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Resumen
- 23/05/2006 00:41 - Ulises tiene los ojos tristes por la niebla
23/05/2006
Ulises tiene los ojos tristes por la niebla
Volver a la pequeña patria tras los años de exilio, puede resultar una odisea acabada en farsa, si del nido de olivo se hizo leña.No diré que la mía lo ha sido en todos sus actos, pues acabo de llegar a mi Itaca, pero algo de ella me ha sido infiel.
Se trata de la niebla, recordada tan limpia, tan íntima y tan sana como una bufanda de alpaca.
Su abrigadura sería lo primero en ver desde kilómetros cuando me aproximara a la ciudad natal en este invierno de sur de Chile.
Por eso reservé el primer asiento, al lado derecho del conductor.
Oscurecía cuando entramos al puente.
El caudaloso río Ñuble de ayer, era ahora un lecho de piedras.
En la mente vi las zambullidas de los cuerpos semidesnudos de la infancia.
En vano la vista buscó los árboles donde sombreábamos.
Pasamos el puente, el autobús se detuvo en lo alto. Desde el asiento, vi las luces de neón difusas por lo que supuse niebla. En la memoria, recordé el brillo en las hojas de los arces, las gotas detenidas en las puntas, su huella de caracol en la corteza.
Está demás decir cómo es la memoria cuando se le habla de recuerdos, se toma la palabra, quiere recordarlo todo.
Sería presumir si dijera que era mi voz siendo ella la que decía el paso opaco por la vereda cubierta de hojas húmedas y el ruido denso de la corriente del tráfico de vehículos por la avenida. Como suyos los suspiros de infancia y adolescencia por las calles, bajo las sombras de arces [ edades de ojos tristes, húmedos de niebla y amor ].
Porque triste, triste, triste era entonces el viento lento que venía de los vacíos del aire dejado por la muchacha desdeñosa.
Definitivamente fue lo último que le oí añorar cuando bajé del autobús en el terminal
Ahora era el corazón el que latía en la palma de las manos, mientras corría sorpresivamente una lágrima.
Tosí al agacharme a recoger las valijas.
Tos, tos...
Tos de los pulmones y tos del alma.
Debí apurarme a sacar el inhalador para sosegar los desgarros de los bronquios. También debí recurrir a las gotas para los ojos usadas en Estocolmo contra los efectos del polen de los abedules.
Decepcionante era tener que aceptar que los pretendientes de mi Penélope la habían corrompido con el mal humo de sus corazones, donde queman la naturaleza de los montes, los nidales de la niebla.
Niebla era, hoy, bruma. Niebla era, hoy memoria.
Niebla triste en mi corazón en el retorno.
Pero ya, primero iría a casa a dejar el equipaje, después saldría a buscar a los amigos.
¿Me reconocerían en una ciudad ciega?
Argos se me acercó, flaco y suturado de garrapatas, seguido de otros perros vagos.
23/05/2006 00:41. Autor: El blog de Harold Durand. #. Tema: Al otro lado del mundo Hay 19 comentarios.