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Resumen

02/03/2006

Tres defensas de la poesía

   

1
Según una antigua máxima de Jacob Boheme, hay una persona externa en el exterior del mundo y una persona interna en su interior.
    Pero nosotros, que a pesar de todo provenimos de ambos mundos, hablamos los dos idiomas y debemos ser entendidos en los dos idiomas. Esos dos idiomas pueden ser la prosa y la poesía.
    En estos tiempos -cuando las páginas culturales se dedican exclusivamente a la prosa-, quisiera afirmar que el idioma de la poesía es superior al de la prosa. Apoyo para esto encuentro en el poeta estadounidense Robert Bly. A los grandes méritos de Bly pertenece el que de una manera persuasiva describiera con acierto cómo la Guerra de Vietnam influyó tanto en la sociedad estaunidense en cuanto penetró hasta los campos de Michigan, hasta el nivel de las aguas subterráneas, muy hondo en lo desconocido. La tarea de la poesía -escribe Bly- es ir profundamente por este desconocido, hasta los cambios de la vida interior que responden a los cambios de la vida exterior.
    Y le encuentro, por supuesto, toda la razón cuando sostiene que la poesía describe estos procesos mejor que la narrativa.
    Así como es cierto que Neruda dijo más de la vida que Faulkner, Rilker, más que Mann.

    2
    Hasta muy entrado el 1800, se escribía la mayor parte de las protestas contra las injusticias sociales y políticas, en prosa. Se trataba, naturalmente, de la fundaba creencia de la que sensatez triunfaría al fin.
    Pero cuando se lee la obra del teórico de arte y ensayista, el inglés John Berger, esto no es obvio hoy. La maldad [ dictaduras, totalitarismos, fundamentalismos ] está constamente presente, de igual modo la amenaza de la destrucción del mundo. Esto implica que no podemos confiar en el futuro, que la hora de la verdad ha llegado.
    Berger escribe: antes que la prosa, es la poesía la que cada vez más asume esta verdad. La prosa es demasiado confiada; la poesía, por el contrario, habla más de las heridas que descuecen hondamente en el ser humano, ahora.

    3
    En la obra del poeta sueco Gunnar Ekelöf, en todo lo que el escribió, siempre se encontrará una defensa de la poesía. Cierta vez la expresó así:

    2 x 2 = 4     es una parte de la libertad;
    2 x 2 = 5     es probablemente toda la libertad.

    He buscado, pero me ha sido imposible hallar mejor alegato en su defensa que éste.

02/03/2006 10:49. Autor: El blog de Harold Durand. #. Tema: Poemas y prosa Hay 2 comentarios.

03/03/2006

El sueño de Turbjörn  Karin

Un nuevo ejercicio.
Aunque guerras, cárceles y exilios son sufridas por hombres y mujeres, en la Literatura rara vez encontramos protagonistas femeninos. Menos en el campo del thriller, donde nunca aparece un personaje central femenino como agente. Curioso pero tramposamente hemos establecido la norma como si fuéramos las únicas víctimas o los únicos héroes. Por tal razón, forzando mi mala costumbre, pues este texto lo escribí teniendo a un congénere "en el rol principal", como una manera de enmendarlo, pues iba a hablar del exilio, he hecho una innovación. Habrá dos protagonistas, es decir, el texto puede ser leído sin tomar en cuenta a Turbjörn, o sin tomar en cuenta a Karin. El resultado, el tópico de la narración, igualmente se logra. Quizá la trampa está en que ni Turbjörn ni Karin realizan acciones típicamente de género. En cuanto al tema, éste corresponde al de un poema chino que será fácil descubrir.


