con las brisas del valle de Ñuble».

Fue así como me vino la duda, pues el ambiente de la noche recién dejada me parecía más real que el enceguecedor del día, y necesariamente tuve que aceptar que la costumbre es una palabra que uno ha oído alguna vez en algún lugar que bien pudo haberse soñado.

Pero, ¿en qué sueño, en qué recodo del peregrinaje?

No vale la pena insistir, pues es una interrogante que se contempla a sí misma. Ella es Narciso y fuente.

Aun cuando de ella he aprendido algo: nunca mis ojos dejan de estar abiertos.

O hacia el exterior, o hacia el interior, así no tenga sentido decirlo, pues en el espejo las palabras no tienen reverso ni anverso.

Como decía, he soñado con un río que subía a la montaña contra la costumbre de este lado del planeta.

Negada me ha sido la respuesta, y no hay cómo resolver la duda.

Mas no he cruzado en vano este escrito, pues gracias a él sé que la Nada es el espejo donde se vive.

O sea, nunca dormidos, aunque dormidos, y nunca despiertos, aunque despiertos.

La Nada sueña conmigo y yo, con el río.

17/09/2006


Los huesos del silencio 

A mi hermano Luis Eduardo

De angustia parece ser el silencio, o de olvido, después de apartar de uno los ojos que nos miraban, o de abandono tras las exequias.

O de lo que deja la mosca al pasar por entre los vivos y los muertos.

O de solitario astro en la poza junto a la tumba.

Angustia he sentido después de cerrar el libro y de terminar mi escrito.

Y ahora, ¿al Cielo he de elevar la vista, al silencio de Dios?

¿Cómo es que leyeron en su página en blanco, los profetas?

Muertas están las palabras en la playa del Ser.

De angustia parece ser el silencio.

Mas yo continúo anotando lo acontecido en este día, porque ando escaso de sosiego y ruta y esperanza.

Y escribo como si juntara huesos de una tumba clandestina.

Eso es todo. O sea, mera angustia, o si queréis: únicamente silencio.

21/09/2006


Telología rústica

Al Santuario de Shoestant, Chillán Viejo.

Las primeras noticias acerca de los dioses, recuerdo haberlas oído un día de infancia, a la hora cuando la Tierra era abandonada por el Sol. Desde el estero subía una brisa ácida, pegajosa; revoloteaban murciélagos por entre las acacias polvorientas. Eran dioses vulgares, viciosos de chismes y supersticiones. Apenas se diferenciaban la vida y la muerte en los rostros de la tertulia. Tuve que encogerme, esconder mis huesos. Rota la realidad, la noche cayó completa y mojada. Me acuerdo que una luz de vela me iba alumbrando el paso tembloroso por cuartos y pasillos habitados por ánimas y susurros. Sonó una puerta, vi un patio, y en el patio, un árbol cuyas ramas se perdían en las sombras de la Luna. Lo que se me apareció en aquel lugar húmedo, no se distinguía bien; dios o diosa o ángel o sólo reflejo mío en el vaho que flotaba sobre el pasto. Lo cierto es que los dioses que vinieron después, algo han tenido de aquello: quietos, siempre, como con aire de olvido, pero prontos a huir de uno.

21/09/2006

17/09/2006 02:19.

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