Como si estuviera detrás del nombre
De un único modo ha de haber sido la fascinación del europeo al llegar a este sitio [ por aquel entonces valle innominado ] al que todavía lo rodean colinas y montañas, lo enverdecen bosques, lo mojan ríos y riachos, lo alumbra este cielo, lo refrescan estas nubes y lo alegran estos pájaros, elementos a los que se les fue dando nombres aun cuando no han extraviado la mismidad [ lo reconoce la intimidad atávica de cualquiera ] Asimismo el Sol de los días y la Luna de las noches. Y de ningún modo ha de haber sido otro el asombro de los primeros erradizos que venían desde el Norte, por el borde del continente, y desde el Oeste, por los flujos del océano buscando la estancia deliciosa. ¿Es que podría ser distinta la impresión de la andadura al hacer alto en medio de las espesas hojas, las vertiginosas aguas, las tupidas cumbres y los extraños gritos? Porque si l’alma se arrebuja dentro del pecho cuando los ojos del trashumante contemplan la feracidad y la hermosura del paraje, se reconoce seguir siendo lo de siempre. Como me lo contaba el cabalista de un sueño: «Es que se enmalece a causa de la saliva del nombre. La Tierra Prometida es un lugar callado, sin geografía, sin época». Agregando, mientras se apagaba su voz [ por el alba sería ] que el anhelado lugar sale al paso en cualquier recodo [ como el Mago en las vueltas del camino ] y se mete en la médula, en el olfato, en el paladar, en la retina y en el ánima para hacer del colono a su imagen según la manera de Dios, como se hacen los adobes, los cántaros y las escudillas. Y lo hace con tal arte que pronto, una vez instalado, el colono anda hablando la lengua herbosa habituada al aliento salvaje, al zumbido y chirrido de dípteros y coleópteros, a la lluvia y la sangre, al viento y las babas de la muerte viva, que es un amasijo de colmillo, cuchillo, semilla y sombras, y asombro y espíritus, eclipses y luces y bayas amargas de árboles estériles, los del llamado Desamparo. Pues no de otro modo ha sido la vida por estas tierras. ¿O es que la imagen silvestre en la retina, el pálpito de la sangre excitada, la emoción dilatada en las narices y el zumo verde y rojo en el paladar pudieran ser distintos siendo el eje de la Tierra y la médula de la especie humana los mismísimos? ¿O es que el tiempo, las romerías y los castigos podrían devastar la gracia del Verbo, su don divino? ¡Que ni se piense! «El solar prometido es el lugar innominado que lo halla a uno», me pareció oírle decir al cabalista antes de disiparse en la blancura del alba. Después [ después que ingenio y músculos han levantado los palos, los cueros y los ladrillos ] se toma tinta y se le registra en la crónica, y así sea una mano la que escribe las primeras páginas, es la misma mano del Génesis, porque tampoco de otro modo se asiste humanamente a la virginidad del sitio. Es como si faltara poblar de palabras la nueva morada para que la tierra prometida sea real.28/05/2007 01:41.
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Autor: Antonio
Hola, para que no se pierda el contacto...
...un abrazo poeta
Antonio Riquelme Q.
...un abrazo poeta
Antonio Riquelme Q.
Fecha: 01/06/2007 04:25.