Turbjörn  Karin le echa llave a la puerta de la oficina de correo y se pone en camino al bar del sector, donde suele servirse una cerveza alemana, apenas un consuelo a la rubia nostalgia de una Pripps Blå* que no llega por el boicot declarado al régimen nacionalista de su país.
    En el quiosco compra La Tarde.
    Antes de abrir la puerta del bar, se arranca con el índice el resto de tabaco cuajado debajo del labio y escupe una saliva negra hacia la calle  se compone el cabello con un gesto rápido de la mano.
    Entra.
    El interior reina la penumbra
    —Póngame una cerveza —le dicen.
    Turbjörn  Karin, confundidøa, se da vuelta.
    Junto a la ventana, sentado, un hombre lee el vespertino.
    El sueco  La sueca, insegurøa, deja La tarde sobre una mesa y se mete detrás del mostrador.
    Toma una caña, la apega a la llave del barril y la retira cuando la espuma rebasa el borde.
    La lleva en una bandeja hasta la mesa de la ventana.
    El hombre del diario, asomando la cabezota, y con la boca fruncida hacia un costado, le dice:
    —Le haría bien ponerse eso.
    El sueco  La sueca coge el delantal que cuelga de una silla y se lo anuda a la cintura, saludando a los nuevos clientes.
    Los voces altas y los pedidos, lo  la atrapan.
    Pero piensa.
    Piensa, mientras llena las cañas, en que a lo mejor se soñó empleadøa de correo, o bien, que es empleadøa de correo que se sueña mesero  mesera de bar.

    * Pripps Blå : marca de una cerveza sueca.
03/03/2006 10:04. Autor: El blog de Harold Durand. #. Tema: Narrativa Hay 6 comentarios.

05/03/2006

Soledad: un lugar obligado en Estocolmo

Ha hecho frío. El lago sigue congelado y la nieve lo ha puesto completamente blanco.
Anduve de fiesta. Yo no bebo pero la embriaguez de los amigos me contagia. Yo creo que me veo más embriagado que ellos.
¿De qué conversamos? Ni lo recuerdo. Sin embargo fue divertido.
El anfitrión nos invitó con ostras. Su casa queda en Linnégatan. Es antigua. Sus paredes están cubiertas de cuadros valiosos.
Cuando nos veníamos, apenas podíamos caminar en la nieve y con la ventisca en contra.
Éramos tres figuras en la calle.
Bajamos al andén vacío de la estación del metro de Karlaplan. Entonces me detuve a pensar en algo que había observado muchas veces pero no asimilado debidamente.
Que en Estocolmo siempre se va a dar a la soledad. Y esto puede ocurrir una noche de viernes en pleno centro.
Me pareció un borrón.
No me quejaría si sólo fuera increíble, sino porque es inaceptable.
Miré a mis amigos. Ellos hablaban y bromeaban.
Tanta adolescencia.
Era la soledad.

05/03/2006 16:38. Autor: El blog de Harold Durand. #. Tema: Invierno nórdico Hay 14 comentarios.

08/03/2006

La venganza de mi gato

Del libro Tres puertas


El gato amaneció muerto, envenenado. El jueves. Raro me pareció no verlo temprano rondar por la cocina esa mañana. Lo hallaron en el jardín. Alma nos dijo que casi todos los gatos del barrio amanecieron muertos.

«Alguien debe haber sido», comentó. «Alguien que no quiere los gatos».

Mas quién, nos preguntábamos.

Mi pan estaba cada vez más mojado y a nadie se le ocurría algún sospechoso.

Pensé en su entierro.

Dónde podría ser.

Por suerte nos dejaba una foto.

En el jardín, debajo de las matas de bellahortensia me pareció bien.

Pero yo no quería ver de nuevo sus ojos asustados.

«Horrorizados», dijo ella, que siempre sabe nombrar las cosas y uno no necesita ir al diccionario.

Me ayudaron todos a enterrarlo y no dijimos ni una sola palabra, salvo a mi hermana que no pusiera tanta flor encima.

Esa noche llovió torrencialmente, me tuve que levantar.

A través de la ventana veía aparecer y desaparecer una que otra cabeza de bellahortensia, pero éstas rápidamente se diluían en los goterones que corrían por los vidrios. Lo que se veía sin dificultad eran las gotas de lluvia en el alumbrado de la calle.

