Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2006.
Resumen
- 08/02/2006 05:21 - El lago se ha congelado
- 08/02/2006 05:54 - La hija de Iván Pavlov
- 08/02/2006 21:38 - Helena de Troya
- 09/02/2006 09:52 - Helena de Troya, Yeats, Borges y mi tristeza
- 10/02/2006 10:23 - Como si Immanuel Kant presenciara el congelamiento de la cosa en sí
- 11/02/2006 09:53 - La asepsia es la filosofía de hoy
- 12/02/2006 18:33 - Mientras espero a Godot, contemplo mis zapatos rotos
- 13/02/2006 16:59 - En busca del gato Hermes
- 14/02/2006 16:00 - Una nariz en exilio
- 15/02/2006 14:39 - La reverencia oculta de don Mario Vargas Llosa
- 16/02/2006 23:10 - La asombrosa veleidad de las palabras
- 20/02/2006 11:47 - Origen de un poema
- 21/02/2006 12:38 - La gripe aviar de los ángeles
- 22/02/2006 10:44 - A los poetas de Salamanca
- 23/02/2006 12:58 - «Una rosa es una rosa»
- 28/02/2006 10:28 - Los malos libros y el rayo
08/02/2006
El lago se ha congelado
Se nos ha congelado el lago.
Las aves acuáticas se reúnen en la poza que se cría en el cangrejal, junto al puente de la isla. Los reflejos de las luces de los edificios de la lejana costa, ruedan con sus patines de luna hasta donde estoy con las manos en los bolsillos del abrigo, echando vapor por la boca, como si el fondo del lago, libre de hielo, a través de mí respirara.
Quisiera decirte que estoy melancólico porque he dejado de extrañarte.
Es triste, porque cuando me vaya a casa, este lugar quedará completamente congelado, sin aliento. Así te quedas.
En cambio yo me quedo con el recuerdo de haberte amado y con los poemas que me inspiró este sentimiento, no tú.
La hija de Iván Pavlov
Hace un tiempo leí en El Mundo, de España, esta corta noticia:
La hija del famoso académico y fisiólogo soviético Iván Pavlov, Valentina Yermakova, dedica su vida a salvar perros, en un acto de penitencia por los sacrificios que había practicado su padre en aras de la ciencia.
Casi saltaron los ojos de las cuencas mientras la leía. ¡Pobre aquella hija! Fue la inmediata reacción al enterarme del hecho. Después vino la impotencia de no poder hacer nada para sacarla de ahí o aliviarla en la tarea injusta autoimpuesta. Y ocurriendo como con la lectura de las malas noticias, la dejé de lado, pero no del todo, aquí ven.
¿He de ser torpe y decir que me recuerda un personaje femenino de comedia griega?
Sí, y como el científico Iván Pavlov, voy a experimentar no directamente con Valentina sino con su historia, porque me he puesto a pensar en Antígona convertida en lazarillo de Edipo, so riesgo de llevar el caso de la mujer rusa a un tópico literario, es decir, un tema viejo, repetido: el destino de una hija condenada a sufrir por la ceguera del padre.
Es todo lo que andaré por este camino, y giro.
¿Qué debo hacer para no condenar a mis hijas a un destino trágico? ¿Cómo puedo prever las consecuencias de mis actos? Si es imposible preverlo, ¿cuál es la actitud correcta en este camino a ciegas para evitar daños en el futuro? O puede ser entonces que la aparente superchería religiosa sea la actitud sabia: ama a tu prójimo como a ti mismo.
Para Pavlov los animales no eran más que animales, así como para los esclavistas estadounidenses los esclavos no eran seres humanos. Si el científico ruso pensaba en que con sus experimentos ayudaría al prójimo, se equivocó, pues estuvo ciega su mente al no ver la delicada ecología del orden del mundo.
¿Cuántos de nuestros ilustres científicos piensan como Iván Pavlov?
Recuerdo una historia de una expedición al pasado, creo que es de Ray Bradbury.
Es la era de las enormes bestias, de los árboles altísimos y los volcanes. Uno explorador pisa una mariposa, se dan cuenta de ello en la casa del presente. En la suela de la bota asoman las alas del insecto triturado, mientras escuchan en la radio la noticia que anuncia el triunfo de Adolf Hitler en la elección al gobierno de Alemania. Los compañeros miran acusadores al torpe expedicionario.
Si Iván Pavlov pudiera ver las consecuencias de sus experimentos, haría como Edipo cuando descubrió su crimen:
Gritando así se punzaba los ojos una y otra vez...
Helena de Troya
No, por más esfuerzo que hago debo aceptar que esta noche estoy triste. Primero lo pensaba cansancio, luego, fastidio, después, enojo, pero no, es tristeza.
La tristeza. Y no se piense en la tristeza de los diccionarios ni la de los psicólogos sino de mi tristeza.
