En el linde de los hemisferios celestes

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En algún momento del viaje, cruzaríamos el incierto linde solar de los hemisferios celestes. Para verlo había puesto toda la vigilancia en los relojes. Sin embargo, nuevamente lo sentía escurrirse en los pocos segundos que dura la conjunción de la rotación de la tierra y el vuelo. Era una inesperada niebla por los costados y una nube extensa, espesa y gris debajo del avión, sobre el Atlántico, las que me lo negaban.

Me recosté en el asiento y cerré los ojos, decepcionado, aunque sólo por un instante. Al abrirlos, vi en la ventanilla, la noche sobre el extenso cúmulo. Mientras en la del otro lado, veía el alba de oriente, pálida luz derramada sobre la ennegrecida nube.

Giramos, levemente, y en algún momento del efímero tránsito, en la punta del ala brillaron los primeros rayos del Sol de la mañana.

¡Qué visión de dioses!

Sin embargo humana, porque el ánimo [ aun cuando se hallaba maravillado ] seguía estando en el linde de hemisferios contrarios, en el diálogo de las dudas y las certidumbres,  marcado por el profundo rastro de idas y venidas, mientras el avión rutilaba en la claridad que nos traía hacia la hermosa vieja Europa.

Lilla Essingen, Estocolmo. 02 Nov. 2006


Como olvidado por Dios

Esta tarde nuevamente he andado solo. He visto el Sol, el vuelo de los patos silvestres, el paso de una nube hacia el Mar Báltico y la caída de una hoja de arce, la misma que vi caer del árbol frente a mi casa de Chillán, antes de dejarla. Algunas personas se me han acercado y me han hablado. Yo les he respondido con lo único que me queda: esta mirada. Después anduve por placenteros lugares y calles cuyos nombres reconozco adonde vaya: Libertad, O'Higgins, Claudio Arrau, Carrera, Dieciocho, Plaza de Armas. Al llegar a este último lugar, alegre me sentí porque me salieron amigos al encuentro a abrazarme. Me decían: «Harold, ¿qué te ha ocurrido?», porque ellos sí que sabían leer en mis ojos. Entonces yo les respondía: «Es que no puedo hallar mi casa». Asombrados me miraban. Y cuando se disponían a darme las señales, ya era noche y ventisca en Estocolmo, por lo que tenía que seguir mi camino a tientas, ciego, ciego, como olvidado por Dios.

Lilla Essingen, Estocolmo.17 Nov.2006


Si esta noche sueño contigo

Si esta noche sueño contigo, mi amor, quisiera pedirte que nos detuviéramos por un instante a contemplar el dormido; darnos tiempo, acercarnos, que le susurres terneces; no estaría de más que le pasaras la mano por el cabello mientras yo le acomodo los cobertores y la almohada; incluso, si tú quisieras, podrías, ya dispuestos a salir a dar nuestra acostumbrada caminata nocturna, besarlo en la mejilla o en la frente, en gratitud de nosotros dos. Después, tarde después, cuando hayamos regresado, antes de despedirnos en su huerto, antes de disiparnos,podrías esperar, quedarte un rato más [ amor ¿qué es un rato en el sueño? ] para acicalarlo, secarle el dorso, los brazos, pues húmedos estarán de la celeste niebla. Es que quiero que lo acompañes a cruzar el alba, a entrar en el día, pues su vida está hecha de tu visita en el sueño y mi vigilia.

Lilla Essingen, Estocolmo.18 Nov. 2006


El cisne

Hoy el Sol pasó lejos de la ciudad, por sobre los campos,pálido, agripado. Una brisa se levantó, me sacudió los cabellos, tuve que apartármelos de los ojos. Los arbustos encogieron los hombros. Las leves olas del lago venían hasta a la orilla, a marcar sus celosos lindes. La Luna apareció detrás de una colina, ni siquiera esperó a que el cielo estuviera completamente oscuro. Ahí estaba, un seno que a la noche se le había escapado de la blusa. De pronto resplandeció un cisne. Su blanco plumaje él lo desplazaba en la tersa y azulosa agua del lago, encogido el cuello, como poniendo la interrogante en medio de la retórica.

Lilla Essingen, Estocolmo.19 Nov. 2006


La mano del Mago

Mi mano, hecha un cuenco, la he sumergido en el lago y la he sacado rebosante de agua. Al acercarla, veo en ella el cielo de otoño, en el cielo de otoño, una nube, y en la nube, una ligera, trémula, cimbreante rama de arce vestida apenas con una hoja. No saciaría mi sed ni que me llevara siete veces el cuenco a los labios. Cuando voy a dejar escurrir el agua por entre los dedos, veo a mi Eva que se baña en la íntima poza del lago de la mano. Un brisa siento venir por entre los troncos de los árboles. Pronto caerá la última hoja de otoño.

Lilla Essingen, Estocolmo. 22 Nov. 2006

02/11/2006 10:39.

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gravatar.comAutor: Harold

Qieridas visitas: espero continuar en este blog sin problemas. El Caso Almudena, que al fin se trataba de un ex amigo, está aclarado. Disculpen todas las molestias. Bienvenidos!

Fecha: 02/11/2006 11:07.


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