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Resumen

18/05/2007

La episteme de los ángeles

20070518201251-episteme.jpgDejo esta casa de Chillán por una de Santa Cruz justo cuando los árboles se desprenden de las hojas porque el otoño reduce el lenguaje de las estaciones apasionadas a un aire sereno, quieto, que se percibe entre las ramas desnudas o alrededor del tronco o sobre los tejados o bajo las alas de pájaros oscuros o en la frente donde se refleja la Luna de la tarde, pálida, borrosa, húmeda, fuera de hora, como la vida mía cuando mudo de casa y ciudad siguiendo las aves migratorias que van hacia el Norte [ se sabe que yendo al Cielo no hay Norte fijo pues a la rosa de los vientos se le confunden los sentidos por culpa de los aleteos de los ángeles que ayudan a desprendernos de amigos, calles y casas con patios, además nos dejan un oído en los párpados para que reduzcamos la percepción a la leve lengua de la brisa ~así Dios tiene el habla~ libres de la ignorancia llamada Episteme, impresionante en los grandes vuelos, aunque fatua e innecesaria ] Y si queréis enteraros de las plumas que llevo, mis alas son el dolor y el candor. Dolor por la ingratitud de mi ciudad y candor por seguir siendo bueno. Mas no me quejo, que en buen momento ahueco alas [ me lo dice la maduración de los frutos ] pues a la luz de la Luna vespertina l’alma mía da vuelta las hojas de otoño de un libro que hace un tiempo he estado escribiendo en secreto, no a vuelo de pájaro, sino de intuiciones que son otra clase de ángeles. Dios, y sobre todo los brujos voladores que me antecedieron, lo han querido [ vibra llena de gracia, mi mano] Mas tened cuidado al leer sus palabras, fijad bien que su tinta no es la originaria ni ellas las manuscritas, ni siquiera su rastro, las auténticas son invisibles a vuestros ojos profanos, salvo si venís conmigo en la bandada.
18/05/2007 20:16. Autor: El blog de Harold Durand. #. Tema: Al otro lado del mundo No hay comentarios. Comentar.

28/05/2007

Como si estuviera detrás del nombre

20070528014142-prometida.jpgDe un único modo ha de haber sido la fascinación del europeo al llegar a este sitio [ por aquel entonces valle innominado ] al que todavía lo rodean colinas y montañas, lo enverdecen bosques, lo mojan ríos y riachos, lo alumbra este cielo, lo refrescan estas nubes y lo alegran estos pájaros, elementos a los que se les fue dando nombres aun cuando no han extraviado la mismidad [ lo reconoce la intimidad atávica de cualquiera ] Asimismo el Sol de los días y la Luna de las noches. Y de ningún modo ha de haber sido otro el asombro de los primeros erradizos que venían desde el Norte, por el borde del continente, y desde el Oeste, por los flujos del océano buscando la estancia deliciosa. ¿Es que podría ser distinta la impresión de la andadura al hacer alto en medio de las espesas hojas, las vertiginosas aguas, las tupidas cumbres y los extraños gritos? Porque si l’alma se arrebuja dentro del pecho cuando los ojos del trashumante contemplan la feracidad y la hermosura del paraje, se reconoce seguir siendo lo de siempre. Como me lo contaba el cabalista de un sueño: «Es que se enmalece a causa de la saliva del nombre. La Tierra Prometida es un lugar callado, sin geografía, sin época». Agregando, mientras se apagaba su voz [ por el alba sería ] que el anhelado lugar sale al paso en cualquier recodo [ como el Mago en las vueltas del camino ] y se mete en la médula, en el olfato, en el paladar, en la retina y en el ánima para hacer del colono a su imagen según la manera de Dios, como se hacen los adobes, los cántaros y las escudillas. Y lo hace con tal arte que pronto, una vez instalado, el colono anda hablando la lengua herbosa habituada al aliento salvaje, al zumbido y chirrido de dípteros y coleópteros, a la lluvia y la sangre, al viento y las babas de la muerte viva, que es un amasijo de colmillo, cuchillo, semilla y sombras, y asombro y espíritus, eclipses y luces y bayas amargas de árboles estériles, los del llamado Desamparo. Pues no de otro modo ha sido la vida por estas tierras. ¿O es que la imagen silvestre en la retina, el pálpito de la sangre excitada, la emoción dilatada en las narices y el zumo verde y rojo en el paladar pudieran ser distintos siendo el eje de la Tierra y la médula de la especie humana los mismísimos? ¿O es que el tiempo, las romerías y los castigos podrían devastar la gracia del Verbo, su don divino? ¡Que ni se piense! «El solar prometido es el lugar innominado que lo halla a uno», me pareció oírle decir al cabalista antes de disiparse en la blancura del alba. Después [ después que ingenio y músculos han levantado los palos, los cueros y los ladrillos ] se toma tinta y se le registra en la crónica, y así sea una mano la que escribe las primeras páginas, es la misma mano del Génesis, porque tampoco de otro modo se asiste humanamente a la virginidad del sitio. Es como si faltara poblar de palabras la nueva morada para que la tierra prometida sea real.
28/05/2007 01:41. Autor: El blog de Harold Durand. #. Tema: Al otro lado del mundo Hay 1 comentario.