Mi tristeza es ésta:
Porque los amigos, sin dirigirte la palabra, te están insultando, porque leen tus palabras como si fueran sus palabras, porque te hacen bromas para expresar cariño, porque lo que dices no es lo que dices aunque hay algo de lo que quieres decir, sin embargo insisten en no estar de acuerdo aun cuando repites que te han malentendido, y porque vuelven con las bromas para expresar cariño.
Ésa es mi tristeza.
Y porque cuando vengo a casa pongo el mismo disco, Le tue parole, cantada por Andrea Bocelli, que habla del lugar donde el sol muere y donde el viento descansa, y donde se hallan todas palabras de los que han estado enamorados, y porque ahí quisiera echarme a dormir. Y lo pongo porque de niño me hicieron difícil la tristeza, así con ponérmolo a escuchar, me trago las lágrimas.
Y lo peor, me pongo aún más triste.
Pero no por la canción, sino porque me acuerdo que llegué fastidiado adonde los amigos sin saber nada de ella.
Por eso andaba triste.
Pero más triste porque mis amigos querían divertirme y yo los he rechazado.
¡Qué tristeza! Es como la historia de Troya. ¡Todo se ha ido al diablo por ella!
Y excúsenme.
09/02/2006
Helena de Troya, Yeats, Borges y mi tristeza
Dos pares de versos aguardan, buscan ser tema. El primero está relacionado con lo escrito ayer [ mi tristeza por culpa de mi Helena de Troya ], y el segundo, con el tiempo. Y son éstos:
Mas siendo lo que es, ¿qué podría haber hecho? / ¿Había acaso otra Troya para que ella incendiara? [ W.B.Yeats ]
El presente está solo. La memoria / erige el tiempo. [ J.L.Borges ]
La cuestión es elegir entre dos únicas oportunidades, pues no son temas intelectuales sino hechos que se nos presentan en la existencia, así cuando se ve pasar algo sin alcanzar a percibirlo completamente, sin embargo deja el alma vibrando, y hay que saberlo in situ, en el momento, no después ni mañana.
Siempre yo tan confiado, no elijo, hago lo acostumbrado: escribo.
Anoche estaba triste, dicho sea sin pudor. Esta mañana he venido al blog a leer lo escrito, a avergonzarme de la medida de lo desmedido. Sí y no, es mi juicio. Al principio quizás un poco, pero el final, con eso de la historia de Troya, creo salvarme del bochorno. Creo.
La pregunta entonces es inevitable: ¿Cómo es que viene la historia de Helena de Troya a ese instante banal? Sacando cuentas, es lectura vieja, "si ya es una lectura que tiene sus plazos", diría el joven poeta Rowson de Chillán, imitando a don Gonzalo Rojas. Por tanto la relación entre una y otra, es subterránea. Además, la historia griega es una tragedia; la de ayer, aunque al principio se ve triste, resulta, gracias a Troya, un comic, lo que me rescata.
¿Había acaso otra Troya para que ella incendiara?
Es entonces cuando entiendo mejor la función de nuestras lecturas. No son para reproducir la ficción sino para evitarla, para aterrizarnos en el mundo real, aunque no para ir de vientre por el suelo.
Y es aquí donde engarzan, en esta ecología de las ideas, los versos de Borges.
Al principio me parece una invitación a uno de mis temas recurrentes: el tiempo, especificamente a su levedad, a su dudosa condición. Pero luego [ este luego está referido a este momento de escritura, no antes ni después, sino durante esta escritura ] comienzo a comprender que la Guerra de Troya, cuya causa es el inconstante amor de la bella Helena, ocurre en este presente, pues el pasado siendo sólo erigido por la memoria, no existe, en consecuencia la Guerra de Troya es de ahora. Lo que ocurre es que tú, lector, y yo, escribidor de blog, somos testigos de una versión de esta guerra, porque toda guerra es según la cuenta el testigo y según la lee el lector. Por tanto, mañana [ o sea, en cualquier circunstancia ], o en cualquier momento [ pues todo va en círculo en este constante presente], volvemos a saber de ella, en una versión más, una de tantas según la persona que la vive o la presencie.
10/02/2006
Como si Immanuel Kant presenciara el congelamiento de la cosa en sí
11/02/2006
La asepsia es la filosofía de hoy
¿Por qué no atreverse a caminar por el lago congelado?
El aroma del hielo es embriagador, su aliento, la leve neblina que exhala, y su advertencia tácita: frágil el terreno como es el minuto en el cual das el paso.
Mi paso es fugaz, frágil mi sentido y lo sentido. Precisamente en este momento lo confirmo, al escribirlo.
¿Existió?
La temperatura sube, la superficie helada suena a desilusión.
Frágil es también el mundo, sobre todo la vida en el avión, o en el ferrocarril.
El mundo tiene una bandera y, en la bandera, un símbolo, la copa que indica frágil.
Frágil el matrimonio, la familia, la amistad.
El amor... a una estalactica se compara.
Y todo el mundo sólo piensa cómo asegurarse, protegerse e inmunizarse. La filosofía de la asepsia [ ahora recuerdo haberlo leído del filósofo Peter Sloterdijk ], y por esta asepsia, sacrificamos la libertad, aquel "mal negocio" que reprochábamos a los llamados países del Este, al "socialismo real".
