Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2006.
Resumen
- 06/07/2006 00:42 - ¡Heidegger, mi Dios!
- 07/07/2006 02:26 - Une aube affaiblie * ( Un ave de mal agüero )
- 07/07/2006 23:47 - Infidelidad
- 10/07/2006 23:33 - La herida de don Quijote
- 12/07/2006 02:44 - Hora vertical
- 19/07/2006 17:43 - En lo profundo de mi alma errabunda florece su nombre
06/07/2006
¡Heidegger, mi Dios!

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07/07/2006
Une aube affaiblie * ( Un ave de mal agüero )

Senía, al amanecer, el viento a estrellarse en los vidrios de la ventana, oía su resuello; sigiliso me levanté y descorrí las cortinas; se trataba de una enorme ave boba, puro frío, alas rústicas, sin expresión en los ojos, que se alejó dando tumbos, silbando por los techos de los pisos inferiores del edificio; era, sin duda, un ave de mal agüero. En las afueras de la ciudad, aún estaban encendidas las luminarias; no cesaban de titilar esas velas de neón, ensimismadas en la incertidumbre; en cambio, hacia la montaña, la débil oscuridad palidecía en el gris del alba, desde donde bajaban tiuques por las corrientes de aire hasta el campanario de la Iglesia Santo Domingo, uniéndose a los treiles que graznaban como si quisieran espantar el ave boba que volvía y revolteaba por la ventana, en tanto comenzaba a teñirse de arrebol mi cara en el vidrio.
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* "Un alba debilitada", es el primer verso de Soles ponientes [ Soleils couchants], de Paul Verlaine.Es en realidad una metáfora de la mujer. El alba aparece como una alegoría de la mujer, una alba pródiga (aunque debilitada) que vierte en abundancia sus prodigios en los campos, según se describe en los versos siguientes del poema francés. En mi texto, en cambio, esta imagen, tras una noche de tormentas (el viento podría ser imagen de un mal sueño), representa a la nueva mujer amada en la vida del hablante, la que le "prodiga" inquietudes más que beneficios.
Soleils couchants
Une aube affaiblie
Verse par les champs...
Poèmes Saturniens
Infidelidad

Siento celo de mi mano porque te ha tocado y en silencio sola se solaza, desde entonces no es la misma, la infiel, cuando duermo, sé que no es ya la vollerista de mis sueños, todo lo hace por rutina, por servicio, la he sentido al pelar una fruta este mediodía y al tocarme en la ducha.
Esta tarde me la besaste, sin embargo sentí como si a otro hombre besabas.
Por eso esta misma tarde he venido al ciber a escribir estas líneas, y he fracasado porque cuando quiero escribir mano, ella escribe mano, y si quiero silencio, escribe silencio, y si quiero escribir infiel, cínicamente escribe infiel, sin turbarse. Se guarda la poesía para cuando tú la tomes y te la pongas debajo la blusa, cerca de los senos, porque tu corazón y mi mano ya se entienden a las mil maravillas.
Qué solo estoy esta tarde, mis letras ya no me sirven, salvo las dichas por mi boca, las que todavía te gustan, así que con ellas te rozo, con ellas subo a tus ojos y bajo a tus labios.
Pero tales licencias a mi mano no le importan, al contrario, creo que de mí se mofa.
Tengo mucha rabia con ella, aunque lo disimulo cuando me las enjabono y desatiendo sus secretas lágrimas en el chorro de agua de la llave.
Amor, no me dejes de lado por ella.
10/07/2006
La herida de don Quijote

La palabra brota de la boca como la rosa del vaho verde de la tierra, al alba, a la hora confusa del manchego. La palabra tuya pudo haber sido rosa blanca, entonces habría seguido en las aventuras de amor en que me embriagaba cuanto más leía en tus ojos verdes, y en la comisura de tus labios y en el roce de tus manos por mi cuello y mis piernas, sin embargo preferiste acercarme la espina de tu ayer de amores sólo para herirme, y ahora ves, no es blanca la rosa de mi locura, sino la roja encendida y ardua del amor que recupera el juicio. Con gusto rompería mi escudo y mi lanza en la roca de tu corazón, pisotearía los pétalos que nacen de mis dedos para esta rosa digital, porque claro he de decirlo: donde hay gigantes, hay molinos, donde hay bandoleros, hay víctimas que resisten el desamor de imperios y reinas fregonas como tú, y donde se ha visto locura, véase lucidez, lucidez que duele como la luz blanca que arroja del buche el desencanto. Después, y lo digo por ahora, que vengan escrutinios y quemen mis letras, las escritas y las por escribir, porque muero. Muere otro lúcido que vivió loco por ti.
12/07/2006
Hora vertical

Dormido, sentí durante la noche caer nieve en el alféizar de la ventana, mis ojos desde esa estancia vaga decían ver cubrirse de copos los arbustos y las ramas de los árboles, los cantos de los muros y los gorros de lata de las chimeneas, así que el otro Harold se levantó, se puso la botas forradas en lana, el gorro, la bufanda y el abrigo negro de la identidad para protegerse de la blancura totalitaria. Luego le oí decir en sueco: «En este lugar no existe el tiempo y las cosas se metamorfosean de acuerdo a los estados de ánimo». Naturalmente de este lado se lo oí en castellano, y al abrir los ojos y descorrer las cortinas, el agua caía en el alféizar como quien baldea un sueño mientras el otro Harold se esfumaba en la blancura de la mañana y del olvido, aun cuando me pareció oírle murmurar: «Un poco más alto, Harold del sueño, que apenas te oigo».
19/07/2006
En lo profundo de mi alma errabunda florece su nombre

Soy un alma errante alojada en un cuerpo que a pesar de ser delgado, atrae a ciertas mujeres. Estas mujeres son los seres más hermosos de la tierra, pues no son hechas de costumbres sino de intuiciones, esas ternuras de las cuales se compone el mundo que consiste en saber que ciertas personas no son de ninguna época, según es mi andadura. A veces son manos que me acarician el rostro, o toman la mía para sentir los latidos del cosmos debajo de su blusa. Y si no son manos, labios rozadores de mis labios, mi cuello o mi dorso. Hoy fue amor desnudo, yo sólo tenía que poner palabras a todo lo que se sintiera. Después me dejó en la esquina con un beso, efímero acto alumbrado por un extraño Sol de invierno. Los vehículos corrían presurosos como si siguieran la rotación de la tierra; temblaba el aire y temblaba yo como un junco en la orilla del río, lleno de ojos y oídos, acosado de músicas y tiempos lejanos cual aves en cuyas plumas crepitan imágenes o inauditos silencios. Se movió mi cuerpo del lugar, daba pasos, pisando quizá el cielo azul o la tierra oscura o el vacío que dejan los segundos en su desplazamiento, sólo que mi alma se puso tristísima porque comprendía una vez más que su sino es errar en un constante ahora mientras el del cuerpo es solazarse con lo perecedero. Por eso estas letras –me digo al escribirlas en casa– debiera yo borrarlas, como Jesús hizo con los trazos suyos en el suelo, por inútiles, porque el alma no deja huellas, ni en las manos, ni en los labios ni en el cuerpo, por muy hermoso que sea el amor, aun cuando ya sabía la mujer radiante que me amó esta mañana, que en lo profundo del alma errabunda florecería su nombre, así como en la suya ciertos placeres inolvidables.