Crónica del viento en la isla, del buque fantasma y de la muchacha cuyo nombre hay que decirlo delicadamente, como se dice flor

Anoche el viento anduvo dando vueltas por la isla; primero estuvo en la playa de los agracejos; a nadie le cuesta reconocer el sonido de ramas secas de los arbustos cuando las refriega en las rocas que hacen de embasamiento de los edificios; después se fue a los botes; mástiles y jarcias, unos con otras se azotaban; abajo, el agua hacía glog glog al golpearse en las panzas de los navíos. Comprendí, entonces, que me hallaba más en el sueño que en el desvelo, de otro modo no hubiera sabido que en cuanto giraran las constelaciones boreales hacia la morada de Dios [ pues quedan abiertas las puertas del Desamparo ] el viento se vendría calle arriba, esquivando las brisas solares que revolotean alrededor de las luminarias de neón, y que subiría hasta los bloques de apartamentos a descifrar, como suele intentarlo en las horas nocturnas, los códigos secretos de la entrada, inútilmente, porque las hojas secas de los arces los ocultan en las madrigueras de lo Inaccesible. Ceñudo, envuelto en su capa pluvial, endilgó hacia el parquecito de los abedules donde merodean metáforas y patos silvestres. Verde se le puso la cara con la luz de la Luna que invernaba en la chimenea de ladrillos del asilo de ancianos. Arrogante, se pasó por el cuero la mano helada de sí mismo; enseguida comenzó a silbar una canción mortecina, sucia de escamas. Nos cruzamos cuando yo bajaba al lago a embarcarme en el primer buque fantasma que pasara, en pos de mi hogar del otro lado del mundo. Me puso facha de saludo, pero lo dejé con la noche en la boca. A lo marinero borracho, desde la esquina, me gritó: «¡Linda chica, eh!» Enseguida me silabeó el nombre de ella. Estuve a punto de volcarle los canastos de pescados que había puesto sobre una red petrificada. Dijo algo más; me parece que musitó el nombre de la joven, esta vez delicadamente, como se dice flor. Sollozar, lo sentí, creo, no sé, no puedo asegurarlo ¿qué sabe uno de las sensibilidades del viento? Lo cierto es que de aquella oscuridad vino la garúa que entristeció las velas del buque fantasma y que lo hizo naufragar en las aguas de mis ojos, por lo que tuve que volverme, a ver si hallaba otra manera de salir de la isla. En casa no pude entrar al mismo sueño, pues el viento se había ido por el Mälar, aguas arriba, en su navío de frío y niebla, y el sueño que vino enseguida, el de antes del alba, no lo recuerdo ¿Quién recuerda esas imágenes sobre expuestas al rocío? Y aquí estoy, con el diario en la mesa del desayuno. Una noticia dice que el viento anda por Noruega cazando alces. Al lado de ésta, la historia de la muchacha del dulce nombre, la que espera al amado en un rincón del planeta, con un pote de su miel y con su flor de musgo, y debajo de la crónica, un anuncio de navegación: Buque fantasma zarpa esta noche, siempre y cuando.
Lilla Essingen, Estocolmo.
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Autor: ramon hano
Fecha: 26/11/2006 15:34.
Autor: soy de harold
Fecha: 29/11/2006 19:50.