Mas aquello es tema inoportuno y, si se quiere, olvidado.
Los gobiernos, los reyes, los papas y los sistemas pasan y sus obras desaparecen.
A la tumba, "allí van los señoríos derechos se acabar y consumir".
Relativo es el apoyo a los partido políticos.
Tremendos márgenes de error se permiten las encuestas.
Nadie cree, creen.
Las estaciones del año se han corrido.Tan absurdo como que nieva en el desierto y un sol de trópico derrite los glaciares.
También el Cielo, que se nos ha alejado años luz de las oraciones. Detrás de las estrellas, se supone.
Frágil es la salud del individuo y de la Humanidad.
Los genes nos confuden.
¡Por fin no hay verdades ni mentiras!
Sí, la filosofía de hoy es saber que pese al enorme desarrollo científico-técnico, somos tanto o más vulnerables que en el tiempo del mamut y del tigre de los colmillos de sable. Un virus nos mata.
Por eso ha resultado práctica, fría, frágil como la superficie congelada del lago.
Sin embargo, a veces nos atrevemos."Este es un pequeño paso para el hombre; un salto gigantesco para la Humanidad".
12/02/2006
Mientras espero a Godot, contemplo mis zapatos rotos
Uno, al parecer, ha de tener mucha rabia o mucha pena para escribir. Porque cuando se tiene el corazón alegre, de la risa, o del puro goce, uno se va a acostar muerto de sueño.
No es el caso mío. Estoy como esperando a Godot.
En este estado, se me ocurre pensar en los zapatos. Ya la suela está fallando. Los compré en mi viaje a X. Pagué mucho dinero.
No me gusta ser engañado, pues me ha costado tanto volver a tener fe en la gente después de los meses de tortura en ese país, durante su dictadura.
Pero para qué quiero estos zapatos. Mañana compro otro par.
Pensando en los malditos zapatos, me ha dado coraje, y pronto llegará tristeza. Apenas una llega, la otra ya hace su entrada.
Mi madre dice que eso sólo le ocurre a las personas bondadosas, pues ni que tengan mucha rabia, odian, y en lugar de odiar, les da por estar tristes.
Así es, no más.
13/02/2006
En busca del gato Hermes
Esta tarde, o esta noche, pasando por el túnel de claridad que es el puente camino a la isla, leí en un papel pegado en la barandilla, la palabra Hermes, el nombre de un gato extraviado, negro de manchas blancas.
Inmediatamente pensé en un error sintáctico, es decir, blanco con manchas negras. Luego me di cuenta de tratarse de un evidente prejuicio, del estigma cultural dado ya en el baustismo, con querubines y serafines. Pues, claro, si de eso estamos hechos, así no seamos blancos ni rubios.
En fin. Pero el nombre: Hermes.
Seguí mi camino.
En casa rondó el gato.
Cuando apagué la lámpara para disponerme a dormir, se me reveló el secreto: Hermético.
Para un lector de literatura acerca de la Alquimia, sólo ha de tener paciencia y aguardar. Es lo que hice.
Hermético viene precisamente de Hermes Trismegistros, autor de un texto cuya traducción latina, en homenaje al autor, se titula Corpus Hermeticum.
Corpus Hermeticum vendría a ser para el cristianismo la philosophia perennis, la filosofía eterna, dentro de la cual Hermes era uno de los eslabones de la cadena que llevaba a los orígenes.
Según la tradición, Hermes Trismegistros, habría sido contemporáneo de Moisés, pero en 1614, un protestante de Génova, Isaac Casaubon, demostró que los textos eran de principios de nuestra era.
Algunos ignoraron el descubrimiento, y otros lo atendieron, desencantados.
Lo cierto es que el Corpus Hermeticum, permitió traer a occidente la multifacética tradición cultural acumulada en la humanidad hasta entonces en Egipcio, permitiéndonos comprender la concatenación del mundo [ expresada en símbolos ] y su mentalización [ vivida al sentirnos parte de su Inteligencia cosmológica ].
Por tanto, no sin razón, según Antoine Faivré, se hallan rasgos del Corpus Hermeticum en Copernicus, en su De Revolutionibus, 1543, en Kepler, en su Harmonices Mundi, 1619, y en los humanistas, como Richard Burton, Anatomy of Melacholy, 1621.
No sin razón el gato llevaba ese nombre.
No sin razón la diosa egipcia Bastet, representada en una figura de mujer con cabeza de este animal, era la sondeadora del ánimo de las personas.
Y no sin razón el anuncio acerca del gato extraviado, pues fue la pista para hallar esta conversación que se ha tornado interesante, aunque hermética.
14/02/2006
Una nariz en exilio
Cuando llegué a Suecia en 1983, los revolucionarios chilenos que huyeron inmediatamente después del golpe de estado, habían renegado de su política y jerarquizado el exilio según los apellidos.