Pensé entonces en el asesino que a esa hora andaría seguramente tramando sus próximos crímenes, vestido con ropa, botas y gorro de goma, fumando un cigarro de hojas de maíz.

Me sentí desamparado.

Para qué decir, en casa se oía sólo el ronroneo de los dormidos y el crujir de las maderas del piso, que son los pasos de la noche.

No había mucho por hacer.

Me fui a la cama.

Cuando me dormía, oí lejanamente el maullido de mi gato y el grito desgarrado de un hombre.


97 / 7 / 6 Högdalen. Suecia.

08/03/2006 18:47. Autor: El blog de Harold Durand. #. Tema: Poemas y prosa Hay 3 comentarios.

09/03/2006

VI

LOS NIÑOS, MIENTRAS DUERMEN, ASESINAN SUS DEMONIOS. LAS HERIDAS QUE LES ABREN SON ROTURAS HONDAS EN EL CIELO. PORQUE SUCEDE: EN UN BARRIO LA GENTE SUEÑA CON UN CRIMEN Y EL ÚNICO QUE LO RECUERDA, ES UN NIÑO.

No te gustaba para nada el viento, menos en octubre, y te importunaba a tal extremo, que llegaste a odiarle. Tú hablabas de un ángel que se había corrompido. Vaya uno a saber de dónde sacaste esa idea; quizás de las clases de catecismo o eran historias que te metía en la cabeza la vieja costurera del barrio.

¿Un ángel corrupto?

Sí, se ve que no te gustaba para nada el viento que desde los sauces del estero venía y levantaba el polvo de la cuadra, ensuciando los tendales y encegueciéndote en medio del juego, y mucho menos cuando el barrio lo abismaban las sombras. Tus ojos, detrás de los visillos, no paraban de espiarle sus idas y venidas tarde por la calle.

Pero una noche tus miradas fueron aún más lejos.

Soñaste que él venía envuelto en un poncho negro, coronado con matas de galega, y que reñía con otros vagabundos o quizá con el mismo hombre del saco, lo cierto es que un puñal como colmillo de lobo saltaba desde tu ventana y se le iba a clavar junto a las vértebras y le abría una rotura por la cual huían las furias que llevaba por almas. Después, irse arrastrando lo viste hacia su morada de sauces.

Es lo que soñaste aquella noche.

Al desayuno la camioneta del pan trajo la noticia.

El cadáver de un hombre flotaba en las lentas y turbias aguas del estero, con un puñal en la espalda.

Tus oídos buscaron el acostumbrado ajetreo del viento entre las ramas de los sauces y de las acacias, pero éstas, excepcionalmente, estaban quietas.

Fue cuando comenzaste a sumergir con la cucharita, los grumos de la taza de chocolate.


Abril / 93. Suecia. | De "Tres puertas", de H.Durand. 1994, Estcolmo.

09/03/2006 21:57. Autor: El blog de Harold Durand. #. Tema: Poemas y prosa Hay 11 comentarios.

20/03/2006

VII

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EN LOS DÍAS DE AQUEL ABRIL ANDABA EN EL AIRE DE LA CASA UN REVOLOTEO COMO SI DE PRONTO, AVES INVISIBLES, PRESAS DE PÁNICO, HUBIERAN ENTRADO EN LAS PIEZAS EN BUSCA DE REFUGIO, Y TAL AGITACIÓN DE LOS CUARTOS TENÍA A MI HERMANA TEMBLOROSA DE SOLLOZOS Y A MÍ, LLENO DE OJOS Y DE OÍDOS. POR ESO —Y COMO ERA COSTUMBRE— ME FUI A ENCARAMAR AL LAUREL DEL PATIO, A SEGUIR EL VUELO DE LAS AVES MIGRATORIAS.

Fue la última tarde. Al día siguiente, cuando las campanas de la iglesia de San Vicente de Paul nos llamaban a misa de doce, dos leñadores con una sierra enorme, entraron por el fondo del patio y se pararon frente al árbol del que se dijo era la causa de mis extravíos. Enseguida los vi mirarse a los ojos en los cuales ardían húmedamente las flores del condenado y, convenida la señal en el idioma de los iris, hincaron la sierra en la corteza y aserraron.

