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Resumen

04/06/2007

Jorge Luis Borges

20070604032602-borges.jpgHe soñado con un poema cuyas palabras no reconocí al releerlo después en la biblioteca, pese a atreverme con el nombre, el que se me apareció en la mente en cuanto abrí los ojos [ acaso un truco de la consciencia para rescatar lo soñado ] Su nombre, cualquiera que haya sido, no estaba hecho de las palabras del uso sino de aquellas del acertijo, cuando en el mundo se hablaba para venerar al Silencio. Al observarlo, las letras del título [ abiertas a lectores de diversas lenguas ] giraban sobre el corpus verbal invitándome a ver su luz íntima. Seducido, parado en su atrio, entraba yo por una puerta y me iba por un largo sueño que acababa en el mismo atrio, ahora ante un postigo*, de suerte que en este sorpresivo laberinto salía yo de un sueño y luego entraba en otro, como en una constante Epifanía. Al fin, extraviado, la luz implacable del nuevo día me salpicó los párpados, abrí los ojos. Seres, cosas y ambientes se recogieron apresurados a través de mis pupilas a la secretísima residencia, dejándome solo en la hoja blanca de la mañana, solo y afligido ante la irreparable pérdida: ¿Era ésa la rosa profunda, ilimitada, íntima, la que el Señor nunca mostrará a mis ojos abiertos?

* Postigo: Puerta chica abierta en otra menor.
|| Según el autor, más que una frase, un texto que se inserta en otro formando sentido por sí solo. || Signo que indica dicha intercalación.
04/06/2007 03:26. Autor: El blog de Harold Durand. #. Tema: Al otro lado del mundo No hay comentarios. Comentar.

12/06/2007

La muchacha de la ventana

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Wer, wenn ich schriee, hörte mich denn aus der Engel
Ordnungen?  RAINER MARIA RILKE *
 

Parada junto a la ventana, al caer la tarde, la muchacha [ dicen que era hija de un inmigrante hispano, de la España morisca, por su aire de astrologías. Su abuelo [ un bruto alto de ojos oscuros, como han sido siempre los colonizadores ] desapareció desbarrancado en la cordillera cuando iba a buscar ganado a la Argentina [ tenía campos en la región agrícola, pues en estos valles prefirió asentarse aquella gente ] Dejó doce hijas y un hijo, el padre de la niña. De la ascendencia de la madre se sabía mucho menos. Sólo que era baja, morena, ojos grises [ debido a estos rasgos la suponían vástago de la población de la antigua Araucanía, de la zona de Gorbea, sarmentera de mapuches costeros, holandeses valones y españoles andaluces ] Andaba siempre por los pueblos rurales vendiendo biblias de una iglesia evangélica. Su vida [ según los vecinos ] acabó en el incendio de un templo aldeano en Frontera. Se pensaba en el padre al contemplar sus ojos amplios y su boca como tajada de fruta, y en la madre, por su piel mate. Es cuanto se podría comentar acerca de sus orígenes, ya que el resto [ una abandonada de gitanos ] como todo de lo que se contaba de ella, era únicamente chisme. Ni siquiera la anciana [ a la que la niña le decía tía ] atinó a dar nunca razones de su procedencia, debido a la infidelidad de su memoria. La muchacha había crecido en el barrio acompañada más de los seres del otro lado de los lindes de lo natural que de las niñas de las rondas d’éste, por eso había en su mirada verde transparencia donde alguien creyó ver ángeles cultivar la hierbabuena de las silenciosas palabras en la hortaliza que ellos guardan y de la cual vienen las luciérnagas. No siempre la gente se fijaba con atención en sus ojos. Sólo una lo hizo, la mujer que después de maravillarse, llorar y quedar ciega, se instaló en la feria con una carpa [ ahumada de incienso ] a leer el Tarot egipcio. Los gritos de los vendedores de pescados y de ediciones piratas de sortilegios para los mal~de~amores, acabaron por obligarla a emigrar a la zona de las camanchacas en cuyos pueblitos mineros se dice adquirió tanta fama como el famoso Oráculo. La pitonisa nunca dejó de recordarla, pues había algo más en la niña: un zumbido de colmena en las sienes que le oyó cuando besó su mejilla [ ignoró siempre que en noches serenas, el alma de la adolescente soplaba a través de las pupilas las hojas de los árboles espantando a los vecinos rezagados. Por lo demás, ¿cómo iba a saberlo si la pobre protectriz, después de verla ahí parada junto a la ventana, quieta, ingrávida, no hacía otra cosa que persignarse, poner la mano debajo de la almohada y dormirse, y al desayuno, con las imágenes desarregladas en la cabeza, lo recordaba como un sueño repitente? Es lo único que se sabe. Se dice que la muchachita sólo murmuraba algunas palabras mientras hundía con la cucharilla los grumos de la taza de chocolate ] Su voz debía de haber sido como la voz de cualquier niña, sin embargo ocultaba un secreto: su lengua era muda. Mas nadie lo advertía pues poseía el arte de llevar el compás de las palabras vacías acorde con el de las imágenes que enviaba desde la mente. Observada, marginada crecía y maduraba al tiempo que desaparecían sus dones. Al llegar a los veintiuno, abandonada [ muerta la pobre vieja ] se encerró en casa, ocupada en la lectura de leyendas orientales y en escrituras ininteligibles que ilustraba con dibujos del lado oculto de la cordura, era su labor vespertina, hasta que se encrespusculaba la tarde, entonces se le veía junto a la ventana, con el codo apoyado en la mano, cada vez más grises los ojos que fueron tan hondamente verdes ] espera a que vengan a buscarla.