Si era Pérez o Huenchuñir, el exiliado tenía que resignarse a continuar su militancia comunista o a integrarse en algún comité de solidaridad con los llamados pueblos originarios. En cambio, si tenía un apellido parecido a Maccherone, o parecido a Vanadic o Asnar o Verdugo o Churreta, tenía la chance de aspirar a pasar al nivel de los tránsfugas, si damos a las cosas su nombre.
No diré que todos estos Maccherone o Vanadic o Asnar o Verdugo o Churreta, estaban de acuerdo con este orden, pero una parte de ellos, la dominate, la enquistada en la sociedad sueca, había logrado imponerlo, a tal punto que impedían a los Pérez y Huenchuñir acceder a beneficios de la sociedad, mal recomendándolos ante los funcionarios de la burocracia estatal.
La mayor parte de estos ilustres, había sido de la extrema izquierda, dedicada durante los tres años del Gobierno Popular, a aportillar los programas de Salvador Allende, con acciones hoy consideradas terroristas, lo que, junto al sabotaje de la derecha, agregó justificaciones a EEUU para maniobrar la cúpula militar y dar el golpe de estado.
Pero de aquel pasado, estos lejanos descendientes de europeos, nada querían saber, únicamente de los apellidos.
Hubo uno que viajó a España a rastrear su árbol geneológico. Gastó mucho dinero para saber que su descendencia era conocida dentro del bandolerismo y que algunos de ellos habían sido echados a las galeras reales encaminadas a América.
Dado el traspié, este señor prefirió aceptar de buen grado su chilenidad, teniéndola por gran honor.
Había otro que aseguraba ser descendiente del fundador de una república española.
Era el que enriscaba la nariz para decir: «A estos rotos los huelo a distancia».
Hasta que no resbaló en el hielo, desplomándose, tan torcidamente que prensó la nariz en la fría y dura realidad del suelo.
Le tuvieron que modelar una a lo Michel Jackson.
Hoy la situación es muy diferente, porque la descendencia de inmigrantes es muy variada; mezclas de amerindios con suecos, árabes, polacos, rusos, finlandeses, etc, lo que deja convertida la piramide social basada en los apellidos, en un ruma de basura, o mejor dicho, en lo que siempre fue, y porque se tiene clara consciencia de que la mentalidad colonizada o colonialista es otra versión del racismo, que tanto daño ha causado. Por tanto ya ni siquiera es tema oportuno a conversar en una sombremesa, y si hubiera alguien que lo hiciera, se burlarían de la nariz entremetida y tonta.
15/02/2006
La reverencia oculta de don Mario Vargas Llosa
Usted, don Mario, en un artículo publicado el 12 de febrero, en La Tercera de la Hora, Chile, comentando socarronamente el enorme malestar del mundo musulmán causado por la caricatura de Mahoma en el dario danés Jylland Posten, se pregunta:
«¿Puede llegar a ocurrir lo mismo algún día en la Europa de Voltaire, la de las luces, la que instauró como un principio básico de la civilización el derecho de crítica, de irreverencia, no sólo ante los gobiernos, también ante los dioses, la libertad de expresión y la convivencia de diversos credos, costumbres e ideas en una sociedad abierta?»
¿Pero qué ocurre con Ud, don Mario? ¿Es que ha estado ciego y sordo?
¿No ha leído en la prensa de Occidente que el Opus Dei pide tijera para El Código Da Vinci?
¿No ha leído el tremendo ecándalo que causó el pesebre con David Beckham y Victoria Adams, el cual debió supenderse?
¿Ni nada ha oído de las iras de la Iglesia condenando el pensamiento de Umberto Eco y la narrativa de José Saramago, a tal punto que si viviéramos en época del Santo Oficio, habrían terminado en la hoguera, pues ganas a los cardenales no les faltan?
¿Se atrevería un humorista a caricaturizar al papa Benedicto XVI, poniendo en su mitra una svástica?
Sería de pésimo gusto, según mi opinión.
Pero esta falta de humor a las irreverencias no sólo se da en la Vieja Europa, como Ud. también quisiera llamarla, pues en EEUU, país el cual defiende y cuyo terrorismo de estado, al parecer, justifica, no es ajeno a las intolerancias ni deja de ser sensible a las irreverencias, sobre todo en materia religiosa.
De su juventud, en 1966, Ud. recordará el enorme escándalo que causó la declaración de John Lennon, cuando se atrevió a decir: «The Beatles son más populares que Jesucristo», lo que la Iglesia utilizó para derribar de la popularidad al conjunto de Liverpool.
Para qué hablar de los EEUU de George W.Bush, la lista de censuras a las irreverencias es inacabable.
Y no voy a enrostrar su defensa de la libertad de expresión en el mundo occidental, porque Ud. como nadie, sabe que eso es un cuento, pues todos los medios de comunicación condicionan sus publicaciones al interés de los dueños y de los que detentan el poder, de otro modo no se explicaría que toda la prensa de este lado transmita en la misma onda respecto a este alboroto y que apenas dé cobertura a la irreverencia.