Un raro temblor comenzó a subir por el tronco del laurel y al vacío saltaron gorriones y abejorros. Voraz, la sierra se hundía y desgarraba la carne del árbol que vacilaba en medio del domingo y las campanas.

Para no oír la herida, me cubría las orejas con las manos y abría la boca como un grito mientras el aire, embadurnado con aroma de laurel, se colaba por entre las ramas y se tomaba los espacios vacíos que ellas iban dejando.

Varado él junto a los hombres, más allá de las vallas, más allá de los árboles de los sitios vecinos, más allá de las copas de los sauces del estero pobladas de gallinazos y más allá del árbol último que une el Cielo con el Infierno, miraba la nada.

Fiel no fui, pues lo negué tres veces sin que aún cante el gallo, y verde se me puso la sangre y arborecido el ramaje sutil cuyos ojos no manan otra cosa que savia.

Silenciadas las campanas y abandonada la sierra en un costado, sesgado él, lo pienso un Cristo con las siete últimas palabras en los labios.

Mas, ya decidida su suerte, una mano llena de huesos, desde las sombras, lo empuja y el laurel se dobla y crujen las vértebras y brotan esquirlas de la herida y de la espesura relámpagos rojos y verdes y se viene, se viene desplomando, azotando en el suelo su fragante copa, desde donde, cada tarde, yo anunciaba con gritos de júbilo los altos vuelos de las aves migratorias.

Salvo la última, en que vi venir por el cielo, descalzos, la silenciosa bandada de los augures muertos en la plaza.

6 /Abril / 93. Suecia. | De "Tres puertas", de H.Durand. 1994, Estcolmo.

20/03/2006 21:05. Autor: El blog de Harold Durand. #. Tema: Poemas y prosa Hay 15 comentarios.

23/03/2006

Saga del buque fantasma

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Por el camino de Madrigal de J. Lezama Lima.

Soy como el marinero de José Lezama Lima llamado por la palabra marea que se ha unido a los clamores de alfileres sin sueño.

Es decir, heridas sin ilusión.

Pero yo no soy un marinero, y si lo soy, soy el de Rafael Alberti: marinero en tierra. No hay naves ni mares para mí; al decir del poeta cubano, me hallo entre dos recuerdos.

La nostalgia del marinero no es el mar sino la ilusión, por eso bajará a tierra, en cualquier tierra, a buscarla, a encontrarse con ella, y si no la halla, con su corazón ahogado zarpará en buque fantasma. Y ésta es la esencia de la leyenda.

Un buque fantasma nunca arriba a puerto alguno porque sus marineros como perdieron la ilusión, se embriagan con el ron de la tristeza.

A veces los marineros cantan y sus cantos llegan a los oídos de la mujeres en los puertos, las que se asoman a las ventanas mientras otros hombres les soban las nalgas, un derecho que se ganaron sólo porque las sedujeron con regalos tontos.

Pero si los marineros del buque fantasma abandonaron la ilusión, no abandonan la nostalgia, y de pura nostalgia se tatúan los brazos con corazones que nunca llenan con nombres. No porque no quieran sino porque no los recuerdan, ni los propios.

Son poetas sin palabras.

Pero la nostalgia de ellos tiene hambre. De ahí las sirenas.

¡Pobres marineros!

Pero yo no soy un marinero de un buque fantasma, y si lo soy, tengo palabras, y cuando las mujeres avistan desde los puertos las velas de mi nave, corren a bañarse a las llaves de los patios y endulzan sus senos con agua de colonia; se ponen vestidos de tela delgada y suave para mis manos y echan a los tontos de sus casas y me dejan que yo les cuente historias de mares y de otras tierras y me perdonan como yo perdono a ellas.

Soy como el marinero de José Lezama Lima llamado por la palabra marea que se ha unido a clamores de alfileres sin sueño.

