Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2006.
Resumen
- 10/08/2006 01:08 - Ahora Helena de Troya hace arder la Troya de Homero*
- 24/08/2006 01:18 - El árbol del tiempo y su sombra
- 28/08/2006 20:13 - La verdad en el amor
10/08/2006
Ahora Helena de Troya hace arder la Troya de Homero*

A los agresores
Humo sale de la primera palabra que escribo sin saber yo aún si es señal de guerra o fricción del tiempo o incendio en la sangre a la que se allegó un beso. Esto porque me he venido acostumbrando a la premonición de mis escritos de blog. Si no lo creéis, vedlo con vuestros turbios ojos: así me fue anunciado el amor, así mi viaje y así los gritos y las piedras del despechado que perdió a la princesa que había reducido a sirvienta. ¿Acaso vosotros no me quisisteis extranjero? ¿Acaso pensasteis que mis ideas eran las más peligrosas y no mi poesía? ¿Acaso no visteis el brillo mantenerse intacto en mis ojos cuando estuvieron nublados de lágrimas? Mis pupilas no son vuestros espejos sino del Cielo que alcancé en la sublimación del dolor de la carne, del alma y del desagarro de la historia natural de mi país. Amo, amo a la Helena de esta Troya hecha de patriarcas, desaparecimientos, matanzas y exilios. La amo, es lo que os he dicho en medio del martirio, y quiero que lo sigáis teniendo bien sabido. Y todavía más, contra mí no podéis luchar porque desde este momento la lucha será entre vosotros mismos y en vuestras consciencias. Y concluyo, humo salió de la primera palabra y humo de la última que escribo, pero este humo es como del incensario, porque ella y yo ya nos desposamos en mi cuarto, sin más guardianes que la lluvia y el viento en los vidrios de los ventanales, siendo la estufa y ellos los mejores testigos de la intimidad de los besos, los abrazos y las sábanas. Y no hay otro Homero que se las cuente que yo mismo, porque ésta ha sido otra Troya, aunque probablemente sea la misma Helena de un constante ahora.
* Este texto fue escrito el día 4 de agosto. No lo puse en mi blog por andar en otras ocupaciones. El asalto a mi hogar, el vandalismo que cometieron los cuatro agresores y los golpes que me propinaron durante aproxidamente una hora, antes que llegaran los carabineros, ocurrieron el día 6, entre las 05:00 y 06:00 hrs. Ellos venían por ella, sin embargo ella prefirió quedarse a vivir conmigo.
24/08/2006
El árbol del tiempo y su sombra

Al arce de Avenida Brasil que veíamos desde del dormitorio del departamento de Avenida Libertad, Chillán.
Hoy he visto el tiempo, es un árbol plantado en la quemadura de las cosas, por el roce y las miradas [ las cosas desaparecen pero sus heridas coagulan, formando una, y es como un abismo donde además anidan aves escapadas de las palabras, voces sin lengua materna ] Y lo he visto cuando pensé en la muerte, aquel desamparo, esa ventisca que se viene encima, encaneciendo el aura que nos guarda como ángel sin alas. Arriba estaba yo, mirándome, como si hubiera llorado, incrédulo, solo, muerto por dentro, otro árbol, en cuyas ramas secas se posaban los recuerdos, encogidos por el frío y la violencia de la ventisca. Sin embargo un brillo tenían mis ojos: el sereno color de la nada, esa sombra del tiempo.
28/08/2006
La verdad en el amor

[...] es atroz pensar
que no se corresponden en nosotros los cuerpos con las almas...
FRANCISCO BRINES
Nada sé del amor porque nada sé de mi alma [ y de las almas con las cuales he dormido o he andado de la mano por plazas y calles agitadas de gente y automóviles ] De ella sólo he sentido su vaga presencia, su escurridiza facha, un soplo tembloroso moverse en mi cuerpo. El resto es pura imaginación, ensueño, mirada, olvido. Sin embargo he dicho amor con estas palabras, con las mismas que se oyen en las calles o en los bares o en las reuniones. ¿Acaso hay otras que no sean éstas las humanas? Vosotros que leéis este escrito, estaréis de acuerdo conmigo: Pareciera triste, triste no saber nada del amor, aun más cuando se ama o se cree que se ama. Porque el cuerpo se apega al otro, busca, lo fricciona, dolido de saber que es el impediente del amor, la causa de la ignorancia. Al fin, apagado el encendimiento, os miráis a los ojos, detenidos, brillantes, profundos como el cielo que calla. Entonces con la mano la rozáis en la mejilla, como si quisierais cercioraros que la imagen luminosa alucinada pudiera ser [ por un instante de gracia ] real, a sabiendas de lo que hallaréis en el rostro reposado en la almohada: suave piel, dulces pupilas, rojos labios apagándose. Tal es mi estado, sin embargo amo, amo, aunque nada sé del amor, una humildad que alienta mis besos, mis manos y la ternura de mi cuerpo. Es lo que sonriente me digo cuando voy de la mano de ella por las calles, contento del silencio que elegimos para decírnoslo.