Es decir, la irreverencia suya, don Mario, es mañosa, es parcial, por tanto, apelar a su derecho en el caso que defiende, es irreverente contra ese derecho, pues le niega su carácter justo.
Don Mario, no es que quiera justificar a los violentistas, ni soy tan ingenuo para no advertir la manipulaciión que los radicales islámicos hacen del malestar de los creyentes, sólo digo que se debiera tener respeto, pues se ha de tomar en cuenta que sus códigos no son los nuestros y que en este planeta la cultura occidental ni su modus vivendi pueden ser considerados superiores, porque sostenerlo sería un disparate. Yo creo que por medio de la percepción del otro y del respeto, se hallarán las respuestas y la concordia para la Paz, que harto la estamos echando de menos.
16/02/2006
La asombrosa veleidad de las palabras
Hoy quiero iniciar esta crónica, invitándolos a seguir un juego de palabras, propuesto ya en esta proposición:
- MSN messenger es contacto sin tacto.
Consulto diccionario.
- Contacto: Unión de dos cosas o personas de manera que lleguen a tocarse.Tacto: 1. Acción de tocar o palpar. 3. Habilidad o delicadeza para tratar asuntos conflictivos o personas sensibles.
Ahora leo las paradojas descubiertas en la proposición:
- MSN messenger es tocarse mutuamente sin tocarse o sin tener sentido del tacto [ y/o sin tino para tratarse ].
Además puedo interpretarlas: son relaciones falsas o frustradas.
Incluso me puede dar el punto de partida de una novela al estilo de Faulkner:
- Una pareja está obligada a vivir una vida sin caricias, ni en la cama se toca [ ya por el tiempo de estar junta, el desamor, como se sabe, o porque tiene atrofiado el sentido del tacto de las manos, ya por accidente, ya por razones congénitas, ya por la contaminación ambiental ], salvo cuando está dormida [ se toca pero no se da cuenta de ello [tal vez en el sueño vivirá esa nostalgia], pero al día siguiente considera que no habido tocaciones, y como muy convencida está de ello...
Así pienso que se gestan historias en la mente, ni el autor sabe lo que va a escribir, y todo por unas palabras, por sus disposiciones en el texto, que nos derivan hacia espacios impredecibles, inexplorados.
Exageración o no, es un punto de partida para escribir esta noche acerca de la asombrosa velléité de las palabras.
La gente suele decir: «No me interpretes mal...» Pero lo cierto es que lo dijo en la inconsciencia, en la ignorancia del poder de las palabras sobre ella, la hablante.
Nosotros estamos convencidos de concebirlas, pensarlas o decirlas. Mas no, ellas nos dicen. Ellas nos conciben y nos piensan.
Fue Julia Kristeva la dueña de esta afirmación: «Hablo y me oyes, luego existimos.»
Esta certidumbre me pena desde la infancia, intuida entonces, pero nítida, clara como la luz del día, después, hoy.
Debido a esto, leer y escribir es para mí estar dormido velando, así como oír una palabra es estar oyendo en ambas orejas las palabras oídas a lo largo de la vida en relación a ella, sin confusión.
Como me ocurre con estos versos de José Lezama Lima, pertenecientes al poema Sobre un grabado de alquimia china.
- [...] Encima de la mesa
se ven tres cojines grises y azules,
en dos de ellos hay como figuras geométricas
hechas con huevos irrompibles [...]
Tal vez debí escribir el poema, sin embargo, por razones de espacio, he preferido citar el fragmento donde las palabras aparecen moviéndose de una posición a otra. Veamos:
En el primer par de versos tenemos un 3 que pone equilibrio, dinamismo y equivocidad, pues no sabemos si se trata de sólo tres cojines, dos de los cuales son azules y uno gris, o viciversa, o si se trata de 3 cojines donde cada uno tiene gris y azul, o si se trata de sólo 3 cojines azules y/o grises, simultáneamente.
En el segundo par, tenemos lo imposible hecho posible, es decir, lograr hacer de una figura cerrada y definitiva [ irrompible ], como es la forma ovalada del huevo, figuras geométricas. ¿Como cuáles figuras diferentes a la forma del huevo?, tiene uno que preguntarse, y aunque se haga esfuerzo, no se las puede imaginar. Sin embargo en el texto, gracias a la veleidad de las palabras que conforman la imagen, vemos esas figuras, sin que podamos describirlas, por cierto.
Lo mismo puede experimentarse en los textos de Gertrude Stein. Como botón de muestra, este fragmento:
- BROTES TIERNOS: Dentro existe el sueño, fuera el enrojecimiento, en la mañana existe el significado, en la tarde el sentimiento. En la tarde existe el sentimiento. En el sentimiento cualquier cosa descansa, en el sentimiento cualquier cosa se acumula, en el sentimiento existe resignación, en el sentimiento existe reconocimiento, en el sentimiento existe repetición y completamente equivocado existe un pellizco. Todas las posiciones tienen vaporizadores y todas las cortinas tienen edredones y todo lo amarillo tiene discriminación y todo el círculo tiene circunferencia. Esto hace la arena.