Pero yo no soy un marinero, sino éste que va y viene y ama como un marinero a las muchachas que lo engañan con ilusiones. Al menos eso para que yo cante mi canto favorito.

Dulce sueño, dulce estancia,
Si mi amor se va contigo,
Que se quede tu fragancia.

Donde me dejas, te dejo.
Donde llegas, te recibo.
Cuando lloras, te consuelo.
Cuando me olvidas, te olvido.

Tal como viene la vida,
Así también el amor.
El que ayer nada tenía,
Hoy ya tiene su dolor.

Dulce sueño, dulce estancia,
Si mi amor se va contigo,
Que se quede tu fragancia.

94.12.10 Högdalen. Suecia. | De "Saga de la muchacha de los largos cabellos y su gato", de
H.Durand. 1996, Estcolmo.

23/03/2006 11:23. Autor: El blog de Harold Durand. #. Tema: Poemas y prosa Hay 9 comentarios.

25/03/2006

Leyenda de un río

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o hay pez en el río que no tenga fulgor de plata
No hay piedra en sus márgenes que no haya rodado
No hay junco ni ave que no conozca sus frescas aguas
No hay hombre que nunca se haya sentado junto a un río

Pero sí hay un río que no conoce el fulgor de los peces
Río cuyas márgenes acanaladas limpias están de piedras
Río estéril de juncos y aves pese a sus aguas
Río que sin embargo a él viene siempre un hombre

Un día el pez la piedra el junco el ave el hombre
No tendrán otro río que este río de aguas muertas
Entonces no serán el pez la piedra el junco el ave
Sino sólo el hombre sentado en el cemento del río

98.02.23. Högdalen. Suecia.
De "Lapis exilis", de Harold Durand. 1999.

25/03/2006 10:09. Autor: El blog de Harold Durand. #. Tema: Poemas y prosa Hay 7 comentarios.

27/03/2006

Sacerdotisas

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Nunca dejo de admirarlas
Pues ceden su mitad a la nieve
Bien se ve que son hechas de dos realidades
Estas religiosas que esconden de los hombres
Los enigmas de los númenes

Una de ellas ha venido hasta la ventana
Y me mira como si aguardara

98.11.08 Högdalen. Suecia.
De "Lapis exilis", de Harold Durand. 1999.

27/03/2006 14:55. Autor: El blog de Harold Durand. #. Tema: Poemas y prosa Hay 8 comentarios.

29/03/2006

II

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PUDO HABER SIDO UNA FLAUTA, SIN EMBARGO FUE UNA FLECHA.
LA IDEA SE ME VINO CUANDO YO ESTABA SOLO, SENTADO A LA SOMBRA DE UN NARANJO.
SUPONGO QUE FUE ARROJADA A MI MENTE DESDE ALGUNA PARTE.
QUÉ IMPORTA. IGUAL NO MÁS MIS MANOS SE PUSIERON A TRABAJAR PARA SACÁRMELA DE LA CABEZA.
AUNQUE BIEN PUDO HABER SIDO UNA FLAUTA Y NO LA FLECHA QUE FUE MÁS ALLÁ DEL AIRE.

No siempre me iba al sótano a pasar la siesta; también me quedaba a la sombra de los naranjos del patio como la vez que imaginé la flecha pura y perfecta cuya punta comencé a forjar plegando un trozo de hojalata.

Y no otra cosa era yo esa tarde, y no otro debió de haber sido el fervor de mis antepasados puelches cuando tuve lista la flecha y el arco, sólo que la saeta la imaginaba volandera inofensiva en el aire.

Pero rapaz que era ella, se encaramó en mis brazos, embrujó mis músculos que se tensaron como la cuerda y buscó, ansiosa, apuntando, hasta detenerse frente a un árbol que parecía venido de otro sitio.

No recuerdo los detalles, pero el árbol aún se dobla
retrocede
tambalea
y cae
agarrado a la flecha

De "Tres puertas", de H.Durand. 1994, Estocolmo.