* ¿Quién, si yo gritara, me escucharía entre las órdenes
angélicas?

Acerca del postigo: Puerta chica abierta en otra menor. || Según el autor, más que una frase, un texto que se inserta en otro formando sentido por sí solo. || Signo que indica dicha intercalación.
12/06/2007 01:18. Autor: El blog de Harold Durand. #. Tema: Al otro lado del mundo No hay comentarios. Comentar.

30/06/2007

Noche de San Juan en Santa Cruz ( Cerro Apalta )

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Aquella noche de junio, alumbrados por la Luna, bajaban por la colina llevando al hombro sus hoces argentadas [ especie de anclas fundidas en agua de pozo bebedizo ] y sus escobones, azulados por el hollín de la soledad de la cima. Su labor era armar los almiares con las plumas segadas para los edredones de los sueños y abalear los resplandores de la cumbre. Traían los ojos oscuros, los labios apretados por cuyas estrechas comisuras echaban el humillo de sus cigarros de hojas de dulcamara selênitês, arbusto que crece en las grietas encaramadas y que desgranan sus frutos parecidos a las luciérnagas cuando es Luna nueva. Una de las siluetas dicen murmuró entre los espinos el dulce nombre de la muchacha. Los que iban cerca aseguran que en ningún momento desentumeció los labios, que lo único que se oyó fue el graznido de una lechuza y un aleteo imaginado. Ni siquiera cuando el puñal que vino del lado oscuro a hundirse en su espalda, se le oyó emitir quejido. Incluso, tirado ya de bruces en una grada de la falda del cerro, sólo se veía salir debajo de la cabeza, el tufillo de la última chupada de su cigarro. Ninguno se detuvo más de lo indispensable, precisamente lo que ha de haber durado el asombro [ nadie, por hombría, quiso pensar para sí la palabra espanto ] Todavía sintieron algo; fue el desasosiego de los cóndores encaramados en los filos de las rocas mudas y severas. Mucho faltaba para el alba, así que la Muerte tuvo toda la santa noche para velarlo. Bajaron brincando por el faldeo, corriendo, buscando la umbrosa morbidez de los callejones de la población, sin embargo en la memoria de esa nocturnidad, la huida nunca ha dejado de ser lenta, espesa, morosa. Es como si una mirada sin pestañear la retuviera, una mirada que buscara distinguir entre aquellas sombras huidizas, la que lleva de la muerte, el nimbo delator.

30/06/2007 03:09. Autor: El blog de Harold Durand. #. Tema: Al otro lado del mundo Hay 2 comentarios.