Si Ud. quiere intentar separar estas palabras, por favor, no lo haga, corre el riesgo de hacer saltar por los aires, hecha trizas, su mente.
20/02/2006
Origen de un poema
Os contaré el origen de un poema escrito por mí, hace poco.
Antes he de decir que es asombroso sorprender la mente en su labor de recopilación y almacenamiento.
Como no soy psicólogo ni disecciono cerebros de muertos, me limito a los recursos del arte de la literatura [ la que se escribe ] para explicármela.
Entonces puedo decir que es como el conductor de un automóvil que nunca deja de espiar en el espejo retrovisor la ruta recorrida. Mientras los ojos ven lo que viene, el espejo nos muestra lo que ha sido.
Lo curioso es que ese ha sido, por obra de la mente, es futuro visto en el espejo retrovisor, como si en vez de ir hacia él, nos alejáramos.
Por tanto, la visión hacia delante [ de izquierda a derecha ] y hacia tras del conductor [ de derecha a izquierda ], forman en la línea del tiempo, una circunferencia, dotando al conductor de una visión tridimensional y convirtiendo el viaje en un constante presente.
Gracias a esto, según percibo esta labor, nos permite ver las correspondencias de las cosas, aun cuando están lejanas, lo que en el Esoterismo se conoce como philosophia occulta, una mágica visión del mundo donde todo coincide y se refleja en analogías.
Si no fuera así, o mejor dicho, si no me la imagino de esta forma, ¿cómo explico el origen del poema?
Pues, bien, el origen.
En una conversación, alguien recuerda a un centroamericano que suele hablar de la cultura maya con excesivo entusiasmo, pueblo originario de América cuyos rituales considero crueles.
Horas antes, yo había estado escuchando una conversación de una radioemisora de Estocolmo acerca del castigo a la infedelidad en Somalia.
El día anterior había visto una fotografía de las pirámides egipcias, y no siendo novedad, me atrajo su condición de tumba deliberadamente geométrica enfilada hacia al cielo astronómico.
Esa noche, en uno de los sueños, de manera compulsiva intentaba yo poner un triángulo con los códigos HTML en mi blog, lo que es imposible.
De mañana fui a sacar dinero y marqué equivocadamente tres veces el número de mi cuenta, quedando clausurada hasta dar aviso, lo que me puso de mal humor, y con ese ánimo, escuché la conversación acerca del centroamericano.
Finalmente recordé que en mi ciudad se lee mal mis poemas, pues, como en todo el país, se espera que la poesía resuelva su acatafasia [ o acatafrasia ].
Desganado, en el ordenador escribí la palabra triángulo, como para estirar los dedos, sin embargo no pararon hasta acabar en poema.
Curioso, ¿no?
El poema corresponde a un proyecto iniciado en un blog sueco, donde me propuse escribir uno cada noche. El libro ya tenía título, El Peregrino Ciego. Yo he puesto en Enlaces su dirección, por si queréis ir y leerlo.
XII
Imagina sufrir un sacrificio por el amor que siente, en correspondencia del sacrificio de extrañamiento que la ciudad le ha hecho.
Triángulo triste eres
porque trigo no métrico será siempre el cuerpo para el sacrificio
porque fuiste el fin triste de tres tristes en el trapecio tríptico
sin aire sin malla
sin aire tres sacerdotes airean la sala del tribunal
y tres pontífices te trican con tripas de tigre tripudo las tres manos
de la infedilidad
infinito es el poder de la tentación te excusas
y triste triste triste es la tribulación en el tribunal
[ en el cielo ojo tridimensional]
al alba tres gallos ciegos cantan un san pedro
porque trancan los portones como a través de años
dando vuelta el triángulo en un ángulo de la sala
¡oh corazón triangular sin co razón!
cómo tragas saliva
sabiendo que trigo no metría
non est santa
pues así se sangra en la piedra infame de la maya
maya en mano ahora trituran y trinchan de tres en tres tu alma
alma sin angular
almacenada en tristeza para la trágica comedia
como si oficio de tristeza fuera correr sangre por las aristas hasta
[ el trémulo vértice
¡ve cómo te tienen
y cómo suena el triángulo entre las piernas de tu ángulo!
y cóm gritan
¡muera el triángulo obsceno!
mientras tres tréboles mercenarios tratan la capa de tu alma
[ afuera de tu alma
[ ¿alcanzas a ver cómo se estrangula el ojo tridimensional? ]
triángulo trágico
de tres tristes
de tres tréboles
¿o de muchas hojas para un trébol?
¡culpa de un corazón triangular sin co razón!
18 /01/ 2006 ]
21/02/2006
La gripe aviar de los ángeles
Hoy he bajado al lago, porque me hallo en estado de depresión. En esta región se contagia uno de ella como de la influenza; es la gripe aviar de los ángeles.
El lago se ha congelado nuevamente, y está enteramente blanco por la nieve caída esta mañana.
Todo es blanco.
Cisnes y cornejas, enteramente, de igual a igual.