29/03/2006 11:07. Autor: El blog de Harold Durand. #. Tema: Poemas y prosa Hay 5 comentarios.

30/03/2006

Recado para quienes suelen leer mi blog

Estoy preparando la segunda etapa de mi retorno a Chile, lo que me tiene no sólo ocupado sino también desconcentrado. Antes de salir, he de dejar todo en orden: cerrar el teléfono, hacer la declaración de impuestos, etc. Y como he alquilado el apartamento, tengo que empacar las cosas personales, y decidir si llevo la biblioteca conmigo.
Yo solía escribir crónicas de la vida diaria en mi blog, debido a los preparativos del viaje, me he puesto a publicar textos de algunos libros editados artesanalmente. Tal vez no es mala idea publicarlos pero en lo personal me da mucha angustia no escribir crónicas porque siento que no estoy pensando ni percibiendo con sensibilidad mi entorno.
En fin, ya pasará. Tal vez en mayo retome mis crónicas, aun cuando el ambiente será otro: mi ciudad natal.
Gracias por la visita y las palabras de aliento.

30/03/2006 22:06. Autor: El blog de Harold Durand. #. Tema: En el mundo Hay 14 comentarios.

31/03/2006

Trauma

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Hemos ido mi hermana y yo a la iglesia a verlo, porque ella me hablaba a menudo de su caso; yo le dije que podría ser el mismo del Sagrado Corazón. Mi hermana enriscó no más los hombros, al oír mi sospecha. Tampoco supo explicarme por qué lo tienen claveteado en una cruz. «Por nosotros», susurró. Era todo lo que sabía. Bueno, como ella repite cada palabra dicha por los mayores. Lo que sí sabe bien son rezos y lo que hay que hacer en la misa. Eso de cuándo uno debe pararse, cuándo arrodillarse y cuándo se debe uno al fin sentar. Eso lo hace sin equivocarse, pese a ser tan chiquita. Yo soy dos años mayor, pero en estas cosas ella me lleva la delantera. Yo he intentado aprendérmelos, pero no hay caso. Curioso pues no me ocurre con las adivinanzas del libro. Ésas se me pegan en la memoria como calcomanías. Puede ser porque le tengo un poco de miedo a los rezos, como a las noticias de los de los diarios de la capital. Ahora no recuerdo quién otro me ha hablado de él. Tal vez son imaginaciones mías. Cuando entramos a verlo, mi hermana dijo: «Ahí» Me tuvo que dar la mano. En un momento ella se adelantó, se persignó y arrodilló, o creo que primero se arrodilló y luego se persignó. De reojo me miró por debajo del velo, para que la imitara, y lo hice. Y una vez más comprobé la delgadez de mis rodillas. «Es él», me dijo, y siguió haciendo lo suyo. Estaba alumbrado por unos cirios, rodeado de flores y silencio. Miraba al cielo con ojos tristísimos. Unos clavos gruesos como los que sujetan los rieles del ferrocarril, tenía hundidos en las manos y en los pies. La sangre comenzaba a secársele. Se le veían las costillas. Tenía además en la cabeza una corona de espinas. Y barba, una larga barba rojinegra, por la sangre seca, seguramente. Tuve que bajar la vista. Mi hermana, agachada, rezaba. Preguntarle quería una cosa, si era malo tragar saliva delante de él. El lugar olía a nardos, azucenas y calas, aunque dominaba el olor de las azucenas. Algo más había, que me soplaba los cabellos de la frente y el velo, a mi hermana. «Vamos», me dijo. Yo apenas aguantaba la saliva en la boca. Afuera, en el jardín, me la tragué entera, y me daba vuelta para un lado y otro. Mi hermana me miraba y sonreía. «A uno le da algo la primera vez», me dijo, «que uno no quiere decir nada, y se da vueltas, no más, hermanito».


.06.03, Högdalen.
De "Tres puertas", de H.Durand. 1994, Estocolmo.

31/03/2006 23:48. Autor: El blog de Harold Durand. #. Tema: Poemas y prosa Hay 5 comentarios.