La morada del Mago

Cuando abandono un sitio, de inmediato siento venir con premura partículas dispersas; siéntolas agruparse, cohesionarse, llenar enteramente el espacio vacío, no vaya a ser cosa que me arrepienta y vuelva. Son fantasmas o espíritus arrollados por automóviles que se reintegran.
Y es un oscuro sentimiento, porque no sólo se ocupa mi sitio, sino, además, se sacramenta una muerte mía.
Es que el alma de un mago no tiene morada, es errante. Es alma que se encarna en cuerpos inútiles y apócrifos.
Desposeído, solo, desnudo, huyendo de las hogueras de los pobres burgos que temen mi mirada, mi modo y mi palabra, voy.
Lo doloroso de todo esto, sin embargo, no es el fuego de las gentes, sino la pasión con la cual a veces yo mismo me quemo, cuando la magia se vuelve en contra, entonces arde mi íntima morada, dejándome abandonado en el abandono.
No otra es mi vida, y en los siglos que llevo, nunca, esta muerte periódica, ha sido otra.
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Autor: Exodus
Fecha: 23/12/2006 12:02.
Autor: Pilar
(que el mago nos ayude con sus vistudes)
Fecha: 10/01/2007 23:15.