Blancos también los ocres techos, la estoica hierba, las ramas de árboles y arbustos, las que simulan ser coral de la albura.
Y el suelo, el camino, la huella, el vaho del aire, todo blanco.
Blanco como la amnesia.
Inevitablemente vino la pregunta:
Si el ambiente condiciona, ¿cómo se ve el alma, nuestro corpus subliminal?
Es cuando vuelvo al estado original: la depresión.
¿Qué es lo que nos arrastra al fondo? ¿Es acaso por escondernos de la goma que borra todo?
Recuerdo haber escrito hace mucho tiempo este poema:
Tormenta
La tormenta de nieve cambia el paisaje
Casi no se distingue una catedral de un museo
Un banco de una pizzería
Un árbol de un hombre
Pronto la ciudad es pura blancura
Cantos fundidos con los cantos del mundo
La realidad con la nada
Como si todo lo que se hubiera escrito
Lo borraran
Salvo quien subsiste como una i
De una palabra mal borrada
98.10.4
En el poema Madrigal, de José Lezama Lima, leo:
el niño que se ha quedado detenido frente a los encantamientos
de un caballo blanco
se apresura en su dulce memoria de lunares
a evocar sus regalos para ingresar en la nieve...
Es decir, en la hora de la homogeneidad, se ha de tener presente lo que se nos ha dado, pues es nuestra identidad.
En las notas, se nos recuerda que el lunar es signo de identidad entre la nieve.
En Paradiso, el autor cubano escribe:
El lunar del conejo es su vida en la nieve, si no lo homogéneo lo destruiría [...]
Y de Fina García Marruz, en su Por Dudor de José Lezama Lima, según la nota, se lee:
El lunar negro lo recobra de la nieve, pero también lo señala para la muerte.
En fin, el replegarnos sería, según el modelo y la imagen, o sea, la vida y la poesía, la respuesta al medio por remarcar la individualidad, encerrando el alma, el corpus subliminal, aunque esta acción nos duela, incluso expongamos la vida.
Es lo que he pensado cuando venía de vuelta del lago, abrigado con sobretodo, pantalones, botas, gorro, bufanda y guantes negros.
22/02/2006
A los poetas de Salamanca
Avispas de la absintia morros de oro
Arduos goteros de hiel en la espesura
Rivales del que el ocio se procura
Y de obreras que no zumban en coro
Decidme si con esta flor obscura
Que Dios me dio por candil y decoro
Vosotros los del almíbar sonoro
Que libáis en el cáliz de la hartura
Decidme si labrar podré dulzura
Sin la lengua con que os lucís vosotros
Y sin la tripa con que hacéis figuras
Pues si de baba es la literatura
Con que os cebáis los unos a los otros
Lejos quiero andar de esas imposturas
98.11.06
23/02/2006
«Una rosa es una rosa»
El ánimo no anda nada de bien, pero el humor de la poesía, siempre cargado de sugerencias, me ayudará a expresar la melancolía.
Esta vez he titulado esta crónica con un pétalo de verso de mi adorada Gertrude Stein.
Ya vendrán días mejores, entonces los textos serán más largos.
La rosa.
Así ve el científico el nacimiento de una rosa:
C H O + O
energía + CO2 + H2O
que es la fórmula inversa a la de la fotosíntesis.
Y así un poeta, Gabriela Mistral:
Fina, la medianoche.
Oigo los nudos del rosal:
la sabia empuja subiendo la rosa.
28/02/2006
Los malos libros y el rayo
Enorme ha de ser la cantidad de novelas, relatos y poemarios que se escriben sin otro destino que las gavetas de los escritorios, y considerable la cantidad de libros impresos que no llegan a otros lectores que no sean familiares y amigos del autor, quedando el resto de la edición en cajas de cachureos.
Es el lado oscuro de la Literatura. Tal vez el costo de su existencia.
De uno de ellos quiero hablar esta noche. O mejor dicho, a propósito de uno de ellos quiero contar una historia.
Lo encontré en el desván. Yo había cumplido doce años y una manía por los libros antiguos me llevaba a trajinar en cuanta ruma de cachivaches encontrara en cuartos de patio y desvanes.
Me atraían de estos volúmenes la calidad casi artesanal del papel, la costura, la tipografía, el diseño y los grabados. De sus textos, las curiosas íes donde suele estar las eyes, y las palabras sin hache donde hoy las llevan, porque así entonces lo dictaba la Real Academia, dicho esto teniendo en cuenta algunos usos como aportes del propio autor.
Eran preciosos, aun cuando los amigos de mi padre los llamaban "malos libros". ¡Literatura light!, dirían ahora. Umberto Eco, uno de los mayores semiólogos de nuestro tiempo, no se hace ningún asco leerlos, ni escuchar las canciones de Julio Iglesias en discos. Tampoco el genio del cine, Ingmar Bergman, que ha sido un entusiasta de la teveserie Falcon-Crest. Y guardando la proporciones, cito a mi padre, inquieto lector de obras literarias consagradas, pero también de novelillas de cowboys, como las series de Búfalo Bill, Bisonte, etc. las que encargaba de la capital y las que compartía con el peluquero, el sastre, el almancenero, el funcionario público. Es lo que yo llamo gusto por la lectura. La diferencia de la natural inteligencia del sabio y la fatuidad del ilustrado.
Del libro, ni título ni autor recuerdo. Tal vez lo olvidé por su estigma, de otra manera habría estado en la biblioteca de papá. Sin embargo este "inculto" antecedente, es la lectura más impresionante de mi vida.
Su historia la protagonizaban dos personajes, Oscar y Ramón, y se desarrollaba en la capital de Chile, Santiago, a principio de siglo XX, época en que escritores y poetas tenían oportunidad de ganarse algunos pesos publicando cuentos o poemas en los diarios. No era mucho dinero, pero podía ser el inicio de una carrera. Entonces su nombre podía aspirar a que una imprenta se interesara en publicar un libro suyo, y con ello, la entrada a la fama. Es lo que estaba ocurriendo con el poeta Oscar, cuyos poemas despertaban entusiastas comentarios en cafés y tertulias de hogar.
En cambio Ramón, dado a la narrativa, que batallaba con su prosa en un rincón de la ciudad, veía con desaliento perderse sus manuscritos en el papeleo de los escritorios de la redacción de los diarios, desaliento que se acrecentaba al no contar con lectores ni amigos dispuestos a leer sus escritos, ni siquiera su mujer, porque ésta apenas distinguía la o por redonda. Y de tal forma le calaba la indiferencia de la gente por su trabajo, que de a poco la amargura fue derivando en odio, al punto de tomar la decisión de acabar con aquel afortunado que lo desplazaba de la atención del público con tontos poemas de amor.
¡Literatura ligth!, exclamaba.
Una noche de tormenta, una convulsionada noche de tormenta, eligió para el crimen.
Oscar había estado en el bar leyendo poemas a periodistas, literatos y otros parroquianos, quienes aplaudían y pagaban las copas.
Pasada la medianoche, hora fría, violenta, y sobre todo, oscura, porque los faroles no resistían el viento, el poeta salía del bar al tiempo que se apagaban las luces del interior. Ramón, que aguardaba a la vuelta de la esquina, alcanzó a ver a Oscar enrollarse la bufanda en el cuello y sumirse la boina, cubriéndose orejas y frente. Un instante después lo volvió a ver al brillo del viento, dar un trastabillón, apoyarse en un poste. Se le torció la sonrisa en la boca.
Cuando estuvo a su alcance, Ramón alzó el puñal con resplandor propio para clavarlo en la espalda del poeta.
Violentamente se rasgó la oscuridad.
Relámpago y aullido en la noche rota por el fuego azul y la muerte.
Oscar no podía creerlo, en el suelo yacía un hombre con un puñal en la mano agarrotada.
Retrocedió y huyó por la calle cuando el ruido del trueno rodaba por el cielo encapotado.
Llovió, incluso.
Al día siguiente la noticia daba cuenta de la escapada del consagrado poeta.
RAYO MILAGROSO SALVA AL POETA DEL AMOR
Si no hubiera sido por la crónica, se habría podido suponer que un rayo había fulminado a la mujer que estaba a punto de seducirlo.
Pero hasta aquí la novela. O quizás no. Lo he olvidado. Lo único seguro son las líneas inmortales de aquella deslumbrante escena, la cual, sólo al recordarla, siento de nuevo dilatarse los ojos.
Una tremenda historia. O mejor dicho, qué página.
Mal libro. Literatura light, dicen.
¡Fatuos!
Ni El sonido y la furia, de Faulkner, ni la La Débâcle, de Zola, ni la La educación sentimental, de Flaubert, ni Los hermanos Karamazov, de Dostoievski, ni Ficciones, de Borges, ni Paradiso, de Lezama Lima, ni Conversación en La Catedral, de Vargas Llosa, ni Rayuela, de Cortázar, ni La saga-fuga de J. B., de Torrente Ballester, ni Balada de Caín, de Manuel Vicent [ por nombrar, sin ánimo de escrutinio, algunas obras literarias inolvidables ], han logrado desplazar de la memoria aquella lectura de aquel mal libro de un mal escritor.
Tal vez el secreto está en las palabras de Borges, dichas en una entrevista:
«En la novela no importa lo verbal, sino lo que el autor cuenta. Mejor olvidar las palabras y recordar lo que él refiere.»
Lo dijo un genio.
Yo pude olvidar el título y su autor, aun así, aquí está su historia.
La he contado en un blog que leen cien personas cada noche, más lectores de las que pudo tener el desconocido escritor. Por tanto puede ocurrir que por lo menos una de esas cien personas, se grabe esta narración y la siga contando.
Pero también puede ocurrir que alguien la narre en una novela o en un cuento. Entonces su destino puede ser la gaveta del escritorio o la imprenta. Sería una más en la interminable lista de obras perdidas.
O tal vez no.
Nadie sabe.
Los caminos de los libros son inescrutables, como los del Señor.